Lula, o filho do Brasil (una charla virtual con Eduardo Escorel)

La película Lula, o filho do Brasil recorre la vida del actual Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva desde su nacimiento en 1945 en la ciudad de Caetés, provincia de Perrnambuco,  hasta su encarcelamiento y la muerte de su madre en 1980. La película tiene como telón de fondo las miserias sociales y psicológicas a las cuales estaban sometidos los migrantes del nordeste del país que se dirigían a la provincia de San Pablo buscando mejorar sus condiciones de vida. Desde este fondo se destaca la figura de una mujer fuerte, decidida a pelear la vida y extremamente amorosa con sus hijos, y con un hijo en especial que es Lula. Sería a partir de esa relación con la madre, que se contrapone en todos sentidos con la relación que tuvo con su padre, que Lula construiría su carrera profesional y sus relaciones afectivas. Influenciado además por su hermano Frei Chico, Lula empieza a frecuentar las reuniones del Sindicado de los Metalúrgicos del ABC paulista, del cual se hace Presidente a partir de 1975. Todavía bajo la dictadura militar, que finalmente lo lleva a la cárcel en 1980, Lula conduce en fines de los años 1970 un movimiento político huelguista que quedaría para la historia del país y a partir de entonces ingresa definitivamente a la vida política.

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Reseñar la película Lula, o filho do Brasil terminó revelándose mucho más difícil de lo que yo me hubiera imaginado. Como señaló el cineasta Eduardo Escorel[1], mucho antes que entrara en cartelera el primero de enero de este año, la película dirigida por Fábio Barreto y producida por Lucy y Luis Carlos Barreto se volvió en Brasil un evento cinematográfico. Hubo dos razones para eso. La primera es que de hecho la película tuvo un presupuesto para su producción y publicidad que raramente se ve en Brasil, de dieciséis millones de reales. La segunda razón tiene que ver con la política. Al tratar de la vida de un Presidente todavía a cargo del país y que llega al final de su mandato con más de setenta por ciento de evaluación positiva y un reconocimiento internacional el cual no estamos acostumbrados, la película tuvo una recepción muy negativa por parte de los partidos de oposición al gobierno y que la tomaron como propaganda política de vista a las próximas elecciones presidenciales del 2010 (un conocido semanario brasileño considerado tradicionalmente de derecha – la revista Veja[2] – afirmó, por ejemplo, que la más grande emisora de televisión de Brasil, la Rede Globo, habría adquirido el derecho de exhibición de la película en cadena nacional luego que esta saliera en formato dvd el primero de mayo de 2010: una clara muestra de publicidad populista que entremezclaría intereses públicos y privados).

Tomando en cuenta el afecto personal que tengo hacia el personaje principal de la película, se me ocurrió que valía la pena recurrir aquí a los comentarios del cineasta Eduardo Escorel[3] – escritos, en mi opinión, sin ira et studio – con la intención de escapar ilesa de eso que se volvió en Brasil no solamente un evento, sino de hecho una polémica político-cinematográfica. El tema es que Lula, o filho do Brasil pareciera haber logrado disgustar a griegos y troyanos. Por un lado, todos aquellos que como demócratas y social-demócratas[4] esperan una oportunidad cualquiera para criticar al Presidente encontraron en la película una buena ocasión para hacerlo. Y eso es comprensible. Rescatemos una vez más a Escorel: al ver la película es difícil evitar la frustración delante de un Lula presentado de manera totalmente idealizada desde su nacimiento hasta el conocido episodio del entierro de su madre en 1980. La película está basada en el libro homónimo de Denise Paraná, que también firma el guión, pero del libro guarda solamente las peripecias biográficas del Presidente anteriores al surgimiento del Partido de los Trabajadores. La carrera política de Lula en los años 1980, sus intentos de llegar a la Presidencia, su gobierno y encima todo lo que desde siempre dice respeto al Partido no son considerados quizá, como lo sugiere Escorel, porque tratarlos seguramente impondría meterse en cuestiones todavía demasiado sensibles. La gran dificultad, desde mi perspectiva, empero, es que al despojar al personaje de Lula de todas las contradicciones que hacen a cualquier personaje moderno real la película presenta una narrativa hagiográfica que parece servir efectivamente a la construcción de un mito político como quiere la oposición.

