A Mar del Plata en alpargatas

Reflexiones sobre un festival de cine en peligro de extinción

por Cynthia Sabat

Mar del Plata es una ciudad extraña, donde conviven lo bello y lo bizarro. La imponente arquitectura de la Rambla, del Casino y del resucitado Hotel Provincial contrasta violentamente con las señoras pasadas de sol y kilos buscando almejas, o la feria de productos ilegales que se instaló a pasos de la Bristol, y que no tiene nada que envidiarle a La Salada. El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, aquel que en los años 50s nació como una glamorosa muestra de cine, refleja de alguna manera esta curiosa naturaleza. Algunos recuerdan todavía la Era Maharbiz, cuya impronta menemista tuvo al despilfarro como insignia, y a Gérard Depardieu, Gina Lollobrigida y Maria Grazia Cucinotta como estrellas invitadas, a un precio demasiado alto. Pero también exquisitos directores de bajo perfil pasaron por Mar del Plata; basta nombrar a un Abbas Kiarostami, a un Olivier Assayas, a un Volker Schlöndorff, o a un Bruno Dumont. Incluso Abel Ferrara, Michael Winterbotton, Juliette Binoche, Susan Sarandon y Tim Robbins coincidieron en 2006, en una misma (memorable) edición.

 mar_del_plata_2

La 24º edición del festival, que se realizó del 7 al 15 de noviembre, dejó en claro que hoy el evento está muy lejos de esa imagen glamorosa e internacional. El cambio de rumbo no se dio de un día para otro, pero es inevitable pensar que Mar del Plata se encuentra en un momento decisivo de su historia: debe encontrar su propio perfil dentro del nuevo panorama de festivales locales (con Bafici y el flamante mercado Ventana Sur en alza). De otro modo quedaría expuesto a su posible desaparición.

La austeridad fue el signo de la última edición. Podría decirse que Mar del Plata se achicó para sobrevivir. Las razones son económicas y políticas, pero sobretodo políticas. No era difícil imaginar que la crisis internacional y la desventaja del peso frente al euro y al dólar, haría muy difícil la realización de un evento de la talla de Mar del Plata. Pero la decisión política del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) de acotar su apoyo económico a la Muestra, y sumar a los gobiernos provinciales y municipales como socios, ya estaba tomada desde el año pasado, cuando su Presidenta, Liliana Mazure, lo anunció en conferencia de prensa al finalizar la 23º edición.

Mar del Plata tomó algunas decisiones para no morir en el intento: redujo su staff de programadores; acotó la selección de películas (a 220, entre largos y cortos); redujo la duración del festival (tuvo dos días menos), y eliminó el tradicional Diario del festival. Además redujo al mínimo la cantidad de invitados internacionales, y (en un gesto muy objetable) eliminó la fiesta de apertura y cierre, e incluso la película de clausura anunciada (Taking Woodstock, de Ang Lee).

¿Cuál es el peligro de esta reducción radical? El Festival de Cine de Mar del Plata es un festival Categoría A, calificación que otorga la FIAPF, (la entidad internacional que regula los festivales de cine), y que lo emparenta a eventos del calibre de Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián. Mar del Plata es el único festival Clase A de la región, pero podría perder esa calificación si no cumple ciertos requisitos.

Frente al difícil panorama, el director del festival, José Martínez Suárez, aportó su inteligencia, su gusto y su carácter para remontar la edición y resolver el ajuste con ideas. La elección de la película de apertura, A serious man, lo nuevo de los Hermanos Coen, fue sin dudas uno de los aciertos. Pero varias secciones tuvieron como eje el cine masivo, en desmedro del cine hermético, radical y experimental, ese que suelen buscar los cinéfilos de la rama dura. Secciones como A sala llena (que concentró al cine nacional más taquillero, con la infaltable El secreto de sus ojos de Juan José Campanella) estuvieron destinadas a agotar funciones y a acercar a un público menos festivaleros al evento. Además la sección 3D reunió a películas como Up, Bolt y Boogie el aceitoso en una flamante sala digital 3D.

¿Qué nos quedó a los cinéfilos que año a año vamos a buscar descubrimientos, perlas, hallazgos? A algunos, el perfil del festival nos hizo extrañar tiempos pasados y no muy lejanos, en los que la sección Heterodoxia, Cerca de lo oscuro, e incluso Ventana documental nos deparaba rarezas, films radicales e independientes, que no tendrían ni por asomo un estreno comercial. Este año el porcentaje de films que ya contaban con distribución asegurada en la Argentina fue considerablemente mayor.

Mar del Plata cumplirá en 2010, año del Bicentenario, sus 25 años, sus Bodas de Plata. ¿Cuál es el futuro que le espera? Es difícil decirlo hoy, pero lo que sí es cierto, es que este Festival cuenta con una historia de 60 años en los que al igual que el país sufrió todo tipo de vaivenes políticos y económicos, de los que hasta hoy logró sobrevivir. Si desaparece, desaparecerá con él una parte importante de nuestra historia cultural, y habremos dado un paso más en arrojar al olvido la Historia. Parece contradictorio temer su desaparición justamente en el año del Bicentenario. Pero Mar del Plata ha perdido todo interés de la industria del cine y, más peligroso aún para su destino, es que ha perdido todo interés institucional y político por parte del gobierno, que durante años lo consideró una plataforma de anuncios estratégica y un bastión cultural de gran importancia. Ayer nomás la Presidenta Cristina Kirchner se hacía presente en el Festival para premiar la trayectoria de figuras emblemáticas como Pino Solanas, Gustavo Santaolalla y Leonardo Favio.

Escuela de cine para algunos, evento decadente y poco fashion para otros, Mar del Plata tiene en sus manos (¿o no?) su propio destino. Algunos esperamos que lo encuentre, para volver otra vez a La feliz en busca de buenas dosis de cine. Aunque sea en alpargatas.

 

Nota publicada en http://habiaunavezunachica.blogspot.com, reproducida con autorización de la autora.

Tags:
blog comments powered by Disqus