“Impunidad” en el FDHA

Una de las películas sobre el conflicto armado, Colombiano más controversial y esperada por muchos Colombianos, se proyectó en el marco del Festival de Derechos Humanos en la Argentina “Impunity” de Juan José Lozano y Holmann Morris.

La proyección que se llevo a cabo, contenía otro film aparejado, uno realizado por otro Lozano que no es Juan José y que presentaba al lado de su llamado “Jefe”, el señor Riascos, un capítulo de una larga serie realizada por la CNRR (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación) llamado “Bahía Portete” sobre la masacre en Portete y el papel de la comisión frente a la comunidad Wayuu víctima de la masacre en Colombia.

En la sala solo hubo presentadores de la película de “Bahía Portete”, el Realizador y su Jefe como Lozano siempre se refirió a Riascos, desafortunadamente de “Impunity” faltaron Juan J. Lozano y Holmann Morris y no digo faltaron, en relación a que la película les necesitara, pues realmente es una obra que se sostiene por si sola, sino que hicieron falta por el debate que suscitó las dos películas juntas.

Sobre Bahía Portete solo cabe decir que es una equivocada producción, de un desafortunado realizador, que no supo responder al mandato de tamaña tarea que firmaba y que llevaba demasiado estampado el sello del Estado Colombiano y que, dentro de las responsabilidades al menos con dicha Masacre, es quien mejor sale librado en la película.

Al final de la proyección, el Realizador intentó ante el enardecido público, defenderse diciendo que solo respondería por lo artístico de su realización, quizás intentando minar la controversia de lo chica que se queda la película en materia de denuncia pero justamente salió de entre los espectadores un hombre ya mayor, perteneciente a un grupo indígena, que se le rió por lo de artista y acá me permitiré reinventar sus palabras que fueron muy largas, concluyendo en un llamado al cineasta por la responsabilidad y el compromiso con lo que enuncia, y en una severa crítica por no mostrar a una comunidad Wayuu comprometida y aguerrida en la lucha sino en cambio, agradecida y sumisa frente a la propuesta de la CNRR que es lo que entre dejaba ver la película.

Poco a poco todas las respuestas de los panelistas por más inteligentes que intentaran ser, fueron diesmadas por el público. En un momento el señor Riascos defendiendo la posición de lo complejo del conflicto, se refirió al mismo como un problema del campo, como zonas de difícil acceso y entonces un problema para comprenderlas. Ahí mismo personas que representaban a las víctimas de estado, le recordaron a gritos, el caso de la Comuna 13 y los asesinatos de falsos positivos de Soacha, el conflicto armado vivido en las ciudades. A cada cosa que decían, el público entre Argentinos, Indígenas, representantes de Víctimas, incluso Colombianos de un Capítulo del Polo Democrático, salían a desvirtuar, criticar, y contradecir a los presentes de la CNRR que aún creían interesante un debate que realmente no era sino más bien de ellos dos contra la audiencia.

Para ponerle más picante a la cosa como decimos en Colombia, la película de “Bahía Portete” fue la primera que se presentó y le siguió la película de Impunity; que expuso a profundidad; construyendo una multitud de puntos de vista; con una cámara que fue capaz de capturar los escenarios más diversos y poco conocidos por los colombianos, la supuesta efectividad de la ley de justicia y paz, mentira llevada a cabo por el Gobierno y misma ley, dato que quizás no sobre dar, por la que nace la CNRR.

Ante la apagada y quizás valga decir equivocada película realizada por la CNRR, de la cual solo cabe esperar sus capítulos no sean todos iguales y que el realizador haya podido aprender de la sala para corregir sus errores frente al compromiso que asumió al hacerse cargo de esa serie de films, la película “Impunity” aunque muy difícil de ver, vale la pena sostener, demostró ser una película importante, por cuanto expuso a la sociedad Colombiana y a todas las partes involucradas en su antagonismo, su contradicción y su complejidad, en lo que refiere a las últimas décadas de la violencia en Colombia y lo que es igual de grave, desveló las mentiras de lo que se quiere presumir y presentar como un proceso de ley de justicia y paz exitoso y más bien señaló la responsabilidad del Estado y la misma ley como proyecto que buscó, no reparar o reconciliar sino ante todo indultar y dejar en la impunidad la realidad y la verdad de la historia que no le convenía dar a conocer.

