El astuto mono Pinochet contra la moneda de los cerdos

Fidel Castro -una nena de no más de doce años- visita Chile en los primeros años setenta, en pleno gobierno de Salvador Allende. Es secuestrado y torturado salvajemente por emisarios norteamericanos -nenas y nenes de la misma edad de Fidel-, quienes telefonean a Allende (otro nene), para hacerle saber que tienen a Fidel como prisionero. Le exigen que renuncie a la presidencia de Chile, como condición para no hacerle nada.

Un grupo de alumnos varones de un colegio secundario, reunidos en asamblea, exigen a las autoridades que la escuela pase a ser mixta. Las negociaciones parecen fracasar.

Se reúne nuevamente la asamblea de estudiantes, quienes se dividen entre moderados y radicales. Se someten las propuestas a votación, y al grito de “queremos mujeres”, se impone la opción revolucionaria: los estudiantes deciden ir a la huelga. Pero el centro de estudiantes cambia de mano. Los tiempos democráticos y asamblearios llegan a su fin. La dictadura se impone. A partir de ahora sólo se debe estudiar. No hay lugar para nada más. Excepto quizás para mirar las piernas velludas del compañero de banco, ya que no habrá jumpers que dejen al descubierto las bellas piernas sin pelo de compañeras adolescentes.

Junto con las líneas narrativas mencionadas, el golpe de estado perpetrado por Augusto Pinochet a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, es recreado y teatralizado por alumnos de escuelas primarias y secundarias, por un grupo de teatro de la Universidad de Chile, y por estudiantes de la Escuela de Derecho de la misma universidad. 

Por si esto fuera poco, otras líneas narrativas que confluyen en el film no hacen más que asombrarnos, no tanto por la relación que guardan con respecto a la fidelidad histórica, sino por cómo se narran las nuevas generaciones la política, las diferencias sociales y los problemas del Chile de hoy.

A modo de simple ejemplo: en una de las tantas recreaciones del golpe, un Augusto Pinochet de no más de diez años, mientras pelea con espadas de juguete tipo “La guerra de las galaxias” contra Allende y los suyos, se hace tiempo para exclamar: “amo matar con la cruz de Cristo”. Asistimos también a una suerte de reality show de baile, en donde Pinochet y Allende, dos nenas de diez años, concursan para ver quién es el ganador.

A más de treinta años del golpe de estado, qué es lo que queda. Qué permanece. Qué se puede rescatar como memoria histórica para las nuevas generaciones de chilenos.

“El astuto mono Pinochet…” es un film en el que la política tradicional es deconstruída radicalmente, quedando totalmente al descubierto. Expuesta en su falsa retórica, su insinceridad, su mala fe. Un film en el que Salvador Allende, desde la visión de algunos chicos de escuela primaria, era un hombre que lo único que quería era construir castillos enormes. Y hambrear a su pueblo.

El problema del poder, y la manipulación que éste trae aparejado, es expuesto crudamente, en grupos de todas las edades, desde los primeros años de la escuela hasta la universidad.

Porque hablar de Pinochet y de Allende, es dar cuenta del Chile de hoy, de las sustanciales diferencias de clase, de la indiferencia, de la pobreza, de la miseria, de la necesidad de repensar la política, de repensarnos, en todo caso, como sujetos políticos.

Y es hablar también, notablemente en el caso de este film, de las condiciones de representación. Cuestionar formas tradicionales, anquilosadas, muertas, de representar el horror y la memoria.

Porque si Pinochet y Allende fueran dos animales salvajes, el primero sería un astuto mono, y el segundo estaría protegiendo la moneda de los cerdos, (o estaría con los cerdos en la moneda), o algo por el estilo, según la versión de uno de los tantos Pinochet que pueblan la película: un nene de no más de diez años, de anteojos, dictatorial, despótico, orgulloso por haber asesinado a Allende, feliz de haberse convertido -por fin- en presidente.

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