“Paraíso”, de Héctor Galvez: Cómo hacer del Paraíso un lugar donde sobrevivir

Mientras que en el paraíso suele consolidarse la idea de edén, de limbo, de placeres y bienestar para toda la vida (en definitiva el famoso “mundo ideal”); este Paraíso cinematográfico de Héctor Gálvez es un tanto opuesto a esta significación paradisíaca. El film de Gálvez trata acerca de la vida cotidiana en la que viven unos adolescentes de un pueblo del Perú. Significativamente, la riqueza de este país andino es tan opuesta a la nuestra que, por qué no decirlo, desde el vamos todo lo expuesto y narrado en el film nos resulta súper “real” y lejano al mismo tiempo. Lo de “real” tiene acaso una remembranza al neorrealismo italiano, para quienes puedan asemejarlo, piensen por ejemplo en La Strada. Esta oposición cultural tan fuerte que tenemos con el pueblo peruano se evidencia prácticamente en cada escena: los festejos, los rituales, el espacio (es la zona de sierras, en Cajamarquilla, a una media hora de distancia de Lima) tanto exterior como interior, en sus hogares…

paraiso

A todo esto, no es que Gálvez haya puesto el título como contrapunto al espacio geográfico que filmaba, sino que el barrio en que sucede toda la acción se llama Jardines del Paraíso. Qué paradoja infernal.

En este, su primer largometraje, rodado en 2008, el cineasta peruano lo que hace es, mediante el retrato de los jóvenes, poner en evidencia a la sociedad toda, a lo que sucede en Jardines del Paraíso. La devastación y la aridez propias del lugar se reflejan en estas vidas llenas de dolor, de ganas de nuevos proyectos (como estudiar en la universidad al finalizar la escuela), de desolación, de soledad respecto a sus familias.

Este retrato de lo micro, de lo chiquito, de las situaciones habituales como puede ser la escena en que uno de los pibes falsifica la firma de la madre en el cuaderno y luego ella va y lo golpea fuera del aula para que “aprenda”. Desde esta anécdota escolar hasta el momento climático de re-unión del grupo: van todos a la huaca (lugar sagrado) del pueblo a honrar la muerte de un amigo que murió tras una disputa entre pandillas. Esto es lo que mejor hace Gálvez en Paraíso: la de-mostración del realismo. Se nota que el director trabajó muy de cerca con estos jóvenes; en una charla nos comentó que algunos de los protagonistas eran en verdad actores y que otros no. Eso hizo, en parte, a la frescura del relato cinematográfico que se sustenta por este “retrato” que Gálvez hace de ellos. Asimismo, la película se inserta entre el registro documental y el ficcional, es lo que nos deja en claro el director.

La intromisión de la cámara en estas vidas inmersas en la violencia y el maltrato de su entorno -mientras ellos se encuentran en la búsqueda, en sus estudios y trabajos, viendo qué será de sus vidas en el futuro- queda fuertemente remarcada a lo largo de todo el film.

Quedamos a la espera de un buen resultado en la taquilla peruana, donde se acaba de estrenar. Desde aquí, nuestras felicitaciones.

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  • Michael Venegas

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