Pensar a Haití, reconstruir su memoria

Organizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y la Red del Documental de América Latina y el Caribe y en solidaridad con el pueblo de Haití, se presentó el jueves 6 de Mayo en el Auditorio Roberto Carri de la Facultad de Ciencias Sociales, el Encuentro con el Cine Haitiano”. Se proyectaron las películas Cojonudos contra Atila u otra Haití es posible de Arnold Antonin y Maestro Issa de Frantz Voltaire.

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En ese marco pudimos entrevistar al realizador Frantz Voltaire. Nacido en Haití, ha hecho sus estudios universitarios en Santiago de Chile y Montreal. Ha sido profesor en la Universidad de Québec en Montreal, en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Universidad de Chile en Santiago y en la Universidad del Estado de Haití. Publicó varios estudios entre ellos: “Estructura agraria y dependencia territorial en Haití”, “El problema de vivienda en Haití”, “Haití, crisis estructural y tutela internacional”. Director fundador del CIDIHCA, fue consultor para las Naciones Unidas, la OEA , la ACDI. Fue jefe de gabinete del Primer ministro Robert Malval de 1993 a 1994.  Fue miembro de Jurados de cine en Ginebra, Marsella, La Habana , la Martinica , las Seychelles. Produjo y realizó 5 documentales por los cuales recibió premios, entre los cuales estuvieron el premio Cora Coralina de Brasil por “Puerto-Príncipe, mi ciudad”, el premio del ONF por “Los Caminos de la Memoria ” y el Premio Sunshine (Luz del sol) de Nueva York. Dirige actualmente el Festival de las películas sobre los derechos de la persona de Montreal, afiliado a la red internacional de películas sobre los derechos de la persona y las Ediciones del CIDIHCA.

 

Juan Manuel Ciucci: ¿Usted comienza con una actividad académica y después se vuelca hacia el cine?

 

Frantz Voltaire:: Si, en algún momento uno se da cuenta que había una necesidad de abordar los problemas a través del cine; problemas que así se podían topar con mucha más gente. Pero también hay un trabajo sobre la memoria, porque el exilio, la duración de la dictadura, hacen que partes enteras de la memoria se borren. Y entonces había que tratar de restituir, a través de un trabajo desde el cine, todo este trabajo sobre la memoria.

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JMC: Es un problema crucial pareciera en Haití el tema de la memoria, diferentes momentos en que parece que se rompe la historia y se pierde parte de la memoria.

 

FV: Efectivamente,  porque la dictadura de los Duvalier duro 30 años. Lo que significa una ruptura entre generaciones que se fueron al exterior, intelectuales exiliados… Casi no se publicaban libros en esos años, entonces había que rescatar toda esa parte de la historia. Además, había un trabajo de justicia, por ejemplo el año pasado realizamos una gran exposición sobre la resistencia a la dictadura. Entonces era rescatar figuras que habían caído en el olvido. Todo un trabajo de rescatar las fotografías, los testimonios, los periódicos clandestinos; es decir devolver esto bajo una forma accesible a un gran público que no lo conoce.

 

JMC: ¿Pudo con el cine llegar a públicos más amplios?

 

FV: Si, porque a partir de la venta de DVD, la distribución por la televisión, se ha logrado llegar a un público mayor que al que hemos podido llegar con los libros. Aunque hay que relativizar esto también, porque no son los mismos tipos de efectos los que se logran. Pero de todas maneras hay problemas con la distribución, por ejemplo con la piratería. Y la destrucción reciente de la capital, que no han quedado salas de cine.  Algunas colegas han empezado un proyecto de cine bajo las estrellas, van a los campos y pasan las películas allí. Pero estos son mecanismos yo diría para curar el alma, después de la destrucción de los cuerpos.

 

JMC: ¿Cómo fue su preparación como cineasta?

 

FV: Yo, en gran parte fue de manera autodidacta, siendo asistente de otros realizadores, como el cubano   Rigoberto López Pego y del canadiense Jean-Daniel Lafond. Bueno, sin contar mi conocimiento sobre cine. Yo soy historiador de formación, tenia un conocimiento sobre el cine. Pero fue a partir de estas practicas en realizaciones, que yo digo que aprendí como aprendía la gente al principio.

 

JMC: ¿Y su trabajo con el centro CIDIHCA ?

