Entrevista a Santiago Nacif, director de “Nicaragua… el sueño de una generación”

Entrevista con Santiago Nacif, director de “Nicaragua… el sueño de una generación” (junto a Roberto Persano y Daniel Burak), el documental que reconstruye los lazos internacionalistas entre argentinos y nicas en relación a la revolución sandinista de 1979, último grito de libertad en América Latina.

La película no tiene un tono trágico, ni militarista y prácticamente omite cualquier situación ligada a lo bélico. ¿Por qué esta focalización?

Desde que arrancamos el proyecto siempre quisimos contar la historia de la revolución sandinista, pero de una manera distinta. No que sea un documental histórico sino recuperando experiencias personales, y como para buscarle una relación con la Argentina decidimos contar la historia a partir de estos argentinos que habían viajado y colaborado con la revolución. Esa era la idea primera, contar la historia desde la mirada de los argentinos y como se vive una revolución ajena, desde nosotros, desde nuestros prejuicios. Antes, durante la investigación, hablábamos de esto: de una revolución ajena. Los protagonistas con los que hablamos nos explicaron su visión guevarista (ninguna revolución es ajena). Nadie nos hablo de la revolución nicaragüense en tercera persona. Nosotros en un principio, debido a nuestros prejuicios, encaramos de manera nostálgica, una mirada más bien Argentina de lo que es una revolución. El tango, el llanto, los compañeros caídos. Obviamente desde la experiencia Argentina, de derrotados, de compañeros caídos. En Nicaragua es otra la historia: si bien hubo muchos muertos, la revolución terminó triunfando. Cuba y Nicaragua fueron las únicas revoluciones latinoamericanas que triunfaron. Hay fragmentos y escenas que tocan el tema, pero el tono surgió de las mismas entrevistas. Todos hablaban con alegría, nosotros nos focalizamos en argentinos que hayan estado un tiempo considerable, hasta los diez años que duró la revolución y algunos que permanecieron más tiempo. Muchos se quedaron a vivir allí, o sea que vivieron el neo liberalismo en los 90 y la vuelta del sandinismo actual, que no es el sandinismo de estos días. En todos surgía recordarlo con alegría. Desde un primer momento intentamos que la película contara la revolución, pero no desde el ámbito bélico o de guerra. La revolución tuvo características particulares, fue una revolución cultural. Nosotros empezamos a reflejar eso, hablamos con maestros, médicos, cineastas (Jorge Denti, Nerio Barberis) que registraron todo el proceso revolucionario. Entonces, el tema a tratar era como era una revolución más allá de lo militar. Cómo se construye desde otros aspectos. Nicaragua era un país devastado tras cuarenta y pico de años de somocismo, también por el terremoto que había sucedido en el 72, con lo cual era tierra arrasada, era arrancar con un país desde cero. En Nicaragua no había siquiera las cosas más básicas, fue realmente crear un país desde la nada y eso nos llamaba la atención. Nos interesaba contar como colaboraron cada uno de los argentinos, con su saber, en la creación de un país, de la revolución.

¿Cuál fue la experiencia de ustedes, considerando el paso del tiempo histórico y las diferencias culturales? ¿En que los modifico haber realizado este documental?

Aprendimos mucho haciendo el documental, investigando para realizarlo. A Roberto Persano y a mí siempre nos intereso estudiar los procesos Latinoamericanos de liberación, más allá de sus errores y aciertos. Siempre nos llamó la atención, pero viéndolo de afuera, ninguno de nosotros tuvo un acercamiento, ni por cuestiones generacionales pudimos vivirlo, ni tampoco tuvimos familiares que lo hayan vivido y nos lo hayan contado. La compañera de Roberto es nicaraguense, estuvo de pequeña, vivió lo que fue la época previa al triunfo de la revolución y los primeros años de la misma. Fue este un elemento que nos hizo meternos más adentro. Siempre encaramos le investigación con esta pregunta: ¿Por qué es una revolución de la que se sabe poco y nada?

