Ciro Guerra participó en el 24º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en la Competencia Latinoamericana con “Los viajes del viento” (Colombia), habiendo recibido por la misma el premio Ciudad de Roma “Arco Iris Latino”, en el último festival de Cannes.

Alfredo García: Ciro, creo que has podido reflejar acabadamente las raíces de tu país en “Los viajes del viento”, y con solo 28 años…
Ciro Guerra: Es que soy de la región, soy de ahí, la conozco, he crecido allí, y creo que estuve interesado en hacer un reflejo honesto y desde adentro. No estoy observando desde afuera, sino que la película esta contada desde adentro, y trabajando un tema que me fascina, que es desconocido. El cine otorga una buena oportunidad de compartir mundos nuevos para el espectador, y eso es lo que espero que sea (esta película), algo que el espectador no ha visto y creo hace falta (ver)
A.G.: Contanos cómo es esa Colombia que pocos conocen, en la cual se hablan cuatro idiomas distintos.
C.G.: No se hablan cuatro, en Colombia se hablan sesenta y siete idiomas. Es un país muy diverso y rico, y esta película es una mirada al caribe colombiano que tiene mucha variedad, y es el producto de la mezcla de la cultura europea, de la cultura africana y de la cultura indígena nativa. A diferencia de otros países de América Latina, en Colombia existe una mezcla muy profunda, que se expresa por ejemplo de manera mágica en la música. Una música que tiene un instrumento europeo como el acordeón e instrumentos africanos como la caja y el tambor. La música es una parte importante de la vida de los colombianos, acompaña cada momento, desde que uno nace hasta que crece, desde que te enamoras y hasta que mueres, siempre la música está presente. Yo creo que es la llave para entender el alma colombiana.

A.G. ¿Cómo has realizado el trabajo con los actores, especialmente con los protagonistas?
C.G.: Hicimos una convocatoria abierta de acuerdo a la búsqueda de dos personajes que estaban presentes en un guión, en los pueblos de la región. No buscando actores sino gente real, gente que tuviera historias para contar y una relación profunda con la música, porque nos interesaba que eso existiera. Los músicos que se ven en la película son músicos, y la gente es de la región. Respetamos los modismos, la forma de hablar, de hacer, de pensar. Encontramos mucha gente interesante y empezamos a trabajar con ellos para explicarles qué era el cine y cómo era posible que ellos se expresaran a través del cine, expresaran parte de su alma, de su cultura, de su vida, y a partir de eso fuimos acercando a los personajes con las personas reales. Así se fue escribiendo el guión, y también ellos fueron entendiendo lo que iban a interpretar. Fue un enriquecimiento mutuo muy importante y fue un honor trabajar con gente tan importante.
Por ejemplo, Marciano Martínez, que fue un gran descubrimiento, es de hecho un juglar: es un hombre de ascendencia campesina, descubrió la música y la música es como su vida. Es un hombre que ha compuesto más de 300 canciones, ha compuesto los más grandes éxitos de la música colombiana, pero al mismo tiempo mantiene sus raíces campesinas y en general todos los músicos nos aportaron lo mismo. Un buen muchacho vino acompañar a un amigo, y resultó haciendo el casting, revelando un talento impresionante: era Yull Núñez, quien aporto una fuerza que el personaje originariamente no tenía, y él se lo brindó.
A.G.: Hablanos del vallenato, la música mas popular de Colombia, que se ha ido comercializando y ha ido perdiendo su forma original.
C.G.: El vallenato originariamente era una música que surgió de esa mezcla entre el instrumento europeo, como el acordeón, el instrumento africano como la caja y el tambor, y los instrumentos indígenas. Se fusionan y empiezan a expresar el imaginario campesino de esta región. Es una música muy alegre hacia fuera, pero al mismo tiempo profundamente melancólica. Se expresa como una filosofía, una forma de ver el mundo, una relación con el amor, con la naturaleza. Es una música que parte de una relación muy profunda con la naturaleza, que en su forma primigenia se inspiraba en los sonidos de la naturaleza, en los sonidos de los pájaros, en lo sonidos del viento, de los insectos. Es una música que expresa esa relación del hombre con la naturaleza. Por eso filmamos la película en lugares tan abiertos, para que expresara esa relación profunda que existe entre el hombre del Caribe y la naturaleza que lo rodea. La idea era reflejar esta música en su vertiente mas primigenia, pero la película esta ambientada en 1968, donde ocurre un evento que cambia las cosas: el 1º festival del vallenato, que se ve en la película, y a partir de ahí se inicia una nueva etapa que es la comercialización, los discos, las emisoras, las grandes estrellas, los grandes conciertos, la música se transforma profundamente y llega a nuevos públicos y se masifica. Pero lo que queremos rescatar en la película es la música más primigenia.

