Primera semana del Cine Cubano en la Argentina

Circulación de películas latinoamericanas en la apertura democrática. Primera semana del Cine Cubano en la Argentina [1]


[1] La investigación que dio origen a  este artículo, fue realizada en el marco de la Cátedra de Ricardo Manneti  de Historia del Cine Latinoamericano y Argentino de la carrera de Artes Combinadas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Bajo la tutoría del Profesor Pablo Piedras, se trató de reconstruir históricamente la Primera Semana del Cine Cubano en la Argentina. Dicha investigación se presentó en una monografía de la cual participaron, Graciela Boniface, Cora Fairstein y Andrea Magnasco.

 

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"Hasta cierto punto", Tomás Gutierrez Alea

Que las películas latinoamericanas se encuentren con espectadores latinoamericanos en una sala llena, no es fácil ni frecuente en Buenos Aires.
Sin embargo, muchas voluntades han trabajado y trabajan en el continente para que este objetivo se cumpla.
Algunos momentos históricos parecen ser más propicios que otros. A veces el Estado, los productores, los distribuidores y los espectadores logran ponerse de acuerdo, y la compleja tarea parece darse como por arte de magia. Los deseos confluyen en un mismo objeto y el ritual compartido de ver el cine que producimos se convierte en una fiesta.

En 1984, Argentina vivía la euforia de haber derrocado la dictadura militar que gobernó el país desde 1976 a 1983. Manuel Antín comenzaba su gestión al frente del Instituto Nacional de Cine (INC), Edgardo Pallero se arriesgaba en el proyecto de fundar una distribuidora de cine latinoamericano, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos cumplía 25 años (ICAIC) y los habitantes de Buenos Aires estaban ávidos de ver todo aquello que les había sido negado durante tantos años.

En ese contexto, se organiza La primera Semana del Cine Cubano en la Argentina, evento que analizaremos en el presente artículo, tanto desde sus condiciones de producción como de recepción.
Parece en principio, una más de las tantas semanas del cine que se realizaron en 1984. Sin embargo, esta semana reviste particular interés debido a que, por un lado, fue un éxito de público sorprendente (Durante el primer fin de semana de exhibición alcanzó el segundo puesto en la taquilla de las salas centrales de la Ciudad de Buenos Aires) y por el otro porque puede ser pensado como una de de las manifestaciones de un proyecto continental de cineastas argentinos y latinoamericanos surgido en los años 60 y que tuvo múltiples proyecciones hacia el futuro.

La estructura del evento

La Primera Semana de Cine Cubano en la Argentina fue presentada por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), auspiciada por el Instituto Nacional de Cinematografía (INC), y organizada por Cinematográfica de Santa Fe. Estaba planificada para realizarse desde el 30 de agosto al 5 de septiembre de 1984, en el Cine Libertador ubicado en Avenida Corrientes 1334 de la Ciudad de Buenos Aires pero debido al éxito de público y por pedido de la sala, la semana se repitió otros siete días. Diariamente se realizaban 5 funciones donde se proyectaba un cortometraje acompañado de un largo. Los días sábado se agregaba también una función de trasnoche. Las películas que se proyectaron fueron: Mujer ante el espejo de Marisol Trujillo (1983),Hasta cierto punto de Tomás Gutiérrez Alea (1983),Por primera vez de Octavio Cortázar (1967), Se permuta de Juan Carlos Tabío (1984),Mi hermano Fidel de Santiago Álvarez (1977), Los pájaros tirándole a la escopeta de Rolando Díaz (1984),piropo de Luis Felipe Bernaza (1978); Cecilia de Humberto Solás (1982),1 y 2 de Juan Padrón (1980); La última cena de Tomás Gutiérrez Alea (1975),Los dueños del río de Daniel Díaz Torres (1980), Retrato de Teresa de Pastor Vega (1979),Arte del pueblo de Oscar Valdés (1974), El brigadista de Octavio Cortázar (1977).

La muestra contó con la visita de una delegación cubana, integrada por: Pastor Vega, que además de dirigir Retrato de Teresa era el responsable de las relaciones internacionales del ICAIC, Daisy Granados, protagonista de Cecilia y de Retrato de Teresa, Beatriz Valdés actriz de Los pájaros tirándole a la escopeta y Se Permuta y Rolando Díaz, director de Los pájaros tirándole a la escopeta.
El acto inaugural, se realizó en el Cine Libertador. Concurrieron el Embajador cubano Fernando López Muiño, la Agregada Cultural Irma González, Manuel Antín, Director del INC, Ricardo Wullicher, Subdirector del INC, Mario Sábato, Graciela Dufau, Miguel Ángel Solá, Ana María Picchio, Élida Gay Palmer, Miguel De Molina y el Dr. Ernesto Guevara, padre del “Che”, entre otros. El acto se inició con un discurso de Salvador Sammaritano y se anunció que Graciela Dufau sería uno de los jurados del Festival Internacional de Cine de La Habana.