Tuvieron la posibilidad de viajar a Nicaragua. ¿Con qué se encontraron?

Viajamos dos veces, en el 2009 y en el 2010. Nos encontramos con un país realmente pobre, muy alegre y sobre todo sandinista. Para el 2009 se festejaba el 30 aniversario de la revolución. Viajamos para estar en ese momento, está reflejado en la película. Nos encontramos con un país movilizado, yendo al acto, más allá de que apoyen o no al (Daniel) Ortega actual. El pueblo, en su inmensa mayoría, se define sandinista. Fue de locos por que el acto no es el típico acto al que estamos acostumbrados nosotros acá, con discursos, aplausos; no: allí se baila y se canta toda la tarde. Los festejos duraron horas, y el cierre lo da Ortega con un discurso. Ahí si, cuando subió Ortega, un sector de la plaza se retiró. Nosotros después preguntamos y nos dijeron: la gente acá es sandinista, hay gente que no esta de acuerdo con el sandinismo actual, pero la gente es sandinista. Prácticamente no había banderas de Nicaragua, la plaza era roja y negra. Se identifican más con los colores sandinistas que con los de la bandera de Nicaragua. Quizá porque los colores nicaragüenses están relacionados con el somocismo. Eso nos llamo la atención, aquí no existe un movimiento tan masivo.

¿Qué peso tuvo la coyuntura actual de Latinoamérica en la realización del documental? Si es que la tuvo.

Tuvo bastante peso. Muchas veces nos han preguntado: ¿Por qué se meten a hacer una película sobre la revolución en Nicaragua, que es una revolución de hace más de 30 años? Sin embargo, nosotros siempre contestamos lo mismo: nunca es tan actual como ahora recordar procesos de liberación de los pueblos Latinoamericanos, y procesos que se despertaron en países como Nicaragua, basados en la solidaridad y la hermandad latinoamericana. Ni siquiera la revolución cubana tuvo ese apoyo regional que tuvo Nicaragua. Hubo muchos chilenos, cubanos, uruguayos, argentinos, salvadoreños, que colaboraron con la revolución sandinista. Para nosotros esta película, pensando en el presente, tiene mucho que ver con la actualidad en Latinoamérica. Es justamente reforzar esos lazos de solidaridad y hermandad en momentos que se dan golpes como el de Honduras a (Mel) Zelaya; a (Fernando) Lugo en Paraguay; el golpe fallido a (Rafael) Correa en Ecuador, a (Hugo) Chávez en Venezuela, a Evo (Morales) en Bolivia. Si bien Latinoamérica esta pasando un buen momento al respecto de la solidaridad, no hay que dejar pasar estos otros acontecimientos donde la derecha resurge y voltea presidentes.

¿Qué rol que adoptan como realizadores frente a esta realidad?

Nuestro rol como realizadores pasa, por un lado, en hacer un cine que denuncie intentos de golpe, o estar alerta a golpes institucionales que puedan aparecer en la región; y también un cine que sirva para recuperar procesos históricos, o hechos del pasado que nos sirvan para estar atentos y no repetirlos. Cuesta hablar de las cosas mas recientes y quizá, me parece, hablando específicamente de Argentina, hay cosas no resueltas de 30 años atrás. Nosotros ahora estamos preparando un nuevo documental sobre el funcionamiento de las maternidades clandestinas. Uno puede decir: otra película más sobre la dictadura. Sí, en parte sí, pero también me parece que es un tema que nunca se terminó de tocar a fondo: cómo fue el funcionamiento sistemático para crear todo un sistema perverso, a lo nazi, de hacer que las mujeres tengan sus hijos para luego apropiárselos. Todo un mecanismo que implica médicos, enfermeras. Hay cosas que parecen mentiras, pero hay hechos de hace 30, 40 años que aun no están resueltos, y que está bien recordarlos. También es posible que los hechos más recientes sean más difíciles de tocar.

 

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