A.G.: ¿Cuando hablás del “país oculto” a qué te referís?
C.G.: Existe un país que es el creado por los medios de comunicación: el país de la violencia, del terror, del paramilitarismo, del narcotráfico, etc. Un país de conflictos muy profundos, y siento que esos conflictos, esos problemas sociales, se deben en gran parte a un desconocimiento profundo de qué somos nosotros. En Argentina conocen su historia, conocen de dónde vienen, conocen si son inmigrantes, si son italianos, polacos, etc., la gente conoce su historia. En Colombia la gente no conoce sus raíces, su pasado y siento que eso está en las raíces de nuestros problemas sociales. Pero existe otro país, mucho más rico, mucho más profundo, mucho más interesante, más hermoso que ese otro país de los medios de comunicación. Que lo está desplazando la modernidad, lo quiere arrasar, pero creo que algo se quedó ahí, en el tránsito de un país rural a un país urbano, y siento que algo se quedó en ese transito. Y esta película, y también cierto movimiento musical, rescatan esas raíces, son una búsqueda de lo que se quedó en esa transición.
A.G.: ¿Qué tienen de diferente y qué de común “La sombra del caminante” y “Los viajes del viento”?
C.G.: Yo siento que en la superficie, en los aspectos externos, son dos películas opuestas. Una es en blanco y negro y la otra en color. Una es una película muy económica, hecha con las uñas, entre amigos, sin ningún tipo de recursos, sin ningún tipo de apoyo, y la otra es una película con un presupuesto importante, con apoyo. Una es una película urbana, y la otra es una película rural. La primera es una película oscura, y la otra es luminosa. Una es con actores profesionales, y la otra es con actores naturales. Pero esto son aspectos superficiales, en lo profundo son dos películas que se comunican porque son dos películas que hablan de los excluidos de la sociedad colombiana, que hablan de la necesidad del otro, de las relaciones humanas. Son dos películas que tienen muchísimo en común pero por debajo, en el fondo.

A.G.: ¿Cómo considerás al cine colombiano dentro del cine latinoamericano en el marco de la actual repercusión mundial que está logrando?
C.G.: El cine colombiano tiene la ventaja que es de Colombia, y Colombia es un país que no se ha contado, que tiene miles de historias por contarse. Es un país por descubrirse, que la gente no conoce, que ni siquiera nosotros mismos conocemos. Tiene un potencial gigante en la medida que sea capaz de mirar la historia del país y la de su gente. Y si logra desligarse de su relación a nivel de lenguaje con la televisión, y con la búsqueda de lo comercial, y empieza a indagar más profundamente en el alma colombiana.
A.G.: Tengo entendido que es tu idea producir las óperas primas de dos jóvenes colombianos, ¿quiénes son y qué harán?
C.G.: Hicimos una empresa que se llama Ciudad Lunar Producciones, con la que hemos hecho estas dos películas y la idea es un poco brindar la experiencia que se ha recogido en este camino, para apoyar a otra gente que tiene miradas novedosas, interesantes, iluminadoras Colombia.
Estamos por producir “Edificio Royal”, que es la ópera prima de Iván Wild, que es el montajista de estas dos películas, y más adelante queremos producir otra película. Estamos recogiendo los frutos de estas dos películas y esperamos filmar “Edificio Royal” el año próximo.
A.G.: ¿Qué significó haber recibido en el último festival de Cannes el premio Ciudad de Roma “Arco Iris Latino”?
C.G.: La experiencia en Cannes fue muy agradable, fue una experiencia increíble. Que gente de todo el mundo confluya para ver tu película en una sala tan grande, de tanto nivel, con invitados tan ilustres y que la aplaudan durante 10 minutos es un hecho indescriptible. Estábamos con muchos nervios, porque en Cannes a veces abuchean las
películas, por lo que el premio es un reconocimiento agradable, bonito, incluso porque se entrega a una película latina, pero no latinoamericana en el concepto mas amplio, sino en el concepto italiano que expresa la latinidad que va de Rumania y las lenguas romanzas y hasta América Latina. Fue un premio que se entrego con mucha sinceridad y con muchas motivaciones, muy conmovedoras para mí.
A.G.: ¿Creés que existe un cine latinoamericano?
C.G.: Si, y creo que inclusive en la negación existe, cuando tratamos de decir que no existe una posición latinoamericana. A diferencia de Europa y Estados Unidos donde todo está contado, y donde lo único que les queda por hacer es fagocitar su propia tradición, nosotros tenemos todo por hacer, todo por descubrir y siento que el cine es una herramienta en la construcción de nuestra identidad. Tenemos que hacer nuestros grandes clásicos de cine, los tenemos por delante. Latinoamérica es un continente lleno de esperanza y siento que lo mejor esta por venir.