Moreno. Conversaciones con el Mito

Apuntes sobre Moreno, de Ernesto Ardito y Virna Molina

 

Los fantasmas no existen. Solo perduran en la mente de nosotros, los vivos. Nos están alertando de un pasado inconcluso. Que vuelve una y otra vez en el presente. Ellos no atentan contra nuestra existencia, esa deuda sí. En Moreno

En cada época es preciso esforzarse por arrancar la tradición al conformismo que está a punto de avasallarla. Walter Benjamin

 

En Mariano Moreno, en su figura mítica, en los avatares históricos que su figura/obra generó, parecen condensarse los dilemas y las pasiones que fundan la nación argentina. Fundación dada por un magma dilemático que la breve pero encendida vida de Mariano Moreno parecería expresar cual trágico paradigma. Revolución y muerte temprana, los caracteres esenciales para un retórica de la heroicidad. Que deja tras de sí, un descalabro contra-revolucionario que trasmutará las llamas independentistas del mártir en la ignominia de las luchas intestinas. Un legado político que cual espectro retornará a lo largo de la historia del país, conmoviendo y actualizando las querellas de cada tiempo.

Pero cómo narrar un mito. Cómo describirlo, cuestionarlo, “deconstruirlo”, sin horadar su carácter aglutinante, su permitir/fundar comunidad. Cómo hacer para expresar algo de ese fuego tan fugaz como imperecedero. Cuál la estética, su politicidad, para dar con la trama discursiva en la cual se posicionen, y no adocenadamente, los “justos” indicios de una vida y obra fundamental, fundacional.

Tarea no pequeña pues la de Ernesto Ardito y Virna Molina de encarar este (su) Moreno. Directores que ya se han sumergido en responsabilidades mayúsculas (Raymundo, Corazón de fábrica, Nazion, Urondo, Pizarnik), con mayúscula responsabilidad (la que se advierte en el tiempo de investigación previa, en las apuestas estético-políticas asumidas, en la preocupación por entreverarse y cuestionar los modos de producción y distribución establecidos) He aquí pues algunas ideas surgidas, sugeridas, por esta obra, el hasta ahora último film de este sutil y poderoso tándem.

La fuerza arrolladora que nos lleva a escribir las palabras hace que no desaparezcan. (En Moreno)

Se sabe, el pensamiento (y práctica) liberal ha sumido a Mariano Moreno al exclusivo rol del pensador, del comprometido ciudadano fundador de La Gaceta. El paradigma del periodista, sobre el cual festejar incluso ese parnaso incorruptible denominado “libertad de expresión”, borroneando su radical apuesta y gesta política.

Pero el Moreno recuperado en este film, es de una complejidad y densidad mayor. Al periodista se le adosa de modo inescindible el intelectual atormentado por los avatares de la política. Asumiendo así un rol fundamental y categórico no solo su pensamiento, y su escritura, sino su intervención pública. Es decir, asumiendo el paradigma de una intelectualidad “orgánica”, en absoluto enclaustrada en alguna gesta progresista, ni en vericuetos corporativos, sino entendida y ejercida en la punzante conjunción entre el ser político y el periodista, entre el intelectual y el revolucionario, en suma, asumiendo un modo de pensar y actuar en la escena pública.

Hay allí entonces, y como una de las recuperaciones y problematizaciones que este film asume, una política de la intelectualidad, una pregunta por la politicidad del hombre público. Y que se plantea y actualiza en el debate planteado entre Tulio Halperín Donghi y Norberto Galasso. Es decir, entre un historiador academicista, cientificista, y un historiador que asume explícitamente su politización. Un debate que cobra absoluta actualidad en el marco no solo de los “usos de Moreno”, y su renovada discusión, sino en la figura del “pensador” contemporáneo, más cercano a las lógicas del academicismo burocratizado, abjurando de la escenarios públicos.

Esta es (veremos) una de las formas en las que vuelve, retorna, acosa, el fantasma de Moreno. Y es la figura del espectro la elegida para “representarlo”.

Golpear las sombras negras de los muertos. Nada sino golpes. En estas tumbas están los espectros de la patria. (En Moreno)

El agua vuelve, golpea. En el agua vuelve él, Moreno. Una figura nublada, en su inmaterialidad, y en el retorno de su voz, cavernosa, trágica. Las texturas de voces e imágenes, el clima gravoso, soterrado, compelen a un fantasmagórico Moreno, que en la dramaticidad de sus días, de su muerte en altamar, de las cartas enviadas por una mujer a su hombre ya muerto en altamar, se presentifica y afectiviza.