Paralelamente en el Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires, se realizó una muestra de afiches cubanos constituida por 98 piezas.
La semana se repitió en las ciudades de Rosario, Santa Fe, Paraná, Tucumán y Córdoba.

En Buenos Aires, durante la primera semana de exhibición, se registró una asistencia de 16.849 espectadores, lo que posicionó al evento en el quinto lugar de mayor audiencia, detrás de Las colegialas se confiesan, Locademia de policía, Échale la culpa a Río y Darse cuenta. En la segunda semana, el evento se posicionó en veinteavo lugar registrando una asistencia de 7.169 espectadores. Por lo tanto el número total de espectadores que vieron la “Primera Semana del Cine Cubano en la Argentina” en Buenos Aires suma 24.018.

Pensado desde hoy, el hecho de que un ciclo de cine latinoamericano ocupe los primeros puestos de la taquilla resulta casi inverosímil si se tiene en cuenta, a modo de ejemplo, que durante todo el año 2006 la cantidad total de espectadores de filmes latinoamericanos en toda la Argentina asciende a 36.151

Sanando heridas, recreando la cultura, recuperando esperanzas

En 1984 el país se encontraba en plena euforia por la democracia recién recuperada. La dictadura militar que gobernó la nación desde 1976 hasta 1983 había dejado secuelas profundas en todas las esferas de la vida social. La persecución, represión y desaparición de miles de personas, la supresión de las Instituciones constitucionales, el aniquilamiento económico y la Guerra de Malvinas, para señalar solamente algunos aspectos, dejaron un país profundamente devastado.

La esfera cultural en general, y la cinematográfica en particular, por supuesto no salieron ilesas. Las políticas públicas del gobierno militar en relación al cine tuvieron como base la represión y la censura, de las temáticas posibles de ser abordadas. Las listas negras habían sido los patrones que regían qué cine debía hacerse, qué historias debían contarse, y quiénes debían hacerlo. El Ente de Calificación Cinematográfica, (creado en enero de 1969) fue el nombre que usó el Estado represor para llevar adelante esta selección durante el período de gobierno militar. Esta era la situación del campo cinematográfico en diciembre de 1983, cuando Raúl Alfonsín asume la presidencia del país, poniendo fin a la Dictadura. El mundo del cine pasa entonces de ser un espacio de represión y censura, a constituirse en un lugar de libertad y creación, depositario de las esperanzas de una generación de artistas e intelectuales que intentaban comenzar a cerrar las tremendas heridas todavía recientes, y que, a su vez, representaban la ilusión de una sociedad.

El 12 de diciembre de 1983 Manuel Antín asumió como director del Instituto Nacional de Cinematografía (INC), dando inicio a una gestión que dio cuenta, básicamente en sus primeros años, del contagio producido por la euforia democrática. “Una de las primeras medidas del gobierno de Alfonsín fue apoyar el cine como elemento difusor de nuestra historia, de nuestro presente y de nuestro pasado inmediato.” Recordó Antín en una entrevista realizada para la presente investigación. Una línea de la gestión hizo hincapié de manera contundente en la esfera legislativa. La ley 23.052 promulgada por el Congreso de la Nación eliminaba cualquier mecanismo de censura o maniobra represiva. Asimismo, la creación de la Comisión Asesora de Calificación Cinematográfica protegía que las películas no fueran sometidas a recortes para su exhibición, así como también a la minoridad y la privacidad de las personas.

La otra apuesta fuerte desde el INC fue el impulso de políticas crediticias, la búsqueda de medidas económicas para reestablecer la economía de la industria cinematográfica, tomando siempre la vía constitucional como principal motor de acción. Antín sostenía en aquel año: “Estos proyectos de ley, que hemos enviado al Congreso, son: uno, el de la recuperación de los fondos genuinos propios del INC, el otro, la sanción de una ley de deducciones impositivas para quienes inviertan en cine, con el fin de atraer capitales que, de otra forma, no se acercarían. Una vez en marcha, dotaremos al cine con una fuente de oxigenación financiera, inexistente hasta ahora en nuestro país”

