México, la revolución congelada “…y ahora estamos libres, ¿o no estamos libres ahora?”

Por Amalia Van Aken

México, la revolución congelada

Guión y dirección: Raymundo Gleyzer

Sonido: Juana Sapire

Fotografía y cámara: Humberto Ríos

Montaje: Steve Susman

Año de realización: 1970

 

En 1911 el movimiento revolucionario logró derrocar a Porfirio Díaz del poder después de 34 años de dictadura, en un México donde los hacendados habían logrado deslindar las tierras de los indígenas y campesinos, concentrando cada vez más la propiedad en menos manos y consolidando un sistema de trabajo esclavo. El nuevo presidente electo, Francisco Madero, restituyó sólo algunas tierras a las comunidades campesinas, sin llevar a cabo la totalidad de la reforma agraria, enfrentándose así con las reivindicaciones populares.

Madero, “reformista a medias” (1), no tenía el apoyo de los revolucionarios ni tampoco de los seguidores del régimen derrotado, de modo que Victoriano Huerta, el sobrino de Porfirio Díaz y el embajador de Estados Unidos, lo ejecutaron en 1913. Huerta asumió la presidencia y promulgó una serie de medidas conservadoras que pronto hicieron estallar una nueva insurrección. Venustiano Carranza, Pancho Villa y Emiliano Zapata se organizaron nuevamente con los campesinos en diferentes puntos del país y lograron que Huerta se exiliase. En 1914 Carranza asumió la presidencia, pero la restitución total de las tierras y la expropiación de los latifundios a los hacendados seguía siendo una promesa. Sin embargo tenía el apoyo de la “incipiente clase obrera” (2) y eso favoreció su consolidación en el poder.

Se intentaron conciliar las facciones en lucha, pero fracasaron dejando en evidencia las diferencias entre Pancho Villa y Zapata, por un lado; y Carranza por el otro. Villa y Zapata se enfrentaron a las tropas de Carranza, que tenían el apoyo de Estados Unidos, pero fueron derrotados y éste último recuperó el poder. Según el relato de México, la revolución congelada, Carranza fue el verdadero triunfador de la Revolución, y con él la burguesía.

Desde 1928, tanto con la forma de PNR (Partido Nacional Revolucionario), de PRM (Partido de la Revolución Mexicana) o de PRI (Partido Revolucionario Institucional), el partido oficial, institucionalizador de la revolución, se consolidó como Estado al servicio de las minorías dominantes sin perder de vista el discurso de los principios revolucionarios, demagogia con la cual logró sostenerse en el poder.

De esta revolución “congelada”, utilizada y reabsorbida en favor de los beneficios económicos de los monopolios, y de la burguesía que vive de ellos, partió Raymundo Gleyzer para realizar su primer largometraje; historia de la que sacará los hilos para vincularla a la situación tanto de México como de toda América Latina en su actualidad de 1970, momento en que se filma el documental. Todavía el grupo Cine de la Base no estaba constituido como tal, lo que ocurriría durante la realización de su siguiente largometraje: Los traidores. El interés de formar un grupo partió, sobretodo, de la necesidad de crear un circuito de distribución para que sus películas pudieran verse en la mayor cantidad de lugares posible, por fuera de los circuitos comerciales, y de que posteriormente fueran debatidas y discutidas por los espectadores. Y si bien México… nació antes que el grupo, también fue mostrada luego en el marco de las exhibiciones de Cine de la Base.

México, la revolución congelada comienza con un paneo sobre la caravana de la comitiva de Luis Echeverría, mientras una voz en off da información estadística sobre la población analfabeta de México y sobre los años en los que el PRI viene sucediéndose en el poder.

Luego aparecen las imágenes de la campaña electoral para la presidencia de Echeverría, en 1970; la nueva “esperanza” del Partido Revolucionario Institucional. Una secuencia muestra a unos hombres tomando las pancartas de un camión que luego se aleja mientras la cámara se va con él, dejando atrás a los hombres. Esta imagen puede verse como una síntesis de la idea que Gleyzer y su equipo intentarán construir para el espectador a lo largo de la película. Más adelante la voz que narra en off contará cuál es “la ideología de la pancarta” (3) del PRI: se trata de “la posibilidad de ser visto cuando llegue el candidato” (4); por eso es tan importante que cada uno pueda conseguir una y la levante en alto.

En su discurso inaugural, el futuro Presidente no se olvida de rescatar los principios revolucionarios que lo legitiman en su puesto actual, a él y a las medidas que tomará o continuará, siempre a favor de los intereses económicos de la clase burguesa dominante. Mientras tanto el montaje del film alterna con imágenes de la Revolución de 1910 y con los rostros curtidos del pueblo que escucha a su futuro presidente, como queriendo encontrar el nexo insólito que une esas imágenes con el discurso de Echeverría.

