Entrevista a Orlando Senna: quien no sea productor audiovisual en este siglo, no tendrá un lugar al sol

Esta conversación con Orlando Senna tuvo lugar hace ya varios meses atrás, en una tarde caribeña, al día siguiente de la presentación del teórico del cine brasileño en una conferencia durante el X Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez in Memoriam. El ex director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, y ex jefe de la Secretaría de Audiovisual del Ministerio de Cultura de Brasil (el cargo más alto en el área de cine del gobierno de Lula Da Silva), nos recibió en el lobby de su hotel, a pocas cuadras del la Ciudad escolar 26 de julio, también conocida como Cuartel Moncada. El hombre que nos ocupa, nacido en Bahía en el año 1940, trabajó como periodista, director, guionista y productor de cine documental y de ficción, así también como dramaturgo, editor de libros y productor de shows musicales. Sus películas han recibido premios en los más variados festivales internacionales, como también su trabajo para televisión. Senna es miembro del Consejo Superior de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, y uno de los referentes más importantes a la hora de pensar las transformaciones tecnológicas y su relación con las cinematografías nacionales y las políticas estatales*.  Sobre esto versó nuestra charla.

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¿Cuál sería el rol del Estado en relación a los cambios que se está dando en el audiovisual?

Primero hay que considerar que todas las cinematografías nacionales tuvieron o tienen una presencia muy fuerte del Estado como sponsor, o sea como fuente de recursos. Esto es así hasta ahora y no hay como salirse de eso. Al día de hoy sigue siendo la de los Estados Unidos la gran cinematografía. En 1932, el presidente Franklin Roosevelt, en su famoso discurso en el Congreso, dijo “a donde vayan nuestras películas irán nuestras mercancías”, famosa definición de para qué serviría el cine a los Estados Unidos. En ese momento despegó la industria de Hollywood con millones y millones de dólares. Incluso el cine francés está mantenido por el Estado, no es una cuestión de los países emergentes o en desarrollo. La presencia del Estado es una realidad muy fuerte y constante, y creo que no vamos a salirnos de eso aunque haya mucha mitología sobre alcanzar la auto-sustentabilidad del cine en Brasil y en la Argentina. El Estado tiene que estar presente cuando se discute, como ahora, su papel en la administración de los bienes, de los recursos, pero también su presencia en la organización social de las actividades industriales, de las actividades artísticas. Vivimos la década de los noventa en la que el mercado era el Señor de las cosas, y ahora hasta los grandes países industriales se dan cuenta, con la crisis actual, que el Estado debe tener una presencia más grande que la que tuvo en los últimos 15 años.

Lo segundo tiene que ver con la cuestión de encontrar un canon o cánones, o sea algún tipo de referencial para la enorme producción visual que está aconteciendo, y cuya tendencia es crecer cada vez más. Si es que eso es necesario, no creo que le corresponda al Estado desempeñar ese rol, porque es algo que va más allá del papel del Estado: decir lo que la gente tiene que ver. Creo que esta nueva etapa es de verdad la segunda fase de la historia del audiovisual, porque el cambio que estamos viviendo ahora es muy radical. El cine fue cambiando durante un siglo, pero fue cambiando dentro de su matriz tecnológica, que era la matriz fotográfica, la matriz química, y si hubo avances en el cine (sonido, color, etc.), siempre fue dentro de este paradigma tecnológico de la química. Ahora lo que cambió es precisamente eso, ya no es un cine químico, es un cine digital. Es otra cosa, es un cine electrónico. Imagínate que tendremos que pensar en muy poco tiempo en la realidad virtual, en la interactividad, cosas muy nuevas para nosotros. Si las alteraciones mentales, sentimentales, emocionales, que guiaban nuestra relación con el cine son las mismas, yo no se si tendremos que tener cánones. Tal vez los cánones desaparezcan para dar lugar a los cánones personales, no de críticos, de grupos productores o de gente poderosa que digan “estas son las películas que ustedes van  a ver”. Tal vez no, tal vez no tengamos que tener más ese tipo de ordenación canónica. Tal vez sea otro tipo de relación la que estemos empezando a vivir.

