Cine de la Base: Difundir las luchas hasta las últimas consecuencias

En los convulsionados, urgentes y arduos años setenta, signados por terribles dictaduras que asolaron al país, nace uno de los grupos más importantes de cine social y político de América Latina, por la calidad de sus realizaciones y el trabajo de difusión clandestina popular. Estamos ubicados en una época en la que se discutía el concepto del “Tercer Cine”, un cine de descolonización cultural, que podía existir en diferentes lugares, en el marco del cual el cine militante era la categoría más avanzada.

Cine de la Base surge como grupo orgánico de distribución con “Los traidores” (1973), una película de ficción de Raymundo Gleyzer y Álvaro Melián. El grupo se encontraba ligado al PRT-ERP, (Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo). Habían filmado dos comunicados: “Swift” (1972), sobre el secuestro del gerente del Frigorífico Swift y cónsul honorario británico, Stanley Silvestre, realizado en Rosario por el ERP; y “BND” (1972), sobre el asalto al Banco Nacional del Desarrollo perpetrado por la organización en enero de ese año. Luego de esos trabajos, en 1973 el grupo, especialmente Gleyzer, decide hacer una película con un alcance más amplio, en un lenguaje narrativo clásico. Ése es el origen de “Los traidores”, el film más reconocido del grupo.

Una de las definiciones más difundidas del cine militante, en aquel momento, es la de la instrumentalización, por la cual la proyección se convierte en un film-acto, en un hecho político. La película es un lugar de debate y de ahí se deriva la acción. Y más allá de los contenidos revolucionarios, el grupo de cine militante debe tener una relación orgánica con las fuerzas revolucionarias, en este caso, las organizaciones guerrilleras de la época. Con respecto a la exhibición, Jorge Giannoni, cineasta y ex integrante de Cine de la Base, señala: “nuestro programa fuerte eran “Los traidores” y “Operación Masacre” [una película de Jorge Cedrón, basada en el libro homónimo de Rodolfo Walsh]. Eran las películas que la gente quería ver porque servían para el debate. Porque Operación Masacre planteaba la memoria histórica (…) de la [Revolución] Libertadora, y “Los traidores” planteaba el problema de la burocracia y lo proclive a la traición que son los burócratas (…) “Tiempo de violencia” –de Enrique Juárez- también lo difundíamos, y todos los cortos de los Realizadores de Mayo. Cosas que se habían hecho en Santa Fe y lo de las torturas que habían hecho los de La Plata.” (Peña y Vallina, 2000: 147).

Cine de la Base proyectaba en barrios y departamentos. En este último caso, por dirigirse a un público de clase media, se proponía una colaboración voluntaria. Sobre los lugares y modos de exhibición, Juan Greco, otro ex integrante del grupo, afirma: “empezamos a trabajar en dos líneas. Por un lado estaban las proyecciones ‘pequebú’, que se hacían entre la clase media, cobrando una colaboración. Íbamos a Barrio Norte, se juntaban cuarenta personas, pasábamos la película y después, por supuesto, había whisky, masitas y en el debate todos tenían pipa. Era toda una reunión social. Junto con esto estaban las proyecciones que se hacían en las facultades de Derecho, Ingeniería, Medicina… Yo he estado en proyecciones con dos mil personas. Por otro lado, estaban las villas y los barrios obreros. Nosotros teníamos contacto con una villa que está en el Camino Negro, atrás de Banfield, cerca del Puente La Noria (…) fuimos varias veces, (ahí no se cobraba, es obvio), se armaba la proyección y yo tengo los recuerdos más hermosos de los debates que salían de ahí (…) Terminaba la película y hablábamos sin bajar ninguna línea (…) Nosotros no capitalizábamos esa acción, la capitalizaba la gente. Éramos mediadores y hablábamos a través del cine. Después había un responsable político del partido en la villa o en el barrio y él manejaba esa línea de discusión, que por lo general pasaba por los problemas que la gente tenía en ese momento.” (Peña y Vallina, 2000: 149).

Raymundo Gleyzer expresaba que, “el problema fundamental, cuando nosotros nos dedicamos a hacer el film, es plantearse a quién está destinado este producto (…) El problema reside en cómo llegar a la base y no sólo en términos teóricos, que indican siempre que hay que hacer un cine para la base, un cine para la clase, etc., sino el método concreto, la práctica que lo permita.” (Peña y Vallina, 2000: 123).

Nerio Barberis, sonidista y ex integrante de Cine de la Base, cuenta que el grupo “nace como una necesidad de Raymundo, que es un realizador con un objetivo político y que debe mostrar lo que ha hecho (…) Cine de la Base nace como un grupo cuya función era distribuir los materiales que se producían. Básicamente para que “Los traidores” se pudiera ver. La película estaba hecha, él no tenía ningún interés en que la película se diera en una sala: tenía que ir a la base y la base no iba al cine. Al cine iba la clase media. Él quería que la película se viera en las villas, en los sindicatos, que la vieran los sectores populares. Desde ese punto, entonces, se concibe Cine de la Base, como un grupo de distribución, que además se plantea luego producir.” (Peña y Vallina, 2000: 137).

Algunos de los grupos de exhibición vinculados a Cine de la Base, difundían también “Operación Masacre” de Jorge Cedrón, pero en realidad la difusión en Cine de la Base fue mucho más limitada con respecto a la experiencia de Cine Liberación, el otro de los colectivos de cine militante más reconocidos del país, por un problema de tiempo. El grupo surge en 1973, “Los traidores” empieza a circular en ese momento, y ya en los dos años posteriores es muy difícil seguir proyectando debido a las condiciones políticas. Cine de la Base termina dispersándose por la represión. La mayoría de sus integrantes se exilian, y Raymundo es desaparecido por el gobierno militar.

Además de “Los traidores”, sus principales películas son: “Ni olvido ni perdón” (1972), “Me matan sino trabajo, si trabajo me matan” (1974), y “Las AAA son las tres armas” (1977), realizada en el exilio en Perú, luego de la desaparición de Gleyzer.

 

Bibliografía:

de la Puente Maximiliano y Russo Pablo (2007): El compañero que lleva la cámara-cine militante argentino, Buenos Aires, Editorial Tierra del Sur.

Getino Octavio y Velleggia Susana (2002): El cine de las historias de la revolución, Buenos Aires, Grupo Editor Altamira.

Mestman Mariano (2004): entrevista inédita a cargo del autor y de Pablo Russo.

Peña Fernando Martín y Vallina Carlos (2000): El Cine Quema: Raymundo Gleyzer, Buenos Aires, Ediciones de la Flor.

 

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