
En un estilo inconfundible y con la “identidad coutinhana”, el documental Santo Forte (1999) de Eduardo Coutinho vuelve a mostrar una narración que se construye desde los testimonios de sus personajes. La estructura del documental prioriza el registro de relatos, por medio de entrevistas directas “in locus” de los personajes – gente brasileña – que le dará el hilo para el desarrollo de la temática central.
Si se supone que las entrevistas son materia prima para el proceso de creación de la película, lo que podría sugerir un “estilo anti narrativo” y más etnográfico, es posible identificar, a través de las técnicas y procedimientos “coutinhanos”, estrategias que permiten a la película un ritmo y desarrollo propio, en lo cual hay una intención del director de explorar nuevos universos a partir de la mirada del otro. Es precisamente la suma de estos elementos lo que hace que el trabajo de Coutinho sea original y lleno de sorpresas para el análisis sensible – sin cliché – de cuestiones complejas que atraviesan la realidad social brasileña. Santo Forte es un ejemplo de esa experiencia y, por eso, es siempre deseable…
Mi primera consideración acerca de este documental se refiere a su temática. En un primer momento parece ocuparse de la religión, pues tiene la intención de registrar la relación entre la experiencia individual de cada uno de sus personajes con sus prácticas de devoción y fe. Más concretamente se ilustra la presencia del sincretismo[1] religioso en la sociedad brasileña. El documental también hace hincapié en la incursión de nuevas modalidades e instituciones evangélicas , que se extendió rápidamente en el país desde los años 80. En especial, registra el fenómeno de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que es mencionada en varias de las entrevistas.
Por un camino difuso, Coutinho hace un recorrido por la realidad y las condiciones de vida de las personas más necesitadas y desfavorecidas de la sociedad brasileña. Este rápido mapa temático muestra algunos rasgos de este director que, en el sentido de Adorno, crea una constelación de conceptos y significados con muchas películas dentro de una misma película. Coutinho concreta su tratamiento de varios temas simultáneamente – la religión, el sincretismo, la pobreza y la exclusión – sin ninguna pretensión a la enseñanza teórica (la antropología o la sociología, por ejemplo) o sin tendencias hacia las conclusiones morales.
Ya en los primeros minutos de la película se muestra la misa que el Papa Juan Pablo II celebró en octubre de 1997 en Río de Janeiro. Las imágenes, proporcionadas por la Red Globo[2] se presentan con diferente calidad de resolución, en comparación a las que son capturadas por los realizadores del documental. Esta decisión y la percepción nítida de ese contraste marca dos intenciones: en primer lugar, cumple con la función de demostrar el alcance de la religión y la fe como elemento nacional y masivo a través de cámaras también “oficiales” y, por otra parte, enuncia el cambio de propuesta, estética e ideológica, que desarrollará el documental.
Por medio de una toma panorámica de las imágenes de un Rio de Janeiro bello (con una multitud de fieles católicos en la misa del Papa), de las montañas de la ciudad, se llega al territorio de la película: la favela. Este pasaje transcurre con el off de un “Salve reina” recitada por un coro de miles, lo cual hace recordar que hace menos de dos siglos Brasil era un país monárquico donde había rey, reina y esclavos. En la secuencia, también con el uso de la voz en off de un personaje residente de la favela Vila Parque da Cidade, ocurre la primera aparición del equipo de trabajo del documental. Antes ya se había escuchado la voz en off de Coutinho durante la primera entrevista. En este momento, el locus y modus de este documental se explicita por el habla de este personaje y las imágenes que denuncian los antagonismos presentes en dicha sociedad, uno de los objetos investigados por la obra.
Como puente, el director filma algunos de los personajes viendo por la televisión la misa del Papa y cantando con los ídolos de la canción popular brasileña, como por ejemplo “el rey” Roberto Carlos y su conocida canción “Jesus Cristo”, mientras el espectáculo/show de la religión católica oficial permea el imaginario nacional.
Vale la pena mencionar que esta interferencia, o mejor dicho la puesta en escena física e intencional del equipo del documental, es una estrategia recurrente en el trabajo de este director. Se reproduce así el marco de este documental, que tendrá en su producto (la película en sí) la participación tanto de los cineastas y sus protagonistas (gente brasileña). De antemano, adelanto que en este juego hasta el lector – ¡usted espectador! - cumplirá su papel como el ente que concluye la obra por medio de una interpretación individual.
Estos rasgos son una constante en la obra de Coutinho, y por eso hay ciertas clasificaciones comunes (y confusas) en relación a su obra: ” cine verdad “, “cine denuncia”, “documental puro”, etcétera. Yo prefiero pensar que es “Cine Coutinho “: simple, puro y complejo, entre comillas.
Sobre algunas de estas marcas que hacen de los documentales Coutinho algo tan original y productos con la firma “del autor”, me detendré a continuación.