La nueva etapa que comenzaba, trajo también cambios radicales en los modos de producción y recepción cinematográficos. Se vivía un clima favorable para la aparición de nuevos cineastas, se multiplicaron la cantidad de filmes realizados por año (en 1983 se realizaron 14 películas, en 1985 se hicieron 52, a modo de ejemplo). Ruby B. Reech sostiene que “La década de 1980 fue un tiempo de optimismo para la revisión y reinvención del Nuevo Cine Latinoamericano de un nuevo modo. La ruptura del tabú y de las prohibiciones, la liberación de la imaginación hacia la fantasía, el respeto por lo terrenal y, cada día, la proliferación del humor y de la música, la construcción de nuevas estrategias narrativas y la consideración de la relación con la audiencia, todo contribuyó con lo que he definido como la monumental faena de forjar una nueva colectividad subjetiva.” (España, 1993: 14). La internacionalización del campo cinematográfico fue prioritaria. La política del INC se manifestaba clara en cuanto al camino a seguir, tanto en lo pertinente a la presencia de cinematografías extranjeras en Argentina, como al impulso del cine nacional en el exterior. Manuel Antín decía por esos años: “Hemos participado en festivales internacionales, hemos vuelto a ser recibidos con respeto y hemos obtenido lauros de importancia, como el Oso de Plata en Berlín, por “No habrá más pena ni olvido”; los que obtuvo “Camila”, en Karlovy Vary (…) estamos organizando semanas en el exterior. En este momento, se está realizando una en Valladolid que no fue organizada por nosotros, pero que, de todos modos, le viene muy bien al cine argentino. En enero, haremos una semana en Madrid; en febrero, una en México; en marzo, una en Nueva York, con intenciones fundamentalmente comerciales, no solamente culturales.”

Las pantallas argentinas se poblaron de películas de diferentes países, acercando por primera vez en muchos casos, filmes que hasta entonces no habían podido verse. Diferentes naciones, idiomas, costumbres e ideologías.

La Primera Semana de Cine Cubano en Argentina se inserta en éste contexto, para Manuel Antín:”Una de las cosas que más tuvo que ver con aquel suceso de la Semana del Cine Cubano fue la desaparición abrupta e inesperada para la gente de la censura, de las listas negras, entonces de repente no solamente el cine cubano, sino también el cine argentino tenia muchísimo mas público que el que tiene ahora y no es porque las películas hayan sido mejores y estas sean peores, sino porque simplemente la sociedad argentina descubrió algo que esperaba desde hacia muchos años, sobre todo la juventud. Y en el cine esto se manifestó. Era un símbolo, de algo absolutamente prohibido e inimaginable que es lo que, me parece, atrajo esta novedad.”

En este sentido, el año 1984 contó 12.201.058 espectadores de películas nacionales, cantidad que no se ha vuelto a alcanzar, por lo menos hasta el año 2004 donde hubo solamente 5.601.357 espectadores de cine nacional. (Getino, 2005: 364).

La esfera artística y cultural argentina, por su parte, también da cuenta de éste fenómeno, no solamente como creadores o participantes de festivales y eventos, sino también vivenciando con entusiasmo las posibilidades que esta apertura les proporcionaba. En este sentido, la actriz Susú Pecoraro, quien en 1984 viajó a diferentes festivales y obtuvo numerosos premios y menciones internacionales por el film Camila de María Luisa Bemberg, recuerda “Vivíamos en el Cosmos, íbamos a ver todas las películas de Nikita Mijalkov. En el mismo año de la democracia empezaron a venir todas. Se abrió un panorama de cine que antes no había. A mi me paso que justo viajé. En Checoslovaquia estaba todavía el régimen Comunista. Llego ahí, y gano ahí. Una película argentina en un pueblo checoslovaco (…) haber ganado en Europa era tremendo. Yo paso inmediatamente a ser parte del mundo, y empiezo a tener contacto con gente que estaba en la misma, en otra parte del mundo. Yo estaba sabiendo lo que pasaba porque estaba yendo a todos los festivales. Por eso, con los cubanos, casi hermandad, porque nos encontrábamos en los otros festivales, nos volvíamos a ver.”

En relación a Cuba, es interesante destacar que en 1984 hubo otro evento de importancia en el ámbito cultural. Los cantantes Silvio Rodríguez y Pablo Milanés presentaron un espectáculo musical en el mes de abril, en el Estadio de Obras Sanitarias, compartiendo el escenario con diferentes músicos argentinos, que en su mayor parte habían sido prohibidos en los años correspondientes a los del gobierno militar (Víctor Heredia, León Gieco, Cuarteto Zupay, entre otros). Este encuentro entre artistas de la música popular cubana y argentina fue visto como otro gesto de apertura hacia el exterior y constituyó un símbolo en los modos de relación con los artistas de la Isla. El compositor y director cinematográfico José Luis Castiñeira de Dios que por esos años estaba volviendo de su exilio en Francia con su grupo Anacrusa rememora: “El recital de Silvio fue un gran éxito. Hubo una reacción afectiva del público, como una adhesión incondicional. Camila es el otro ejemplo notable de la proyección libertaria que tenía el pueblo argentino, y que se orientaba más para el lado de los derechos individuales. Una adhesión a una revolución ideal (…) Vinieron Pablo y Silvio y el público los recibió con aplausos y cariños (…) Después de todo lo que había pasado, lo que la gente quería recuperar era el ejercicio y el goce de sus libertades individuales.”