Usted marca todos estos cambios como positivos, pero algunos los ven con mucha desconfianza, sobre todo debido a la brecha tecnológica que separa no solo a los países Latinoamericanos de los países desarrollados, sino hacia dentro de cada uno de estos países.

Creo que una posición crítica ante cualquier cosa nueva es necesaria, pero una cosa es tener una visión crítica de lo que está pasando y otra es partir de la base de esta crítica para tener una visión pesimista. Nosotros, la gente del cine, perdimos la oportunidad a principios de los años sesenta de tener a la televisión a nuestro lado. Sencillamente dijimos “la televisión es muy mala, la televisión es un arte menor, la televisión no responde a nuestros intereses artísticos”. Por eso la gente de la radio y la publicidad se adueñaron de ella, y ahora estamos nosotros, la gente del cine que hace cincuenta años decíamos que la televisión no servía, buscando desesperadamente acercarnos a ella a través de la tv pública. Tenemos que tener mucho cuidado, está pasando lo mismo con las nuevas tecnologías: hay una desconfianza evidente por parte de gente mayor, que no me parece personalmente muy adecuada ni provechosa. No se porque temerle a Internet, por ejemplo. Si es o no controlada. El cine siempre fue controlado, hasta que lógicamente a mediados del siglo pasado los pueblos de abajo del Ecuador, los pueblos emergentes, le robaron el fuego sagrado de los dioses al poder hacer cine. En los años veinte, para hacer cine en Brasil había que tener autorización de los Estados Unidos o de Francia. Ahora está pasando lo mismo, no se incluso  porqué la gente mas progresista no consigue ver en Internet lo mismo. Para (Mijail) Bakunin y sus ideas anarquistas, el mundo será mejor si vence la anarquía, si la sociedad administra y controla sus propios medios de comunicación, sus propios movimientos. Eso pasa en Internet: es el sueño de Bakunin, el sueño de un deseo de anarquía, en el buen sentido, de anarquía política. Yo veo en eso algo maravilloso y no le tengo ningún miedo. Además, el hecho de tener tanto miedo hace que no actuemos o actuemos poco. Ningún medio es bueno o malo, todos los medios son buenos o son malos por igual. El medio no tiene el valor, es el ser humano que hace la caracterización.

Usted estaba hablando de la posibilidad de cánones personales…

Claro, porque ¿cómo crear cánones para la producción de un millón de películas al año, como vamos a tener en poco tiempo? Con toda la gente filmando, todos los jóvenes filmando, ¿cómo crear cánones para eso?

Hay mucha gente filmando por nuevas tecnologías, pero ¿cuáles son las películas más vistas? Siguen siendo las películas construidas en términos de representación del mismo modo que antes. Es decir, puede haber más gente filmando pero no necesariamente más experimentación. Esos cánones personales quizás no brinden posibilidad de discutir profundamente ese otro canon impuesto y hegemónico sobre una cierta narratividad, sobre un cierto modo de ver.

Ese canon hegemónico no tenemos que discutirlo, simplemente desaparecerá. Los parámetros, posicionamientos que se debían al audiovisual químico y hegemónico bajo un control de algunos países en el siglo veinte, no me parece que sirvan para analizar lo que está pasando. Siempre hay un olor muy culturalista en los análisis que se hacen para el futuro. Es decir, estuvimos analizando lo que puede pasar en el futuro inmediato a partir de ideas, de posicionamientos, de cánones del pasado. No sirven para una nueva realidad.

Hay una especie de reflujo de pensar el Estado, por ejemplo, en término de esta crisis contemporánea. Ver al Estado de manera diferente. También puede haber un reflujo de cierta idea de un parámetro que regule no en términos artísticos. Quizás hay ciertos retornos de parámetros dúctiles y flexibles.

