Dossier. El PRT-ERP en imágenes

La experiencia político-militar del Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo es, sin dudas, una de las más importantes del pensamiento y la militancia de izquierdas en la Argentina. Sin embargo, su historia estuvo durante años acallada. En parte por la derrota que sufrió la organización, y en parte por el manto de silencio que la recuperación democrática construyó (merced a la teoría de los dos demonios alfonsinista).

El partido dejó de existir, y sus principales dirigentes murieron en la persecución y exterminio que los militares genocidas llevaron adelante. Eso provocó que casi nadie intentara apropiarse de esa herencia, y que viejos militantes muchas veces esquivaran el recuerdo y la reivindicación. Gran parte de la sociedad argentina les dio la espalda, y el Estado los construyó como demonios.

Fue a partir de mediados de la década del ´90 con la aparición de la agrupación HIJOS, quienes reavivaron las reivindicaciones de las luchas del ´70, que la reconstrucción histórica comenzó a cambiar. Y sobretodo con la crisis terminal del sistema neoliberal en el país, que llevó al estallido de diciembre del 2001. Fue ahí cuando las jóvenes generaciones militantes quisieron recuperar aquellas luchas, y los viejos militantes encontraron el ámbito y la necesidad histórica de contar su historia.

La militancia tomó las calles, las rutas, las plazas. Aquella tradición de lucha se volvió fundamental para enfrentar este presente, ante el cual casi nadie estaba preparado. Fue una reacción ante tanto olvido, y ante la falta de herramientas para transformar la realidad.

Como dijo Rodolfo Walsh “nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

 

Cine militante

A partir de ese 2001 los jóvenes se volcaron a las calles, y con sus cámaras digitales quisieron “filmar la realidad”. Estas nuevas tecnologías permitieron que muchos puedan registrar los múltiples sucesos de aquellos días: cortes, marchas, represión, ollas populares, resistencia. Se conocieron muchísimos videos, cortos, trabajos de registro. De a poco, fueron formándose grupos, que intentaban aunar esfuerzos personales, a veces con una guía partidaria.

Los cine-debate comenzaron a ser cada día más frecuentes, ante una ciudadanía que despertaba a “la cosa pública”, y que estaba ávida de información, que le permitiera enfrentar el discurso hegemónico de los medios masivos de comunicación. “Nos están meando y los medios dicen que llueve”, podía leerse en las calles.

En ese marco reapareció un nombre, que hasta entonces sólo circulaba entre militantes y cinéfilos: Raymundo Gleyzer. Su experiencia como militante del PRT-ERP y la creación del Grupo Cine de la Base, representó para realizadores y militantes un horizonte posible en la construcción de nuevas herramientas comunicacionales. Y representó un espaldarazo para que los materiales que había realizado comenzasen a circular. Un nuevo público tuvo entonces acceso a Los Traidores, Me matan si no trabajo o Ni olvido ni perdón. Costaba un poco más poder ver sus trabajos sobre los comunicados del ERP SWIFT o BND. Pero ese interés creciente permitió recuperar una experiencia cinematográfica fundamental, que había permanecido olvidada, y en algunos casos, casi desaparecida. Fue esencial para ello la película Raymundo, de Ernesto Ardito y Virna Molina, como así también los materiales audiovisuales generados por el grupo Mascaró, cine americano. Esos jóvenes realizadores también fueron parte de la recuperación de la historia del PRT-ERP, y durante toda la década se conocieron diversas películas que trabajaron la temática: Los perros, Gaviotas Blindadas, Errepe, Sangre y azúcar, etc. Se recuperaban materiales, y se registraban los testimonios de aquellos que habían logrado sobrevivir al genocidio. Esas películas forman parte de la construcción de la memoria del partido, como asi también los diversos libros que aparecieron durante esos años.

En dossier analizamos tanto la producción cinematográfica del Grupo Cine de la Base, realizada por una célula conformada por militantes del PRT-ERP; como las películas que han trabajado sobre diversas temáticas relacionadas con la historia del partido. Creemos que es un aporte para historiar esa experiencia política, pero también para construir herramientas necesarias para el cine militante. Un intento de recuperar discusiones estéticas/políticas, que entendemos fundamentales.

 

Ensayos:

Cine de la Base: Difundir las luchas hasta las últimas consecuencias (por Maximiliano de la Puente).

La representación de los trabajadores y sus conflictos en el cine argentino: Los traidores, de Raymundo Gleyzer (por Pablo Russo).

Espectros, violencias, imágenes. Una lectura sobre “Ni olvido, ni perdón” y “Las AAA son las 3 armas” del Grupo Cine de la Base (por Sebastián Russo).

Recuperar el pasado desde el archivo: las lecturas de los documentales audiovisuales de la trayectoria del PRT-ERP (por Juan Pablo Cremonte).

A 10 años de “Raymundo” (por Ernesto Ardito y Virna Molina).

 

Reseñas:

México, la revolución congelada. “…y ahora estamos libres, ¿o no estamos libres ahora?” (por Amalia Van Aken).

Me matan si no trabajo, y si trabajo me matan (por Juan Ciucci).

Expresión fílmica de la guerra popular: Comunicado cinematográfico del ERP, números 5 y 7. Swift (por P.R.).

Seré millones (por J.C.).

 

Entrevistas:

Un Químico en Cine de la Base. Entrevista a Leopoldo Nacht (por Daiana Rosenfeld y Aníbal Garisto).

Entrevista realizada por Tomás Gutierrez Alea a Raymundo Gleyzer en 1970 (por Tomás Gutiérrez Alea).

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