El cementerio de la Recoleta (otro, además del Río de la Plata), es el escenario en donde estas voces se entrecruzan. Cuna y féretro del pensamiento (liberal) nacional, la Recoleta se erige como un mapa de las batallas nacionales, ganadas, perdidas, pero aun candentes. Otro film reciente tiene a este cementerio como ámbito fundamental. Tierra de los Padres de Nicolás Prividera. En donde tales debates se esparcen con una patina de homologación, de fría indiferenciación de las violencias convocadas en las voces fantasmales que allí anidan. Moreno, el film, por el contrario, no aspira ni al afán totalizador, ni al trazo igualador. En la cavernosa (por momentos sacralizante) voz en off con la que Moreno (nos) habla, la Recoleta, el cementerio de nuestra historia eminentemente liberal, se vuelve un campo de batalla espectral, enjuiciatorio, (re)lapidante. Pero en ambos casos (en ambos films), apelando a la potencia de la anacronía, de la conjunción de tiempos, abjurando de la linealidades del (tiempo del) progreso, se expresaría un futuro (que de haberlo) hay que hallarlo en el pasado. En la recuperación crítica de las querellas que constituyen nuestro presente.

Pero el fantasma que vuelve, no es solo el de Moreno, sino fundamentalmente, y por lo de “definición de la política” que anida en él, el de su Plan Revolucionario de Operaciones.

Solo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer (Walter Benjamin)

Las luchas por el sentido de la Historia tienen en la Argentina al debate en torno a la autoría del Plan Revolucionario de Operaciones como uno de sus momentos más significativos y apasionantes.

“Extraviado” por Bartolomé Mitre (paladín de la historia nacional liberal), desacreditado por Paul Groussac (director de la Biblioteca Nacional a comienzos de siglo XX), defenestrado por Hugo Wast (también director de la Biblioteca Nacional, durante la década infame, luego reemplazado por Borges en el 55), actualmente no solo se enfatiza la autoría de Moreno, sino que ha sido reeditado (por la misma Biblioteca Nacional que en otras oportunidades lo había desestimado, en este caso bajo la dirección de Horacio González), y tiene en este film un nuevo mojón (entre otros, en la actualidad) de recuperación, tanto de su letra, como de sus definiciones sobre la política.

Tulio Halperin Donghi (el historiador de “Una nación para el desierto”) dirá que el Plan no es de Moreno, porque contiene todos los lugares comunes del jacobinismo, por lo que (sería evidente para Donghi) se lo quiso endilgar para desacreditarlo (desde el anti-jacobinismo, o sea, desde los sectores más conservadores). Definición por la negativa que expresa el carácter incendiario, reivindicador de la violencia, que toda una (otra) concepción de la política abjura. Este debate, tendrá, en el film, a la díada Donghi-Galasso, como parte de su actualización. Díada que así, no solo expresa dos modelos contrapuestos de intelectual, sino, y por lo mismo, una concepción adocenada y liberal de la política por un lado, y otra recuperadora de su carácter confrontativo y popular.

La relectura que se hace de Hugo Wast (nombre de fantasía con el que firmaba sus novelas Gustavo Martínez Zuviría, y que también aparece en el anterior film de estos directores, Nazion, una suerte de genealogía del pensamiento nacionalista católico argentino), que escribirá que “Castelli y Moreno eran terroristas, demagogos”, propone no solo la actualización de determinadas terminologías, de cierta retórica que atraviesa la historia argentina, incluso la actual, sino de un vínculo entre los sacrificados perdedores de la Revolución de Mayo, ante la rama conservadora liderada por Cornelio Saavedra. Un reciente film de Nemesio Juárez, La revolución es un sueño eterno, se centra de hecho en de la figura del orador de la revolución, Juan José Castelli, retratado magistralmente en la novela homónima de Andrés Rivera.

Así, la operatoria de “cepillar la historia a contrapelo” emprendida por Ardito y Molina, la de recuperar querellas fundacionales y desde esta inflexión benjaminiana (incluso la de hacer saltar el continuum de la historia, y adueñarse de un recuerdo –no como este verdaderamente ha sido sino- tal como éste relampaguea en un instante de peligro), en un tiempo en el que los debates en torno a la concepción y práctica de la política se entienden y viven fundamentales, invoca a lo más atildado del cine político argentino, o mejor aún de la más sugestiva politicidad de nuestro cine.

La impotencia de la muerte desata los fantasmas (En Moreno)

Se pregunta Jacques Derrida, cómo lidiar con los fantasmas (los mitos), siendo que no hay modo de conjurarlos de forma definitiva (retornan, siempre, y de formas insospechadas) Conversando con ellos, se responde, asumiendo su con-vivencia en el mundo de los vivos.

El agua, el del Río de la Plata, golpea, salpica. Y en ese rocío, en esa neblinosa nube, vuelven los muertos. Moreno, y los desaparecidos de la última dictadura militar. La apoteótica escena final del film de Tierra de los Padres, de un cementerio a otro (de la Recoleta al Río de la Plata), parece dialogar con el incesante golpear del agua ante esa figura fantasmal, que no es otra que la del mismo Moreno, regresando, acosando, reclamando por su injusta e infausta muerte, la de un proyecto común. Y como no oir allí, fundiéndose las voces, el reclamo (retorno) de los no enterrados, el de un modo de interrogar y experienciar la política, que intentó (también) ser sepultada en esas mismas aguas, un siglo y medio después.

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Infomación sobre el film: http://www.virnayernesto.com.ar/

Entrevista a los directores

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