Una estrecha relación entre dos países

Hasta aquí podría pensarse el evento simplemente como un acierto comercial, en un momento propicio para la recepción de todo aquello que había sido prohibido por la dictadura.

Sin embargo rastreando tras el nombre de “Cinematográfica de Santa Fe S.R L”. que figura como el organizador local tanto en el programa de mano como en las gacetillas del evento, empieza a aparecer una red de contactos y de hechos, más o menos cercanos en el tiempo que permite pensarlo como parte de un proyecto continental que se había gestado a fines de los ´60 y que mantuvo su continuidad, a pesar de las diferentes dictaduras que gobernaron el continente durante los ´70.

Edgardo “Cacho” Pallero, quizás el gran productor del Nuevo Cine Latinoamericano, es el responsable por Cinematográfica de Santa Fé S.R.L

Nació en Santa Fe el 23 de agosto de 1935, y la primera parte de su historia puede reconstruirse fácilmente en sus palabras “Comencé haciendo cine con Fernando Birri en la Escuela de Cine de la Universidad del Litoral de Santa Fe (…) Trabajé los primeros años, hasta 1963 en la Argentina, y los títulos más importantes de películas en los cuales he sido el productor son: Los Inundados (…) Tire Dié (…) La pampa gringa (…) Después me fui a Brasil a fines del 63 porque en Argentina, por una situación general que vivía el país, económica, política y social, no había condiciones objetivas y concretas para continuar trabajando. En Brasil me integré afortunadamente en el movimiento Cinema Novo por una coincidencia de objetivos y de pensamiento de lo que debía ser el cine en Latinoamérica. Produje cuatro documentales: Viramundo (…) Memorias do Cangaço (…) Subterráneos de Fútbol (…) y Escuela de Samba…”

Dolly Pussi, quién fue la compañera de Edgardo Pallero agrega “Ese viaje a Brasil nos abrió una perspectiva hacia América Latina que vislumbrábamos de alguna manera en la Escuela Documental de Santa Fe pero que no habíamos vivido”.

En 1966, regresan tanto Dolly como Cacho y junto con Walter Achúgar , Fernando Breski y Fernando Zupnik crean Renacimiento Films con el objetivo de crear una estructura autónoma independiente de los organismos oficiales para controlar la exhibición y distribución de los filmes latinoamericanos (Lusnich y Piedras ed., 2009: 365). El proyecto fracasó comercialmente sin embargo “La experiencia y el interés por la vinculación latinoamericana como única respuesta a los problemas de los realizadores fue forjando una ideología orgánica a esos fines” Luego Pallero viaja a Europa a través del Plan latinoamericano de Relaciones Culturales y Extensión cinematográfica para establecer lazos entre la “Escuela Documental de Santa Fe” y representantes del documental del viejo continente. Allí se convence y convence a todos de la necesidad de abandonar a los padres europeos. (Lusnich y Piedras ed. 2009).

A su vuelta organiza junto a Delia Berú y los chilenos José Troncoso, Luisa Ferrari y Aldo Francia el mítico “Festival de Viña del Mar de 1967″ , constituyendo este evento como el “Primer encuentro de cineastas Latinoamericanos” (Lusnich y Piedras ed. 2009: 366) Edgardo Pallero fue el Secretario General del encuentro.

Dolly Pussi recuerda “A ese encuentro acude una delegación cubana y la primera vez que vemos material del cine cubano es en ese festival en el año 1967, Alfredo Guevara que era el presidente del ICAIC y algunos otros jóvenes cineastas llevaron películas, llevaron Lucía. Ese fue el primer contacto con Cuba que se estableció de una manera muy fuerte entre todos los latinoamericanos. Su cine a nosotros realmente nos fascinó, no sabíamos que Cuba tenía un nivel tan excelente de cine, porque en ese momento no había ninguna posibilidad de entablar nada con Cuba, había un corte total, desde el punto de vista político y comunicacional. Entonces la Primera Semana del Cine Cubano que hacemos acá tiene como primera relación aquella que se hizo en el ´67 en Viña del Mar.”

Para Alfredo Guevara este Festival “fue un hito decisivo y en su marco se produjo ese instante casi inaprensible mientras vivido y ahora nítido, de la conciencia de sí.” (Guevara, 2003:467).

Este encuentro de cineastas, es entonces el primer antecedente del evento que estudiamos. La relación de Pallero con Cuba, se haría cada vez más fuerte. En 1968 apoya la organización del Festival de Mérida. Y en 1969 volvería a encontrarse con los cubanos, Santiago Álvarez fue el presidente del “Festival de Viña del Mar” y Pallero fue el representante argentino en la mesa directiva y nuevamente el Secretario General (Lusnich y Piedras ed. 2009: 367).

