Eduardo Coutinho (primera parte)

Presentamos, en el tercer especial de Tierra en Trance, a Eduardo Coutinho, un cineasta que se ocupa en sus trabajos de las aspiraciones y los problemas de las mayorías anónimas y marginales de su país. Impulsor de una variante latinoamericana del documental que podríamos denominar “cine de conversación”, Coutinho establece estrategias de realización particulares que, sin embargo, no se convierten en un dogma inalterable sino en posibles guías a seguir y profundizar en los trabajos posteriores; o a dejar de lado si las circunstancias (geográficas, temporales, de financiamiento) así lo exigen.

 eduardo-coutinho

Coutinho nació en San Pablo, Brasil, en 1933. Su primer contacto con el cine fue en 1954 en un seminario, pero desde ese año y hasta 1957 fue editor de la revista Visão. Luego partió a estudiar cine en el Institut des Hantes Études Cinématographiques (IDHEC) de París. Colaboró en el guión o en la producción de importantes películas dirigidas por Leon Hirzsman (A Falecida, Garota de Ipanema), Eduardo Escorel (Lição de Amor), Bruno Barreto (Dona Flor e seus dois maridos) y Zelito Viana (Os Condenados). Además de su trayectoria en cine, tiene formación en derecho, teatro y periodismo.

En 1975 Coutinho se integra al equipo del Globo Reporter, donde permaneció durante nueve años. Según el propio director, fue una gran escuela que lo convenció a decidirse por el cine documental. Antes de esto, era esencialmente un cineasta de ficción sin experiencia alguna en el campo documental. En el equipo de Globo Reporter, Coutinho aprendió a conversar con las personas, y a filmar en cualquier circunstancia. 

A pesar de la censura, el equipo (integrado también por Paulo Gil Soares, João Batista de Andrade, Jorge Bodansky y Oswaldo Caldeira, entre otros) consiguió tratar con profundidad numerosos temas. A esta etapa pertenecen documentales de Coutinho como Seis Dias em Ouricuri (sobre la sequía y los difíciles trabajos en el sertón), O Pistoleiro de Serra Talhada (sobre bandolerismo en el nordeste), O Imperador do Sertão (sobre el coronel Teodorico Bezerra) y  O Menino de Brodósqui (sobre el pintor Cándido Portinari). 

En su trabajo para la televisión, el director no podía aparecer en la imagen y mucho menos el equipo de filmación, principios televisivos de esos años que Coutinho abandonó en su trabajo posterior: revelar la presencia del equipo en la imagen, dejar claras las condiciones de producción de las películas y explicitar el dispositivo de filmación se volvió una constante en su trabajo posterior.

Mientras trabajaba en televisión, realizó Hombre marcado para morir (1984), documental muy bien valorado por la crítica internacional, que obtuvo numerosos premios. Después de este éxito, Coutinho, con 50 años cumplidos,  renunció a TV Globo para dedicarse a la producción de documentales en video, además de realizar guiones para series de TV Manchete como 90 Anos de Cinema Brasileiro y Caminhos da Sobrevivência. El mismo Coutinho señala a Hombre marcado para morir como su verdadero inicio en la carrera documental.

Cómo ya hemos hecho en nuestros especiales anteriores (Santiago Alvarez y Jorge Sanjinés), proponemos a continuación una serie de ensayos, reseñas, reflexiones y entrevistas que intentarán abordar el trabajo de Eduardo Coutinho desde diversas perspectivas:

 

El cine de conversación. La restitución de la palabra y el cuerpo del otro en los documentales de Eduardo Coutinho (Pablo Russo)

Peón. Sobre Peoes de Eduardo Coutinho (María Florencia Reyes Santiago)

Santa Marta. Fragmentos de un lugar (Diego Ezequiel Litvinoff)

¿Habrá leído Eduardo Coutinho a Georges Perec? (Lior Zylberman)

La esperanza es una palabra conservadora. Master Class de Eduardo Coutinho (Pablo Russo)

blog comments powered by Disqus