Procedimientos a la Coutinho
Se sabe que Coutinho trabaja con un equipo y que este equipo antes del inicio de la filmación se toma un tiempo para reflexionar sobre el tema, estudiarlo y sentirlo. Esta investigación preliminar cumple la función catalítica de facilitar el descubrimiento del “otro”[3]. En el caso de Santo Forte, este trabajo preliminar es lo que define su territorialidad: el foco está en la experiencia de los residentes de Vila Parque da Cidade en Rio de Janeiro , en donde el objeto / sujeto son 11 personajes previamente elegidos, que relatarán sus experiencias personales en cámara. Incluso por medio de ellos, otros personajes/extras se revelarán en la película. Este método de trabajo es una estrategia que ayuda a limitar el universo o el campo y, al mismo tiempo, abre posibilidades ilimitadas para la exploración de su objeto/sujeto.
Otra característica presente en la obra de Coutinho se relaciona con su estilo en el montaje de los materiales brutos recabados o grabados. Por lo general, las historias/relatos de los personajes no se muestran en planos secuenciales muy extensos[4], ni son lineales o siguen un ordenado secuencial. Es decir, en la película hay un collage de fragmentos de los relatos, con la aparición y el retorno de estos 11 sujetos en diferentes momentos. Esta estrategia produce los siguientes resultados (o juegos) en el producto final: en primer lugar, cada personaje se va revelando poco a poco al espectador, un hecho que alivia el malestar generado por el fuerte contraste social de los personajes de la historia en relación con el público al que va dirigido. En segundo lugar, produce un grado de diálogo entre los personajes y sus historias, lo que permite una experiencia que transita entre lo individual y la totalidad. También crea la sensación de intimidad entre aquellos que son ¨diferentes¨ (en este caso personajes, realizadores y audiencia) y, finalmente, permite un ritmo menos “duro”, más relajado , para la apropiación (digestión) del contenido, sin juzgamientos o prejuicios.
La posibilidad de un montaje por collage de fragmentos tiene una relación directa con la técnica adecuada y la experiencia del director. Lo que hace Coutinho es buscar incansablemente al “otro”. Pero, ¿cómo lo hace? Primero, permite un alto grado de libertad y escucha para el discurso del ¨otro¨, por lo que el testimonio se expone por adentro, de forma sustancial y sin censura. Coutinho, de a poco, gana la confianza y entra en la vida cotidiana de sus personajes. En Santo Forte, por ejemplo, hay varios momentos en los que hay pausas para un cigarrillo o un café. Establecer una complicidad para que ocurra esta “invasión a la intimidad del otro” requiere flexibilidad: el equipo y el director, a menudo, cambian los escenarios de filmación en conformidad con la rutina de sus personajes. A veces visitan el lugar de trabajo de algunos personajes – un night club, un jardín – y frecuentan los diversos ambientes de la casa de alguno, etcétera. Al final, el personaje es presentado con claridad y lucidez, ya que sus historias y sus verdades son los matices que intersectan al director para la narración documental. Sin embargo, un grado de distanciamiento es necesario. En Santo Forte son dos los momentos en que se decide exponer escenas de la producción diaria de un documental. El ayudante del director aparece esas dos veces haciendo los pagos de las personas/personajes por sus participaciones. Por un lado, estos son tratados como profesionales, como “actores”, y por otro lado, es a través de este pago que los ejecutores de la obra tendrán el derecho del uso y propiedad de los contenidos e imágenes generadas a partir de estos personajes/trabajadores. En cierto modo, me atrevo a decir que evidenciar que se le pagó a los personajes de Santo Forte es una protección en relación a la exposición que se hace del universo sacro , por medio de relatos que exponen a instituciones muy fuertes en Brasil.
En este país, como se ha señalado al inicio de este ensayo, hay un sentimiento religioso común a todos sus habitantes. Sin embargo, existe un cierto tabú en relación a las prácticas personales e individuales que cada persona hace de este amplio repertorio religioso. En realidad existe plena libertad en el país para la manifestación de cualquier religión, pero también es cierto que hay religiones dominantes (las de los blanco, de la élite) y subordinadas (las de los pobres, de los negros, de los marginados). Por lo tanto, la temática transita por un universo marcado por oportunismos y modas, por prejuicios y malentendidos. No es papel de Santo Forte describir cómo cada práctica o ritual ocurren en conformidad con sus dirigentes, sacerdotes, pastores, padre de santos, etcétera. En otras palabras, la película no da la pelota a la doctrina en sí misma. Sí es intención de la película mostrar cómo es transitoria y compleja la inserción y mezcla de cada uno de estos universos diferentes en los personajes.