Por esos años viaja a Cuba vía Checoslovaquia porque no se podía ir directo y “hace todo un periplo por la isla conjuntamente con otro compañero uruguayo y traba un conocimiento muy fuerte de la situación en ese país”.

En el breve período de apertura democrática entre las dictaduras que gobernaron el país de 1966 a 1973 y de 1976 a 1983, Santiago Alvaréz viaja a Argentina junto con el presidente cubano Osvaldo Dorticós, para registrar la asunción del presidente Héctor Cámpora, y Cacho Pallero participa de la Segunda Reunión del Comité de Cine del Tercer Mundo realizada en Buenos Aires en 1974. (Mestman, 2002: 236)

El 11 de septiembre de 1974 en un plenario de más de 40 cineastas del continente, reunidos en la ciudad de Caracas se forma el Comité de Cineastas de América Latina (C-CAL) y Pallero formó parte de la Secretaría Ejecutiva (Lusnich y Piedras ed. 2009: 368) En la resolución de creación del C-CAL se asignaban al Comité entre otras tareas fundamentales “Promover la participación del cine latinoamericano en muestras, festivales, encuentros y otras manifestaciones culturales similares, con el objeto de que nuestro cine sea instrumento para el conocimiento integral de nuestra realidad continental”.

Después de esto Edgardo Pallero, afianzó las relaciones entre Cuba y Argentina ya que “en el momento en que empieza a la represión acá empieza llevar a Cuba, películas, para resguardar el cine argentino en un momento en el que los militares estaban destruyendo todo. Lleva todo eso a la cinemateca cubana y entonces la relación entre Cacho Pallero y Cuba se vuelve fuertísima.”

Cuando el pueblo argentino consigue la democracia, Pallero rechazó la propuesta de producir El Exilio de Gardel de la cual se ocupó Dolly Pussi bajo la dirección de Sabina Sigler (Lusnich y Piedras ed. 2009: 369). Él estaba embarcado en el proyecto de conformar una distribuidora tetra-nacional en Brasil, Panamá, México y Argentina. El proyecto era una idea que nace en Cuba con otros cineastas del C-CAL, en México se llamó Zafra Difusión y estuvo a cargo de Jorge Sánchez, en Panamá el golpe militar abortó el proyecto y en Brasil nunca se logró crear. En Argentina, a cargo de Pallero, nació con el nombre de Cinematográfica de Santa Fe S.R.L, que fue finalmente quien organizó La Primera Semana del Cine Cubano en la Argentina.

Pallero le propuso a Julio García Espinosa, que en ese momento era el director del ICAIC, la idea de llevar a cabo esta semana, y luego habla con Antín que estaba al frente del INC en Argentina “como Antín era una persona muy abierta estuvo de acuerdo con el proyecto y brindó su apoyo. El Instituto financió parte de la campaña de prensa, folletos, afiches, publicidad”

Es imposible entonces pensar “La Primera Semana del Cine Cubano en Argentina” desvinculada de las bases ideológicas y políticas en las cuales se apoyó. El evento contaba con la experiencia de una generación de cineastas que sumaban casi dos décadas trabajando conjuntamente y de manera coherente en una dirección, la de apoyar, financiar, promover, distribuir, producir, dirigir y crear nuestro cine latinoamericano.

Al decir de Dolly Pussi “Esta semana del cine cubano, es parte del movimiento de cineastas latinoamericanos, porque es uno de los postulados del C-CAL qué nuestros países puedan ver películas latinoamericanas y no solamente norteamericanas o europeas, en ese momento no se veía nada y además estábamos saliendo de un proceso militar espantoso. Por lo tanto fue uno de los proyectos del comité de cineastas que se concretó en esta distribuidora que lamentablemente después no pudo seguir por motivos financieros”

Múltiples explicaciones de un gran éxito.

El gran éxito obtenido por la semana del cine cubano, es particularmente llamativo si se observan con atención las estadísticas. En el fin de semana que va del 30 de agosto al 2 de Septiembre, el evento quedó segundo atrás de Locademia de Policía con apenas 600 espectadores de diferencia.