No creo que sea la vuelta del Estado, sino un papel del Estado más adecuado a la nueva era. El Estado tiene la responsabilidad de ser más fuerte de lo que es hoy en la defensa de las cinematografías nacionales. Será muy importante para cada país ser productor audiovisual en el siglo XXI. Quien no sea productor audiovisual en este siglo, no tendrá un lugar al sol, será un eterno importador. Pero no un importador de productos audiovisuales solamente, sino importador de todo, de los pantalones, los carros, los tabacos… de todo. El país no productor será condenado a ser un país de segunda categoría. Además de producir, también deberá difundir su cultura, su carácter, su personalidad como pueblo, como país, a través del audiovisual. Creo que varios países nuestros se están dando cuenta del asunto, aunque no todos. Brasil ya se dio cuenta de eso, creo que la Argentina se está dando cuenta también. Brasil se está preparando para esto de manera muy conciente, en los últimos cinco años aumentó en un 150% su producción audiovisual. Además, aumento también en 150% la presencia del audiovisual brasilero en el mercado brasilero, tomando previsiones urgentes para poder ser además de productor, un exportador de audiovisual.

¿Ese salto cuantitativo también se corresponde con un salto cualitativo?

Si, ambas cosas, por suerte. En Brasil, con esta movida oficial de aumentar la producción del audiovisual brasilero, se le está dando muchísima importancia a los medios electrónicos. Creo que va a ser la industria audiovisual más fuerte. Apareció en este momento una generación de creadores muy fuerte. Según la prensa brasilera, hace 40 años que no hay una generación de realizadores como la que hay ahora. Creo que eso es verdad, pero también creo que  la movida por parte del gobierno, que entre otras cosas hizo que se realice cine y televisión en todos los estados de la federación, ayudó a que apareciera esta nueva generación. Antes se producía en pocos Estado, ahora en todos. Brasil está a la vanguardia, ¿por qué? ¿un milagro? No, porque hay mucha más gente que está trabajando en eso, y mucha gente de distintas culturas: los indígenas, los negros, los jóvenes… Con tanta gente filmando es normal que aparezca una calidad nueva. Tanto que cambió la propia historia del cine brasilero, que siempre existió a partir de movimientos, de escuelas, desde los años 20: el ciclo de Pernambuco, el ciclo de Bahía, de Veracruz, el Cinema Novo, etc…. Siempre movimientos. Ahora no, hay una atomización total. Cada uno hace a su manera, se quebró lo que era lo normal de la historia del cine brasilero hasta diez años atrás, cuando se estaba conformando el “Movimiento retomada”. Se estaba transformando en una movida estética a partir del nombre de una película, pero eso se acabó inmediatamente cuando la producción creció y se atomizó en una cantidad de propuestas artísticas, temáticas y de modelos de producción que no hubo nunca antes.

A pesar de que usted señala este crecimiento de la producción e incremento en el mercado, la otra pata, que es la exhibición, está restringida. Es general se trata de canales cerrados, dominados por cadenas internacionales (Hoyts, Village, etc.), por lo cual a las producciones nacionales les cuesta meterse y discutir a la par en el mercado.