 

FV: Yo fui un académico durante mucho tiempo, fui profesor en la Universidad de Québec.   Lo que decidimos es que el centro este ligado fuertemente a difundir los trabajos académicos. A través de publicaciones, a través de llevar a los académicos a participar en el debate de la sociedad. Entonces somos un poco como dicen en un lenguaje más contemporáneo una interfaz, entre los trabajos universitarios y las comunidades. De tal manera que lo que se produce como reflexión llega a los grupos comunitarios porque les dan instrumentos para poder continuar sus trabajos.

 

JMC: ¿Estos encuentros tiene que ver con la realidad de Haití o con la vida en Montreal?

 

FV: Tienen que ver con la realidad de Haití, nosotros hemos realizado varios coloquios que luego han sido publicados, hemos publicado más de 600 libros. Hay libros académicos, hay libros de literatura; y hay también libros que hemos publicado en creole, que es el idioma nacional, destinados a grupos desfavorecidos, que son pequeños cuentos para favorecer la lectura, en campaña para luchar contra el analfabetismo.  Tratamos de intervenir a diferentes niveles. A nivel del cine, a nivel de soporte de los grupos comunitarios en Canadá pero también de los grupos en Haití.

 

JMC: ¿Trabajan entonces en ambos paises?

 

FV: En Haití y afuera, en el Canadá. Hemos preparado mucho material afuera, pero trabajamos en concertación con grupos en Haití. Hay que ver que Montreal tiene una comunidad haitiana de más de 100000 personas. Nueva York tiene 300000 haitianos, la zona de Miami tiene más de 500000 haitianos. Así que hay comunidades haitianas muy importantes en el exterior. Pero trabajamos también, hemos editado algunos libros en español,  para poder difundir en América Latina aunque sea de una forma rudimentaria. Hemos publicado 7 libros en español, ahora si tú lo comparas con el francés o el creole, efectivamente es poco. Pero se trata de empezar un esfuerzo de traducción, de difusión. Hay un libro por ejemplo que publicamos hace casi 7 años atrás, que fue un trabajo de traducción de una novela (yo diría la primera novela moderna haitiana, Gobernador del rocío) cuya primera traducción se hizo aquí en la Argentina. Era una traducción muy porteña, la tuvimos que adaptar de nuevo, porque por ejemplo se traducía al creole como un francés mal hablado, lo que es una equivocación, porque era otro idioma. Hay todo un trabajo, hoy día creo que es necesario,  para hacer conocer a Haití en América Latina. Es una sociedad en la que hay muchísima creación artística, una presencia muy fuerte, y más que nunca en estos momentos creo que Haití necesita rescatar su propia memoria.

 

JMC: ¿Hay en Haití producción cinematográfica?

 

FV: Yo diría que hay videastas que hacen documentales, hay algún que otro largometraje de ficción. Raoul Peck ha realizado una obra de ficción que se llama  Moloch Tropical. Pero hay que ver que la producción se hace entre Haití y los haitianos en el exterior.

 

JMC: ¿No hay desde el estado algo organizado?

 

FV: No, no hay ninguna política estatal  frente al audiovisual.

 

JMC: ¿Y la distribución?

 

FV: La distribución se hace de forma paralela. Salvo por ejemplo Peck, que su película se distribuyo a través de la televisión por HBO, pero es un caso excepcional. Él es casi el único que tiene una distribución afuera del país, fuera de los festivales. Hay que entender que el fenómeno cinematográfico es relativamente joven en Haití. Salvo alguna que otra película o documental, uno puede decir que a partir de la caída de los Duvalier en 1986, empieza a desarrollarse una producción audiovisual.

 

JMC: Gran parte de estas cuestiones que tienen que ver con las dictaduras y como han borrado memorias, se relaciona directamente con la historia de Sudamérica. Tu exilio en Chile, ¿te permitió tener una mirada de conjunto del problema Americano?

 

FV: Yo creo que sí, por ejemplo tuve la suerte de tener en Chile a muchos profesores brasileños, argentinos, chilenos obviamente. Fernando Enrique Cardozo, Atilio Borón, el negro Portantier, fueron profesores míos. Se estableció toda una relación que se siguió en México también. De tal manera que estas relaciones me permitieron tener una visión más global de problema de Haití, que lo que podríamos tener.

 

JMC: ¿Y te permitieron vislumbrar posibles soluciones también?

 

FV: Yo creo que se puede inspirar mas que dar soluciones, yo creo que las soluciones son siempre locales. Aunque uno puede inspirarse de lo que ha pasado afuera. Ver que se ha hecho en América Latina en vez de mirar hacia los centros imperiales. Creo que ante todo es necesaria la solidaridad.