Sin embargo, el año 1984 parece ser un momento muy especial, dentro de la historia de la recepción de la cultura. Siguiendo a Octavio Getino, antes del estreno de Camila en ese año (que logró llegar a los dos millones de espectadores) se puso de nuevo en primer plano un “cine de calidad”, anteriormente “las películas más taquilleras de la época habían sido de corte estrictamente comercial. Que linda es mi familia, de Palito Ortega y La playa del amor, de Adolfo Aristarain, en 1980 con más de un millón de espectadores cada una; Los parchis contra el inventor invisible, de Mario Sábato (Adrián Quiroga) en 1981, con alrededor de un millón de espectadores, Los fierecillas indomables, de Enrique Carreras, también con un millón o más de localidades vendidas.” (Getino 2005: 83)

Atendiendo a esto, el éxito de la Primera Semana del Cine Cubano no puede explicarse solamente desde el punto de vista de la “calidad” de las películas. Los pájaros tirándole a la escopeta, resultó la película mas vista de la primera semana de exhibición (si bien hay que tener en cuenta que se exhibió un sábado) y es una sencilla comedia de enredos dirigida por Rolando Díaz y protagonizada por Beatriz Valdéz. Un poco más explicable según este argumento es que haya quedado en segundo lugar la coproducción cubano española Cecilia de Humberto Solás protagonizada por Imanol Arias y Daysi Granados, pero también, podríamos hipotetizar, que a Cecilia la vieron algunos espectadores de los que habían visto Camila, porque en general cuando una película es exitosa, irradia algo de ese éxito a los otros filmes protagonizados por la misma figura, en este caso Imanol Arias.

Haciendo un recorrido por los testimonios de las diferentes personas que se entrevistaron para esta investigación, encontramos diferentes tipos de argumentos. Para Cipe Fridman, productora de cine, teatro y televisión que ha realizado varias producciones en Cuba y en aquel momento mantenía estrechas relaciones con los cineastas y realizadores de la isla “Fue un evento político, no fue exitoso por el cine en si mismo, sino que fue un apoyo a la Revolución Cubana. Podían verse películas malas, pero no importaba, porque se transformaba en un hecho político. Vos ibas y apoyabas a Cuba. Por eso esa semana fue tan exitosa, como el recital de Silvio y Pablo en Abril del 84. No pasaba por la calidad de la expresión artística” en este sentido coincide José Luis Castiñeira de Dios “En el éxito de esta semana hay un apoyo a la Revolución Cubana que esta en el fondo (…) Fue una manera de idealizar algunas aspiraciones de la sociedad argentina que en la experiencia terrenal fueron tan difíciles de vivir que nadie quería volver a pensar en eso, entonces, preferían localizarlas en otro lado y celebrar a aquellos que las realizaron. Y nada más.”

Otros entrevistados ponen el énfasis en el clima de época. Para Dolly Pussi, organizadora del evento, el éxito de la recepción de la semana “tiene que ver, no sólo con el hecho de ver cine cubano, que nunca se había visto, sino con el hecho de que era la apertura a la democracia, entonces en ese momento era una apertura de mentes también. Abrir un poco la cabeza a otras cosas. La gente estaba ávida de ver lo que no le habían dejado ver. Era una cuestión de libertad deseada y creo que esa fue una de las causas del éxito”. En este sentido Graciela Dufau agrega “Era la época en que se decía que Pacho O´ Donell ponía una orquesta en cada esquina y la gente salía a la calle a vivir la cultura. Había mucha avidez por ver películas de Alemania, de todas partes, el cine que no se había visto. Y, sobre todo, se trataba de ver a Cuba”.

El tercer eje tiene que ver con la curiosidad que producía esa isla que había llevado adelante un movimiento político crucial para América Latina, en apariencia tan diferente al resto del continente, admirado y desconocido a la vez. Cuba, entonces se presentaba como un misterio por develar “los cubanos generaban mucha curiosidad. Eran como el símbolo de lo exótico. Yo no había visto un cubano en mi vida, por ejemplo, hasta ese momento. Eran para nosotros pintorescos, y no sabíamos nada de ellos, salvo que habían hecho la Revolución y que estaban bloqueados. Me acuerdo de que Pastor Vega, cuando la semana de cine cubano había quedado segunda atrás de alguna comedia liviana, hacía bromas diciendo que era culpa de las actrices cubanas, que no se querían desnudar.” Recuerda Bucky Butkovic responsable de la prensa del evento. Esta anécdota refleja también que en ese momento la curiosidad estaba puesta en todo lo que antes no se podía ver. El espectador argentino demandó un destape de todos aquellos temas que habían constituido un tabú: política, sexo, etc. En la misma línea Susú Pecoraro, que había conocido a los miembros de la delegación en el festival de Karlovy Vary, agregó “Me acuerdo de los cercanos, de los chicos (Miguel Ángel Solá, Ricardo Darín, Ana María Picchio) de todos encandilados con los cubanos. Uno no se imaginaba como eran, era como conocer Cuba a través del cine, porque lo que hace el cine es que te muestra como es la gente. Me acuerdo que fue un evento fuertísimo, que a la gente le encantó, de los chicos diciendo “qué bueno”. Conocer una manera de ser, como eran los cubanos, era fuerte. (Las películas proyectadas) Eran comedias liviana y eso fue importante porque había una idea de Cuba, de que Cuba era solamente la Revolución”.