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Para aquellos que ya vieron la película o que todavía la van a ver vale la pena referirnos al conjunto de escenas que retratan el esfuerzo de Doña Lindu, la madre de Lula, para que el hijo siga frecuentando a la escuela. Para su esposo, el padre de Lula, que es un migrante endurecido por la vida, violento con la familia y generalmente alcoholizado, el estudio era sinónimo de vagabundaje. El episodio se inicia con la llegada a la casa de la familia de la profesora de Lula y se cierra con el enfrentamiento entre el padre y el hijo, entre un hombre adulto brutalizado y un niño inteligente y sensible dispuesto a defender a la madre de la violencia paterna. A su vez, la profesora había ido allí con la intención de ofrecer al pequeño dueño de un excelente boletín escolar la oportunidad de tener mejores condiciones de vida y de estudio, o sea, con la intención de adoptarlo. El poco plausible diálogo entre el padre y el hijo (- No pegue a la madre!Por qué no la puedo pegar?Porque un hombre no pega a una mujer!) tiene sentido solamente cuando tomado en conjunto con el diálogo que lo antecede inmediatamente, entre la madre y la profesora (- Yo quisiera darle un futuro, quisiera hacer con que sea alguien, dice la profesora. – Joder, pero si él ya es alguien. Él es Luiz Inácio, mi hijo, dice la madre). Desde niño, Lula ya es Lula. Lula es inteligente, es justo, es sensible y es valiente. De hecho, Lula ya es Lula desde que nació, como si su destino hubiera sido trazado proféticamente desde la boca de la excelente actriz Glória Pires, la madre que lo alza al cielo y dice: – Vas a llamarte Luiz Inácio.

Así que se trata de una situación sencilla: para todos aquellos predispuestos a la crítica política, Lula, o filho do Brasil les surgió como una oportunidad impar. Al contrario, para todos los otros que creen que la biografía del actual Presidente daría para muchas buenas películas el film resultó decepcionante. Estando totalmente de acuerdo con los comentarios ya formulados por el cineasta brasileño Eduardo Escorel, yo terminaría aquí mis comentarios si no creyera que les falta, sin embargo, algo que no tiene que ver ni con la crítica política, ni tampoco con la crítica cinematográfica.

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Luego de ver la película por primera vez, volví a mi casa con ganas de rever al documental ABC da Greve, realizado por el documentalista brasileño Leon Hirsztman en tanto laboratorio para la producción de la película Eles não usam Black-tie. El documental es un retrato del movimiento operario en el ABC paulista durante aquellos tumultuosos años de fines de los años 1970 y le sirve a Lula, o filho do Brasil como material de archivo para mostrar las terribles condiciones de trabajo y vivienda de los operarios y su reacción ante esa situación. Sin embargo, y quizá lo más interesante del documental es que él habla de la fuerza que asumió la palabra de Lula en aquél contexto. Desde este punto de vista, la película no es más que la representación ficcional de esta historia.

Por casualidad, la primera vez que fue a ver Lula, o filho do Brasil, había ido al cine con mis padres, militantes de los años heroicos del PT como ellos suelen decir. Y me quedé impresionada con el hecho de que ellos se hubieran emocionado tanto con una película que a mi me pareció decepcionante. Recuerdo ahora un comentario de mi madre que decía que dentro del PT todos se peleaban entre todos, pero que, al final, estaba la palabra de Lula. Y recuerdo también las manifestaciones populares previas a las elecciones de 1989 cuando aun que fuese por algunas pocas horas creíamos que éramos la mayoría y que ganaríamos. Una vez más estaba la palabra de Lula. Estoy segura que les puede sonar cursi. Estoy segura que la palabra de Lula a lo mejor no signifique más lo que significaba. Pero a esa altura no creo que un mito se construya gratuitamente. Debido a todo eso terminé por concluir que si Lula, o filho do Brasil no es una buena película, Luiz Inácio Lula da Silva sigue y va a seguir siendo un personaje deslumbrante y emocionante. Este personaje efectivamente sirve a la construcción de un mito político (y quizá a la de muchos mitos políticos) porque, más allá de todo, tiene mucho de mítico.


[1] Eduardo Escorel es cineasta y da clases en la Escuela de Cine de la Fundación Getúlio Vargas, en Río de Janeiro. Escribe y mantiene un blog sobre cine para la revista Piauí, editada por João Moreira Salles.

[2] Ver la revista Veja, edición 2140, de 25 de noviembre de 2009 (con el siguiente título de tapa: Lula, o mito, a fita e os fatos (Lula, el mito, la cinta y los hechos).

[3] Me refiero aquí a los comentarios de Escorel publicados en su blog Questões Cinematográficas (www.revistapiaui.com.br/blog/questoes_cinematograficas), em 4/1/2010 (Lula – o filme do produtor), 29/12/2009 (Lula – questões preliminares II) e 23/12/2009 (Lula – questões preliminares);

[4] Adeptos de los partidos DEM y PSDB.

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