 

JMC: Si, lo pienso porque compartimos mucha historia, nosotros también estamos rescatando personajes históricos nuestros, que han permanecido ocultos en nuestra historia….

 

FV: Si, por ejemplo, poca gente sabe que la expedición de Bolívar se origina a partir de Haití. Es Haití que le arma la expedición en 1816. Además, de esta expedición sale derrotado, y se le arma otra nueva expedición. Asi que se olvida que Haití apoyó a Miranda, yo creo que hasta al mismo San Martín, no estoy seguro. Si cuando fue soldado español no fue en misión allí, cuando estuvieron los españoles entre 1791 y 1794 ocuparon Haití, yo no estoy seguro. Pero toda esta parte necesita investigaciones, necesita rescatar el papel de Haití en la liberación de Venezuela, Colombia y toda América. La expedición de Bolívar no habría sido posible sin el apoyo material, humano y económico de Haití[1].

 

JMC: Después quedo como separada del resto de América.

 

FV: Fue aislada por las presiones Europeas. Le impusieron un embargo durante 60 años, le obligaron a pagar una deuda de independencia que costo miles de millones de dólares, de tal manera que las posibilidades mínimas de un desarrollo interno fueron prácticamente eliminadas. En el momento en que los Norteamericanos van a ocupar Haití entre 1915 y 1934, no se trata de invertir, sino más bien de movilizar la mano de obra haitiana para las plantaciones azucareras norteamericanas en la Republica Dominicana y Cuba.

 

JMC: Lo que me pareció interesante, en referencia a esto último que venimos charlando, fue que la película permite acceder a una parte de la cultura haitiana. Uno esperaría algo referido a los problemas políticos, sociales o a la última catástrofe del sismo, y sin embargo nos encontramos con una película que rescata parte de la historia cultural del país.

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FV: Bueno, yo creo que hay que entender que yo tengo otras películas. Yo tengo una película sobre Puerto Príncipe, que presentamos aquí en el Cineclub Núcleo, en el Complejo Tita Merello. Se llama Puerto Príncipe mío, que trata sobre los problemas urbanos y los problemas sociales de Haití. También tengo una película, que aun no tiene subtítulos en español, que se llama En el nombre del padre, sobre el dictador Duvalier. Hay otra que se llama  Los caminos de la memoria, que es sobre la historia de la ocupación norteamericana de Haití. Hay otros temas que he tratado en mis documentales. Pero en Maestro Issa lo que intente fue rescatar momentos de  relaciones y de solidaridad con América Latina, en los años ´40 -´60. Quise rescatar los lazos, los cantantes haitianos de la época pasaban del francés al creole y al español. Y los cantantes latinoamericanos cantaban también en creole. Hubo un momento de interpenetración musical interesante, pero después se corto todo esto.

 

JMC: La película rescata ese momento de relación con América a partir de la música.

 

FV: Sí, porque yo pensaba como abordar el problema de otra época para los jóvenes. Y quería rescatar este momento importante de la cultura. Yo pensaba que podía hacerlo a partir de un escritor. Arnold Antonin lo hizo a través de un escritor, por ejemplo. Me parecía que había que tratar de dar otra visión de Haití,  porque hay que ver que la visión exterior es que es un país perdido, de un pueblo resignado. Y lo que quería era demostrar la riqueza cultural del país, que es repensar el país. Y no creer que es un país asistido, en que la gente esta esperando. Es un país de gran creación literaria, actualmente yo diría que hay por lo menos unos 50 escritores haitianos importantes, que están publicando en muchas partes.  Incluso han hecho una película sobre la obra de Dany Laferrière, dirigida por Laurent Cantet que se llama Vers le Sud. De modo que hay cineastas, hay poetas, hay escritores, hay historiadores; digo que hay un país que no esta resignado.

 

JMC: Permite otra mirada hacia Haití

 

FV: Yo creo que fue la voluntad también de los que organizaron el festival, de no mostrar solamente los problemas políticos, sino también poder abordar los temas culturales.

 

JMC: ¿Y cual fue su experiencia en la proyección que se hizo durante el festival?

 

FV: Bueno, hasta ahora en los cuatro lugares en que se presento la película la recepción de la película fue muy calurosa, muy interesante. La gente descubrió otro aspecto de una cultura que no conocían. Fuimos recibidos con empatía, creo que en ese sentido nosotros estamos satisfechos de nuestra estadía aquí, de los encuentros que tuvimos con cineastas, con estudiantes, con escritores. Abren líneas de cooperación más real, fueron encuentros mucho más sólidos que cosas simplemente programadas.