En este sentido, varios testimonios reflejan la sorpresa de encontrarse con películas que no contaban la gesta revolucionaria de forma explícita, que no mostraban soldados en combate ni hacían un llamamiento a la liberación de los pueblos latinoamericanos. Dolly Pussi recuerda: “Eran temas (los de las películas) que tenían que ver con la sociedad cubana, entonces a la gente le interesaba saber que pasaba en esa Cuba, de la que hablamos durante tantos años pero de la cuál no se sabía bien, es decir se mostró la sociedad cubana, con sus contradicciones. No eran panfletos políticos las películas, entonces la gente quedó fascinada. Era un cine que hablaba de una realidad, la realidad de Cuba, pero además con crítica y por eso creo que interesó tanto. Había gente que fue con una idea de ver un cine más político, pero igual era un cine político. No era un cine panfletario pero sí era un cine político.”

La mayoría de los entrevistados, recuerda la película Se permuta donde se aborda en tono de comedia el problema de la vivienda en Cuba, la lectura se hace desde el realismo, y se admira la “particular manera que tienen de resolver las cosas los cubanos” (Susú Pecoraro). Además se recuerda el eje del machismo, presente directamente en tres películas de la muestra Hasta cierto punto, Retrato de Teresa y Los pájaros tirándole a la escopeta. Los cubanos fueron vistos como “los últimos románticos pero también con un problema de machismo casi estructural”. (Cipe Fridman)

Entonces, en los discursos de los entrevistados, aparecen varias explicaciones del éxito: El apoyo afectivo del espectador a la Revolución Cubana, la euforia con la que se vivió la democracia conquistada y la necesidad de ver lo que hasta el momento no se podía, además de la curiosidad que producía el pueblo cubano.

En este sentido, coincidimos con Claudio España en el hecho de que cuando se trata de explicar el éxito o el fracaso de una producción cinematográfica hay que buscar la causa, no en la raíz o el contenido o a la forma de la película sino en el espectador (España, 2005:14). El espectador argentino, fue el que recibió con júbilo esta semana, porque yendo al cine saciaba necesidades de las más diversas, desde manifestar un apoyo político, hasta conocer qué era aquello que le había sido prohibido tantos años.

Finalmente, la mirada desde el otro lado de esta trama de Pastor Vega, miembro de la delegación cubana que nos visitó, reconstruye algunas de las impresiones que aparecieron en los testimonios argentinos: “Nos encontramos con un pueblo ávido de conocer nuestra realidad. En general el público argentino es muy informado y sensible ante las mejores manifestaciones del arte. (…) Más allá de la calidad de nuestras películas, lo importante es comprobar el interés de un pueblo por todo lo que nosotros hacemos, por todo lo que Cuba produce en el desarrollo de su Revolución. Yo particularmente viví momentos inolvidables. El amor incondicional hacia la figura del Che Guevara, la admiración hacia Fidel, y el respeto militante por la revolución son sentimientos comprobables que nos llenan de orgullo”.

El futuro, concreciones y fracasos después del evento

La visita de la delegación cubana para la Primera Semana del Cine Cubano en la Argentina, y en especial, la del encargado de Relaciones Internacionales del ICAIC, posibilitó el acercamiento entre el Instituto Nacional de Cine y los representantes de la capital cubana.

Desde el día inmediatamente posterior a la llegada de la delegación se anuncia en los diarios que “Es intención de los visitantes estrechar al máximo la relación con el Instituto Nacional de Cinematografía y con directores y productores. Confían en sentar las tratativas para un próximo convenio de coproducción argentino-cubano, en extensión de los ya hechos por ellos con Venezuela, Nicaragua, Colombia, México y otros países latinoamericanos. Esos afanes se extienden a procurar la mayor participación argentina en la próxima edición del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, del 8 al 18 de diciembre en La Habana. No excluiría ese festival la vehiculización anterior, acaso para el mes de octubre, de una semana argentina, en reciprocidad a esta que ahora se realizará en Buenos Aires”.

De estas intenciones iniciales, algunas se plasmaron con éxito. Efectivamente, se concretó la “Primera Semana del Cine Argentino en La Habana” en octubre de 1984. La selección de películas estuvo a cargo de Manuel Antín atendiendo, por un lado, a mostrar un abanico de posturas ideológicas y por el otro a fomentar el cine nacional de reciente producción.
Respecto de la edición número VI del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, la presencia argentina fue sin dudas importante.
Graciela Dufau, que había ganado en el Festival de 1983 el premio a la mejor actriz por su actuación en el film Volver fue miembro del jurado de la edición de 1984. El cine argentino fue galardonado con 5 premios.

