Cinco días sin Nora, una película de choques

La ópera prima de Mariana Chenillo pareciera ser la combinación de dos elementos. Por un lado, la inserción de tradiciones judaicas al cine, tan cercano al Daniel Burman de Esperando al Mesías o a El año que mis padres se fueron de vacaciones del brasileño Cao Hamburger. Por el otro, una forma de afrontar la muerte tal como lo hizo la serie Six Feet Under (de hecho, el afiche de éste film posee reminiscencias a la gráfica de la serie). Esto no significa un mal augurio, sino todo lo contrario.

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Nora ha logrado, luego de quince intentos, suicidarse. Su suicidio no ha sido repentino ni abrupto, sino perfectamente pensado. Ha elegido las condiciones precisas para su muerte a fin de lograr su cometido: reunir a su familia. De este modo, la fiesta de Pésaj, la Pascua judía, sirve de marco para contextualizar el relato de Chenillo. Sabiendo, concienzudamente, que por cuestiones religiosas no podrá ser enterrada hasta cinco días después, Nora ha preparado el terreno para los choques, para los enfrentamientos como también para las indagaciones y las reconciliaciones. Es así como la película celebra la vida; es decir, los ritos mortuorios no son para el fallecido sino para sus deudos y eso, claramente, es lo que logra explorar y explotar este film.

Nora ha dejado todo preparado para después de su muerte, sabe cómo terminará la película: ha dejado indicaciones y cartas para todos como también pistas e indicios para que José, su ex marido, pueda seguir amando a su ex-esposa. Entonces, lo que podría ser un cliché, es terreno de indagación, los personajes van cobrando fuerza y caracterización a medida que el relato avanza.

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José, por ejemplo, odia tanto a su ex-mujer que se fue a vivir en el edificio de enfrente para así poder espiarla – como también ser espiado por ella; su nihilismo y ateísmo será el que provocará las tensiones y choques, primero con el Rabino Jacowitz, en torno a los ritos judaicos, y luego con su hijo, quien está de viaje y tardará en llegar. Pero todo esto ya Nora lo sabía, y es una lástima que no pueda ver cómo su plan se lleva a la perfección.

Es en los matices de los personajes donde la película va creciendo y avanzando, y los choques, encuentros y desencuentros no acaban con José y la comunidad judía. Moisés, un religioso convertido que ha quedado a cargo del cuerpo de Nora, entabla una culinaria relación con Fabiana, empleada doméstica y cocinera de Nora, proponiendo así un ameno diálogo interreligioso.

La llegada de la Tia Leah resulta ser la máxima expresión del estilo de la película: todo el film es coqueteo de géneros, no en un sentido rústico, sino que oscila entre la tragedia, el humor negro y el melodrama sin desbordarse. Estos movimientos se desprenden de la lógica misma de la trama, jamás desentonando en el discurrir del relato.

Es así, entonces, que el film, con su sólida estructura nos va presentando las contradicciones no sólo de las religiones sino también de la propia familia, las cosas no dichas, los deseos insatisfechos. Apelando a un estilo más bien clásico en su realización, dónde quizá los flashbacks interrumpen un fluido desarrollo, podríamos decir que en Cinco días sin Nora predomina un sólido guión por sobre la realización, eso, desde ya, no le quita brillo.

A medida que avanza el film, a medida que José indaga sobre su ex esposa, acarreando así a todos los personajes a transformaciones íntimas, comprendemos el desesperado intento de Nora de unir a su familia. Sólo con la muerte de su mujer, José comprenderá quién fue realmente ella.

No sabemos si el deseo de Nora perdurará en el tiempo. En principio ha logrado su cometido. A pesar de ser una situación trágica, de duelo, la familia la vive con alegría y regocijo. La muerte sirve, entonces, como celebración de la vida.

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    me guhtaria verla wey

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    y yo igual

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  • Elda

    Soy de Uruguay, me encantó la película, disfruté mucho con ella.

  • Lucia Morcos Casalino

    Judíos que comían comida palestina. Los zapallitos rellenos, las hojas de parra, el kibbe, son platos típicos de Palestina, platos árabes, no “judíos”.

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