Si, a pesar de que aumentó la presencia del cine brasilero en su mercado, lo hizo con una dificultad enorme. Lo más importante para la política audiovisual brasilera no es la producción sino la distribución, desde hace algunos años se está intentando corregir ese equivoco general de todos nuestros países que siempre apoyaron la producción y se olvidaron de la otra punta de la cadena productiva, tan o más importante. Estamos haciendo una corrección de eso. Ya no hay programas de producción exclusivamente, hay dinero para la producción y también para empezar la difusión. Si una película cuesta un millón de dólares, hay que poner dos o tres al final, para la distribución. La atención más grande y el dinero mayor tienen que ir ahora para la difusión. Ya aprendimos a producir, ahora hay que aprender a difundir. En ningún lugar filman todos los que quieren hacerlo, siempre hay más gente que quiere filmar y no puede hacerlo que los que quieren filmar y lo logran. Eso es natural en todo el mundo, pero en Brasil el problema de la producción está resuelto, no hay que pensar más en eso. El gobierno federal, los gobiernos provinciales y las instituciones dan dinero para producir, eso está resuelto. Además, las televisiones están entrando como productores de películas. El problema es el otro, la difusión, por eso también es necesaria una estrategia por parte de los programas gubernamentales para el audiovisual, que tienen que contemplar toda la cadena productiva y no solamente el inicio, como hasta ahora.

Retomando el tema de las transformaciones en la tecnología, hablamos de una democratización en el uso de los medios para producir, pero ¿Cómo repercute esto en relación a posibles cambios en las propuestas estéticas?

Personalmente creo que estamos caminando por eso que algunos teóricos están llamando “el octavo arte”. O sea, un nuevo cine que ni consigo imaginar. Estamos hablando de nuevas tecnologías que interfieren de verdad en la aprehensión en la recepción de lo que sería una película. No habrá espectador pasivo en el futuro. El espectador estará dentro de la acción, y además habrá interactividad: no solo estará dentro de la pantalla sino que ese nuevo espectador podrá elegir qué camino seguir dentro de la acción, qué personajes seguir. Es algo que jamás experimentamos en nuestras vidas, por eso es muy difícil saber exactamente cómo va a ser el nuevo cine con las nuevas tecnologías que el ingenio humano está preparando para el futuro. Lo que es seguro es que no será para nada el cine que tenemos. No quiero decir que las películas planas de hoy desaparezcan y no interesen a la gente. Muchos se interesan por el cine silente o por la linterna china. La humanidad se interesa por todo, pero como acontecimiento social, como acontecimiento multitudinario genérico, no se tratará de películas como las entendemos hoy.

¿No piensa que cierta ritualística se estaría perdiendo con lo que está describiendo?

No se, podemos estar creando otros niveles de rituales. El avance humano es imposible de detener.

Puede ser complicado pensar algunos cambios como avances…

Cambiar y no avanzar es un problema. Antes, la radio se escuchaba de a varios, ahora es un hecho individual. Lo mismo puedo pasar con el cine, convertirse en una relación personal.

¿No se pierde el espacio público compartido?

Si, se pierde y se crean otros. La música, los mitos, el baile… algunos dejaron de ser gregarios, puede que el cine también deje de ser gregario. O tendremos un cine gregario pero con cambios de 180 grados.

Si pensamos en el Estado como una instancia de construcción de espacios comunes, la política cultural estaría en el futuro -siguiendo sus hipotesis- perdiendo al cine como aglutinador político. En esta propagación de discursos el Estado tendría que estar pensando en nuevas políticas culturales para generar lazos sociales.

No lo se, no tengo todas las respuestas, y lo que estoy diciendo no significa que yo desee esto. Todos los indicios me llevan a pensar que será así. Lo que me preocupa es que estos indicios no están siendo tomados en cuenta por la gente que está analizando, proyectando y reflexionando sobre el asunto. Estamos todos, o casi todos, pisando todavía en un territorio que no es el que estamos tratando. Estamos con la cabeza en el cine del siglo XX, intentando proyectar un cine que no será el de ese siglo, intentando ver, analizar, un cine que es otra cosa. No estamos preparados para eso todavía, pero tampoco vamos a caminar para ningún lado si nos quedamos con parámetros que no tienen respuestas para esta nueva era tecnológica y artística. Hay una insistencia en el cine como acontecimiento gregario, que tiene que tener salas de cine, pero para la propia industria hoy la sala de cine no es nada desde el punto de vista económico. Representan solo el punto de lanzamiento de las películas, una vidriera, un téster para el producto, que si va bien en la sala sabemos que le irá muy bien en las otras ventanas. Hace 30 años, la sala de cine era la gallina de los huevos de oro, ahora ya no es ni la gallina. Ahora los cines son pequeños. Hace 20 años, las predicciones sobre el futuro del cine eran que las salas iban a crecer cada vez más, y pasó al revés, se achicaron. Cada día se achican más. Son indicios antes los cuales tenemos que estar atentos. En Brasil ya hay salas para veinte espectadores. Veinte! En poco tiempo si seguimos así serán para uno. Tampoco significa que en esta nueva era que estamos auscultando un poco, todos nosotros vamos a ver productos audiovisuales en cajitas o en nuestros teléfonos. Los nuevos home theater que todavía están en casa de ricos ya bajaron el precio un 40%, y están cada vez más baratos. El tamaño de pantalla no tiene nada que ver con esto.