La película es una síntesis de 60 años de historia mexicana donde hay una línea de la que Raymundo Gleyzer parte para concluir con imágenes fotográficas de la masacre en la plaza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968. Para construir el documental se valió de diferentes herramientas; por un lado entrevistó a campesinos y soldados que lucharon junto a Zapata reclamando sus tierras; en algunos casos interactuando activamente con el entrevistado a partir de sus preguntas realizadas desde el fuera de campo. Por otro lado entrevistó también a una hacendada de Yucatán y a un dirigente de la izquierda oficial: el Partido Popular Socialista, quien afirma el apoyo de su partido a la elección de Echeverría y su proyecto político; y da cuenta de una postura ambigua con respecto a la masacre de Tlatelolco. También realizó un seguimiento de la vida de Antonio López, trabajador del henequén, quien “dramatiza” situaciones de su vida cotidiana, reproduciendo escenas familiares y laborales. De esta manera muestra la situación de todos los mayas de Yucatán de los que, más allá de que la reforma agraria los haya convertido o no en propietarios de su tierra o en usufructuarios de la tierra del gobierno; no les sirve de nada, ya que en ella sólo pueden cultivar el producto para fabricar el hilo sisal que les compra un monopolio a un precio de explotación. Y eso en el caso de los que tienen acceso a la tierra. Muchos otros indígenas siguen esperando las tierras prometidas y continúan bajo el yugo de algún terrateniente. Así es como el cineasta traza un mapa político para entender contextual e históricamente algunos de los procesos por los que en la actualidad los campesinos continúan trabajando por salarios de hambre y alimentándose con tortillas de maíz, frijoles y café todos los días de su vida. Hasta incluye el testimonio de un médico, que informa sobre la carencia nutricional que implica para el organismo la dieta con estos alimentos. “El sistema no revela sus hondas contradicciones solamente cuando caen quinientos estudiantes muertos en la matanza de Tlatelolco. Recogiendo cifras oficiales, Alonso Aguilar llega a la conclusión de que hay en México unos dos millones de campesinos sin tierra, tres millones de niños que no reciben educación, cerca de once millones de analfabetos y cinco millones de personas descalzas.” (5)

Para Gleyzer el error de la Revolución fue no tener en claro sus objetivos políticos y no estar preparada para la toma del poder, por eso el “espontaneísmo de las masas” (6) pudo ser cooptado por otro sector que sí tenía claros sus intereses: la burguesía. “La película analiza las desastrosas consecuencias de una revolución sin ideología ni vanguardia que la sustente. Con todas sus banderas robadas por el partido de la burguesía –el PRI-, el heredero por decreto de las consignas revolucionarias de 1910” (7).

La historia de México, entonces, se yergue como paradigma de la situación latinoamericana. La situación de explotación, pobreza, la posesión “nominal”, “simbólica” de las tierras por parte de los campesinos, que deben vender su materia prima al precio fijado por los monopolios, y al mismo tiempo una creencia arraigada, contra la que Gleyzer se opone y desde la cual parte para realizar México… que es la idea de que la Revolución cambió algo en la situación de los campesinos y de los indígenas, y que antes estaban peor que ahora. El campesino que relata su experiencia, habiendo combatido en una de las tropas de Zapata, expresa esta contradicción. Cuando Raymundo le pregunta de quién eran las tierras antes, contesta que del hacendado y que ellos no eran libres porque el hacendado los explotaba; y que ahora las tierras son del gobierno, y que por eso “ahora estamos libres, ¿o no estamos libres ahora?” (8). Esta pregunta que el campesino le realiza a Gleyzer (o a sí mismo), puede interpretarse, por el inmediato corte posterior que realiza el director, como una pregunta que debemos hacernos todos los que estamos viendo la película, y que remite no sólo a la situación concreta de México, sino a la de toda América Latina.

En la entrevista que le realiza el diario Mayoría, Raymundo explicita el diálogo entre México… y la situación política en Argentina: “…en México también se le dio el tiro de gracia a la dictadura de Porfirio Díaz pero las causas de la infelicidad del hombre también hoy subsisten. Por eso entiendo que mi película es vital para el entendimiento de las posibilidades de la revolución en la Argentina y cuando hablo de revolución me estoy refiriendo a la liquidación de la sociedad capitalista y la instauración de un sistema socialista que termine con la explotación del hombre por el hombre.” (9). Y en La Opinión agrega: “Para nosotros (los realizadores) el proceso revolucionario mexicano ejemplificaba de manera gráfica y concreta qué ocurre cuando la burguesía hegemoniza esa transformación y no el proletariado o el campesinado; es decir, las clases productivas.” (10)