“Impunity” construye una realidad con apenas las imágenes justas y con un montaje que responde constantemente a las contradicciones, punto por punto y parte por parte, acá a quienes defienden el éxito de la ley, le son develados el porque de sus intereses, la ley cae de su propio peso y tanto las estadísticas, otras noticias e investigaciones ayudan a entramar y comprender la problemática que allí se esconde y que sigue escondida. Impunity, desafortunadamente no da tantas respuestas como preguntas, pero abre las preguntas correctas y sobre todo desnuda la sociedad corrupta a partir del supuesto caso de ley emblemático con el que al Gobierno le gusta presentarse.

Al final de la proyección y gracias a la cantidad no menor de juicios y de resultados que si ha conseguido la ley pero a costa de todo un aparato de Impunidad para el resto de las 46.000 víctimas y para el país, Riascos seguía defendiéndola, ante un auditorio, que para nada ingenuo, comenzaba más bien a fastidiarle su presencia por su posición en la sala. Lo que quizás no quiso ver o más bien no quiere sostener frente al auditorio, es que la película de “Impunity” le mostró lo que debió haber hecho su realizador en el caso de “Bahía Portete” pero por supuesto al ser un organismo del Estado, la autocrítica muy severa y responsable podría llegar a ser el costo mismo del film junto a la imposibilidad de su proyección. Ante tan amargo destino y bajo un proceso complicado como el de la CNRR del cual a ninguno de los dos parece interesarle dejar de hacer parte, hicieron la película que en medio de los escándalos harto conocidos y las responsabilidades del Estado en materia de paramilitarismo pudieran pasar.

Pecando de ingenuo frente al auditorio, el Lozano de “Bahía Portete”, todavía sostenía como un precedente el que su película no fuera censurada y la posibilidad de su exhibición en una gama amplia en Europa. Me costaba a mi pensar, como el realizador no se había dado cuenta que bajo los escándalos cada vez más graves que circundan la responsabilidad del Gobierno en materia de paramilitarismo, su película dentro de todo, con la somera denuncia que hacía, era la película que mejor dejaba parado al Gobierno Colombiano.

Para terminar, considero una excelente idea por parte del festival, pasar ambas películas, donde una le responde a la otra sobre sus errores nada menores y donde la audiencia tuvo la posibilidad de confrontar y desnudar lo problemático de discursos que se presumen de independientes en medio de un organismo estatal como la CNRR. Lo único que hizo falta, fue contemplar que con un tema de actualidad política como la ley de justicia y paz, y un film encargo de la CNRR sobre la masacre de “Bahía Portete”, junto a la película que debió haber hecho y se presentó con el nombre de Impunity, la comunidad Colombiana iba a estar enardecida y ávida de debate, más bien de desbarate, de lo que el “Artista” y su “Jefe” de la CNRR podían sostener  y de lo mucho que falta decir sobre un tema tan complejo, y fue una lástima en términos de organización, que el festival solo contemplara media hora pasada la proyección para dar lugar al debate que más bien dejó caliente a todo el mundo.

La proyección termino con la frase a gritos “Por nuestro muertos, ni un minuto de silencio y toda una vida de combate” por algunos de los presentes. Nunca asistí a una proyección tan voraz, debatida, posicionada y argumentada en medio de dos Films que dialogaban. Y en medio de los silbidos frente a las apariciones de Uribe y de las posturas, pancartas y palabras que llenaron la sala después de la proyección, me daba cuenta lo Felinezca y politizada que está la comunidad Colombiana en Argentina y la necesidad cada vez más urgente de que las películas y otros medios asuman un compromiso y una profundidad política suficiente para abrir preguntas, generar puntos de vista y permitir comprender un poco más, la problemática sociedad Colombiana y el conflicto armado que sigue vigente y merece una atención prioritaria.

 

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