Para realizar esta tarea, la película pasa por un campo muy sensible de la persona, por medio de la “declaración visceral” de la intimidad de esos 11 personajes. La fe y las creencias son una respuesta a la lógica interna de la culpa (universalmente difundida por los dogmas católicos) y al mismo tiempo, la esperanza para mantener la vida. Así pues, hay una profundidad en los relatos recopilados. Varios de estos personajes confiesan sus pecados y pensamientos más íntimos, como intento de suicidio o el deseo de asesinato; el adulterio, la presencia de la muerte debido a enfermedad o las adicciones, etcétera. Santo Forte sabiamente se refiere con respeto a estas particularidades de cada uno de sus personajes y de su relación con el universo “metafísico”. Es una película hecha de historias llenas de silencios y secretos. Como estrategia para “silenciar”, se utilizan imágenes de los santos de la Umbanda[5] por ejemplo, o de entornos vacíos como una habitación, un comedor o un patio . Para algunos relatos, estos lugares no están vacíos sino llenos de “espíritus”. Esos momentos permiten la reflexión del espectador y posibilitan el respeto a estas creencias. Asimismo, permiten el intercambio con el conocimiento y las realidades ajenas.
De esa manera, Santo Forte incursiona por la vida de Taninha, padre de Carla, que es una stripper. Ellos son de la Umbanda y “católicos apostólicos romanos, también son vecinos de Vera, ex umbandista y evangélica, que sigue dominada por su “pomba-gira[6]“. Así como de Lydia que tenía un marido adúltero; de Quinha, que ha querido hacer la justicia con su propia mano y que gana todos los días la lucha contra el hambre; de Braulino, enamorado y casado con Marlene desde hace varios años, uno que hace samba y es bohemio gracias a la influencia de Xangô y del Viejo Brás; de Theresa, con sus guías de protección del Candomblé y sus diálogos con los espíritus de la luz … La diversidad de personajes y sus características comunes – moradores de barrios marginales, pobres y personas de fe – universalizan la película, la aproximan a la realidad íntima de cada uno y permiten varias traducciones.
Lo difícil de la exclusión social gana aires de “divinidad y pureza” a través de la creación de metáforas hechas a partir del ordenamiento y elección de escenas para el montaje en proceso de edición. La única vez que la película presenta un ritual religioso (para mí, el ritual del Papa es un espectáculo masivo de otra orden) se refiere al bautismo de un niño en la Umbanda (antes tambié bautizado como católico) que ocurre en los últimos minutos y hace un puente con la alegría del canto y la música (que son las escenas elegidas para los finales de algunos de los personajes). El final de la película, sin embargo, ocurre en el hogar de Thereza en la navidad, la fecha religiosa más ambigua por excelencia. A partir del registro de la rutina de Theresa en este día, que desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde trabajó cocinando la cena de sus patrones. Ella describió el menú con precisión. Coutinho pregunta al final de la descripción: ¿Y quedó rica (la comida)? Ella, sin haber probado, contesta, ¡Exquisito! Por la noche llega su familia en su barraco (casa de villa) para las celebraciones. En relación a su navidad, describe su cuarto lleno de notas colgadas en las paredes, donde sus nietos duermen al lado del mueble en el cual se sirvió Muscatel (un vino blanco dulce, tipo un Moscato Argentino) para la “Véia” (apodo de su santo de protección), representada por la imagen de una santa negra. Otra toma de imágenes panorámicas que acusa carteles de oraciones por las paredes, la cama con bebés (ángeles dormidos, casi muerto, en referencia a un futuro proceso de aculturación) y la coexistencia estática de santos católicos y negros para los cuales se ofrece el mejor vino de la casa.
Podría concluir diciendo que Santo Forte es todo esto y nada de eso. Sería un error. Santo Forte es único y se presenta a cada espectador, según su propio repertorio, de diferentes maneras. En portugués se dice que “el santo es fuerte”, cuando los problemas de uno son enormes y cualquier ayuda es bienvenida para superarlos o también para referirse al hecho de continuar con su vida o su destino sencillo. También se dice que “todo santo ayuda”. Yo prefiero pensar que en nuestro país el pueblo es fuerte y la gente es de todos los santos.
[1] El sincretismo religioso, en líneas generales, es una combinación y mezcla de prácticas religiosas “oficiales” del catolicism con las prácticas y costumbres religiosas de origen afro descendiente.
[2] La Red Globo el principal medio de comunicación en el país y en lo cual Coutinho hizo su escuela en años anteriores.
[3] En sus últimas dos obras, Jogo de Cena y Moscou, el director hizo un desplazamiento de las fronteras del quien, qué y cómo se documenta. Tales límites y fronteras son una radicalización del propio lenguaje o la función misma de un documental.
[4] Se sabe que las entrevistas – o conversaciones como Coutinho prefiere definir a estos encuentros – se administran durante períodos prolongados, de ahí su preferencia por el vídeo, que resulta una solución más económica.
[5] La Umbanda es una variación de la religión afrodescendiente con matices católicos y del candomble africano, que es muy popular en Río de Janeiro.
[6] La Pomba-gira es un espíritu africano que afecta a las mujeres durante los rituales o en actos de locura. Normalmente relacionan la pomba-gira con el deseo sexual y la ingesta de licor de las mujeres en el universo del inconciente.