 

JMC: ¿Esta es su primer visita a la Argentina?

 

FV: No, yo venia mucho cuando viva en Chile. Pero la última vez que vine aquí fue en el ´91. Vinimos a hacer un documental radiofónico sobre Chile, se llamaba La memoria y el olvido. Llegue a Buenos Aires, pasamos por Mendoza, y cruzamos Los Andes. Era mi retorno a un país en el que había vivido, tratar de ver que era lo que había cambiado. Yo iba tratando de reconstruir mi memoria. Tratando de buscar que era lo que había pasado en este país 17 años después.

 

JMC: El tema del exilio nos conecta también.

 

FV: Si, en Haití esta toda la incomprensión entre los que se marcharon y los que se quedaron. Yo estoy radicado en Montreal. El exilio me llevo a Europa y después me llevo a Chile. Y luego tuve que dejar Chile después del golpe de estado del ´73. Yo deje Haití en el ´66, ´67. Hace ya mucho tiempo. He vuelto, es un ida y vuelta. Además que yo trabajo sobre Haití, el centro CIDIHCA  publica libros, hace películas que tienen que ver con Haití. Asi que estoy a menudo en Haití. Pero uno vive en Montreal. Esto es igual que si yo viviera en Buenos Aires y hago cosas que tienen que ver con solidaridad con Haití, pero hay cosas de la ciudad en que uno vive a las que tiene que dar respuestas también.

 

JMC: ¿A partir de la experiencia de vivir en Montreal hacen el festival contra el racismo?

 

FV: Empieza la semana de acción contra el racismo, hace 10 años. Que implica la actividad con jóvenes, en la escuela, el arte contra el racismo, el cine. Empiezan a haber una serie de actividades y decidimos en algún momento que lo que había que consolidar era el cine. De hecho, la semana de acción contra el racismo, que empezamos con una base voluntaria, ya tiene vida propia. Es decir, las universidades realizan actividades, las bibliotecas realizan actividades, también los centros comunitarios. Asi que se ha vuelto una actividad de la ciudad.

 

JMC: ¿Y participan solo los haitianos?

 

FV: No no, participa todo el mundo. No es una problemática que tenga que ver con una nacionalidad. El centro mío sí esta organizado esencialmente en torno de la comunidad haitiana.

 

JMC: También a partir de la catástrofe humanitaria que significo el sismo reciente, se ha planteado una relación para con Haití que podríamos llamar de superioridad, como de asistencialismo.

 

FV: Si, nosotros también planteamos que la asistencia humanitaria es siempre, como en cualquier caso de catástrofe, cosa de inmediatez. Del orden de los primeros meses, de la urgencia. Yo diría que hay que pasar de la urgencia a la reconstrucción. La reconstrucción implica otro tipo de relación. Primero que no se puede hacer sin los haitianos. Y también que no se puede hacer sin terminar con la asistencia humanitaria, porque sino hay un riesgo de destruir las capacidades productivas del país. Lo que paso ya anteriormente, porque si tu le regalas comida a la gente, finalmente no hay incentivo para producir. Si uno quiere llegar a un tipo de desarrollo más equilibrado, se trata por ejemplo de comprar a la producción campesina en lugar de regalar comida. Segundo, hay presencia de tropas latinoamericanas en Haití. Acaso esa presencia no podía llevar a la formación de un cuerpo de defensa civil haitiano, de bomberos, yo diría protección de medio ambiente. Porque la presencia de estos cuerpos cuesta mucho, son casi 700 millones de dólares. Llevan ya casi 7 años, y no han logrado formar un cuerpo de defensa civil que pueda reemplazarlos. No creo que sea necesario un ejercito en Haití, pero si es necesario un cuerpo de defensa civil.

 

JMC: Y a la par de una destrucción económica, es una destrucción de la identidad. Porque hacen parecer que Haití no esta capacitada para gobernarse a sí misma.

 

FV: La presencia internacional no ha demostrado tampoco que pueda gobernar Haití, ha sido más una catástrofe sobre catástrofe. Yo creo que el problema es decir que si tienen un mandato, cual es el mandato que tienen que cumplir. Es absolutamente incomprensible que no hayan podido crear una fuerza nacional de defensa civil para que se termine su presencia en Haití.

 

 

 

 


[1] Recomendamos la lectura del siguiente articulo para complementar este punto :  http://www.cedet.net/Silencios%20y%20ecos.pdf.

 

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