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Senna y Santiago Álvarez

¿Qué pasa con países como Cuba, que en relación a esta brecha tecnológica siempre están “un paso más atrás”?

El cine cubano casi se acaba hace 20 años, por la crisis económica que hubo en la isla. ¿Por qué? Porque el laboratorio era muy caro, los químicos y el negativo eran muy caros, y hubo un tiempo en que Cuba no hizo una sola película. Las nuevas tecnologías abrieron una esperanza para Cuba. La mayoría de los puntos de edición en Cuba hoy son digitales. Los grandes cines están en la mitad, los que había siguen funcionando y los nuevos son de 30 butacas. No se como Cuba va a resolver sus problemas económicas y de relación con el mundo, pero en este momento se ve más cine que antes, aunque haya menos salas. Esto es porque hay muchas salas de video y porque Cuba consiguió aumentar su producción. El audiovisual es evidentemente un arte industrial, hijo de la revolución industrial, por eso es un arte moderno: depende exclusivamente del respaldo de la tecnología para sobrevivir. No es como la danza, el teatro, las artes plásticas o la escultura, que se pueden hacer con los medios que tenemos en nuestro cuerpo y entorno. El cine es un arte que va mas allá de eso, por eso es el primer arte moderno de verdad: cambia la relación del artista, del hombre, con sus materiales. Las nuevas tecnologías que van más allá cambiarán el tipo de relación por una nueva que no conocemos. La evolución estética del cine tiene que ver con la evolución tecnológica, y viceversa. La evolución tecnológica en relación a las cámaras, al tamaño, al peso, fue una exigencia de los cineastas, básicamente para filmar las guerras mundiales. Los cineastas le pidieron cambios a la ciencia y la tecnología respondió a eso. Algunos cambios científicos ofrecieron a los artistas caminos nuevos. Es una relación entre el cine, la ciencia y el arte. Román Gubern decía que el arte en griego estaba unido a la técnica. Techné, arte y técnica como un solo concepto.

Aunque la técnica no es neutral…

No, no lo es. Hay muchos peligros en ella, como hay muchos peligros por detrás del arte. El arte puede ocultar la basura, la técnica puede ocultar la basura, es verdad. El cine puede servir para todo, hasta para los criminales.

 

* El mismo O. Senna gentilmente nos ofreció a publicar los siguientes textos:

La luz, la verdad y la vida

Lenguaje y cultura visual en el siglo XXI

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  • http://www.facebook.com/profile.php?id=100002058501297 Edwin Robles Lujan

    estoy asombrado y apoyo a la tecnología como joven, estaré atento con los avances. Felicitaciones para Orlando Senna por transmitir su conocimiento.

  • Aracely

    conoci a Orlando Senna  y es una persona excelente sus palabras se kedaron gravadas en mi no te olvidare Orlando soy de Pachuca Mexico te recuerdo con muxo cariño

  • Aracely

    Festival del cine Guadalajara Mexico, Aeropuerto  D.F. MEX.

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