Dijimos anteriormente que el éxito obtenido por las películas cubanas cuando se exhibieron en Argentina, no se debió solamente a la calidad de las películas. En este sentido Osvaldo Getino ha señalado ya que la gran repercusión que han tenido los filmes del año estudiado no “se sustentaba necesariamente en los méritos de los films -al menos no en todos los títulos laureados- sino en razones de política internacional que intentaban brindar a la flamante democracia argentina una asistencia complaciente.” (Getino, 2005: 84)

Por otro lado, las tan anunciadas y esperadas coproducciones argentino-cubanas finalmente no se concretaron Manuel Antín señaló que nunca se llegó a un acuerdo comercial con Cuba conveniente para la Argentina y por eso las coproducciones tan deseadas no se realizaron. .

Sin embargo, se puede observar una breve continuidad en la proyección de películas cubanas en Buenos Aires que posibilitó el éxito de la semana. Edgardo Pallero, invitó a Salvador Sammaritano a la VI edición del festival y allí se gestionó la retrospectiva de Tomás Gutiérrez Alea que se realizó en marzo de 1985 en el Cine Club Núcleo en Buenos Aires y contó con la presencia del reconocido director.

Asimismo también el trabajo realizado en la dirección de promover el cine latinoamericano, y en especial las relaciones entre Cuba y Argentina en este sentido se intensifican después de este evento.
En 1985 se produce un encuentro en la capital cubana, para crear la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL) de la cual fuera presidente Gabriel García Márquez y representantes por Argentina Fernando Birri y Edgardo Pallero. “Una institución para trabajar en aras de la integración del cine regional, de lograr un universo audiovisual común y de cooperar en la lucha por rescatar y afianzar la identidad cultural de América Latina y el Caribe”. La Fundación nace como solución legal al problema que implicaba una Escuela de Cine alojada en Cuba pero que no era cubana sino latinoamericana. Era un proyecto fundente del Comité de cineastas “Una escuela de cine (hoy EICTV) inspirada en la Escuela de Santa Fe que erigiera Fernando Birri. Una escuela de visión ecuménica, pero de carácter integrador: latinoamericano, caribeño, iberoamericano” que se concreta felizmente en 1987 nombrándose como director al argentino Fernando Birri.

La Primera Semana del Cine Cubano en la Argentina entonces, aparece como un acontecimiento bisagra, entre los encuentros de carácter más político y si se quiere más especializado y hasta clandestinos que se llevaron a cabo entre argentinos y cubanos en las décadas del 60 y 70 y los ya institucionalizados encuentros en la Escuela de San Antonio de los Baños. Está sustentada en el pensamiento de que el cine permite conocer la realidad y este es el primer paso para transformarla. Constituyó el primer acercamiento masivo del público argentino al cine que se realizaba en Cuba. Hizo visible una compleja red de relaciones entre cineastas, distribuidores, productores, intelectuales y funcionarios que confluyeron en el renacer de la democracia en la Argentina. Su éxito se apoya en muchas voluntades, en las que lucharon por conseguir la democracia, en la de los funcionarios que derogaron las leyes de la censura, en las voluntades políticas que apoyaron el evento, en las de los cineastas latinoamericanos que aún siguen defendiendo su lugar como realizadores y que trabajan por las generaciones más jóvenes, y finalmente en la voluntad de los espectadores, de participar de la cultura, de conocer lo que era nuevo, de salir de sus casas para formar parte del ritual compartido de ver cine.


 

Agradecemos muy especialmente a Manuel Antín,  Dolly Pussi, José Luis Castiñeira de Dios, Susú Pecoraro, Graciela Dufau, Cipe Fridman y Bucky Butkovic por la amabilidad al brindarnos sus testimonios sin los cuales hubiera sido imposible realizar esta investigación.A Bianca Casagrande por las referencias en la Escuela de San Antonio de los Baños.Al Profesor Ricardo Manetti, por facilitarnos documentos y artículos.Al Profesor Pablo Piedras, por abrirnos generosamente su biblioteca  y guiarnos durante todo el proceso.

 

 

Bibliografía:

España, Claudio, (compilador.)
1994 Cine argentino en democracia 1983- 1993.,Buenos Aires, Fondo Nacional de las artes.

Getino, Octavio.
2005 Cine argentino: entre lo posible y lo deseable. Ediciones Circus. Buenos Aires.

Guevara, Alfredo.
2003. Tiempo de fundación. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana.

Lusnich, Ana Laura y Piedras, Pablo (Editores)
2009 Una historia del cine político y social en Argentina. Formas, estilos y registros (1896-1969), Buenos Aires, Nueva Librería.

Mestman, Mariano
2002 “Entre Argel y Buenos Aires: el Comité de cine del tercer mundo (1973/1974)” en Gerardo Yoel (comp.), Imagen, política y memoria, Buenos Aires, Ed. Libros del Rojas- UBA.

 

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