Desde la izquierda peronista argentina y también desde la izquierda mexicana se le criticó no haber profundizado la penetración de Estados Unidos como factor “congelante” de la revolución y de sus proyectos básicos, como tampoco haber trabajado en profundidad con la experiencia de Lázaro Cárdenas, quien fuera el presidente más revolucionario en la historia del PRI. También fue cuestionado por la entrevista al dirigente del PPS. Carlos de Hoyos, por ejemplo, en una carta dirigida a Gleyzer el 22 de abril de 1972, le hace saber su opinión: “…¿creés que el Partido Popular Socialista es de alguna manera representativo de alguna corriente de izquierda que tenga realmente algo que decir al movimiento? (…) Creo que se debería especificar y situar más concretamente al PPS y lo que significa en la política mexicana” (11) Benjamín Giser también lo cuestionó: “…yo le decía entonces que no se podía poner en la misma bolsa a la burguesía claudicante que estaba usufructuando las ideas de la revolución, con lo que era el marxismo mexicano, que de hecho confrontaba con el oficialismo.” (12) Evidentemente resultaba “chocante” escuchar hablar a un representante de la izquierda con una foto de Marx de fondo sobre sus acuerdos con el oficialismo; pero precisamente se trataba de descubrir esa aparente incoherencia, develando el verdadero papel que juega quien no es más que cualquiera de los grupos de “la traición” a la revolución mexicana. Gleyzer respondió a las críticas que le parecía evidente que detrás de los intereses políticos y económicos se imponía la presencia de los Estados Unidos (13), y que tanto con respecto a eso como a la figura de Cárdenas, la película no estaba terminada y se le agregaría una parte que desarrollara ambos conceptos. “La investigación continúa inclusive ahora que la película está terminada y se empezó a exhibir. Bueno, terminada no, porque pensamos agregarle un capítulo que refuerce la imagen de la penetración norteamericana (…) y además porque queremos comprobar la repercusión en el público de lo que nosotros buscábamos” (14) y con respecto a la presencia del PPS dijo: “Con ese pasaje quisimos mostrar hasta dónde llegaba la perfección del engranaje, que incluye su propia izquierda disidente, legal y todo”. (15)

Esta película, como todas las que posteriormente realizó ya como parte integrante del grupo Cine de la Base, tenía el objetivo de provocar una reacción política en quienes la vieran, de manera que fue concebida para completarse con su exhibición. El mismo Gleyzer afirmó que la vieron 80 millones de personas en casi todo el mundo, inclusive en México, donde se pudo exhibir a través de la Universidad Autónoma de México (16). Obtuvo el primer premio del Festival de Locarno de 1971 y fue presentada en varios festivales en Latinoamérica y en Europa, proyectándose incluso en ámbitos académicos de Estados Unidos. Sin embargo en Argentina el embajador mexicano consideró que no era apropiado exhibirla y el Ente Nacional de Calificación Cinematográfica consideró que tenía razón y censuró su estreno. “El Ente se transforma así en censor político y acepta condicionar sus decisiones a meras presiones diplomáticas. Es más, me consta que el requerimiento de la embajada de México fue formulado sin consultar a la Cancillería de su propio país, lo cual torna más irrisoria aún la prohibición del Ente.” (17)

La película se estrenó oficialmente en el cine Lorca en 1973, pero antes se pudo ver en funciones del Cine Club Núcleo, en 1971 (18) y probablemente también en otros espacios de exhibición “no convencionales”; sin embargo recién a partir de 1973, con la formación del grupo Cine de la Base, la distribución y exhibición de las películas (tanto del grupo: como Los traidores, como las previas de Gleyzer: como México…, así como también Operación Masacre, de Jorge Cedrón, entre otras) se sistematizaría en un circuito paralelo al de los cines, en el que pudiera verla y debatirla la gente que no iba al cine. La base.

 

1 – México, la Revolución congelada.

2 – Ibídem.

3 – Ibídem.

4 – Ibídem.

5 – Galeano, E. (1974) Las venas abiertas de América Latina. Buenos Aires: Siglo XXI, p. 192.

6 – Ibídem.

7 – Entrevista a Raymundo Gleyzer, Diario Mayoría del 12 de mayo de 1973.

8 – México, la Revolución congelada.

9 – Entrevista a Raymundo Gleyzer, Diario Mayoría del 12 de mayo de 1973.

10 – Eduardo Saglul en Diario La Opinión del 11 de mayo de 1973.

11 – Citado en Peña, F. M. y Vallina, C. (2000) El cine quema: Raymundo Gleyzer, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, p. 63-64.

12 – Peña, F. M. y Vallina, C. (2000) El cine quema: Raymundo Gleyzer, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, p. 66.

13 – Diario La Opinión del 11 de mayo de 1973.

14 – Peña, F. M. y Vallina, C. (2000) El cine quema: Raymundo Gleyzer, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, p. 64.

15 – Entrevista de José Wainer a Raymundo Gleyzer en Marcha, Montevideo, enero de 1971; citado por Peña, F. M. y Vallina, C. (2000) El cine quema: Raymundo Gleyzer, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, p. 65.

16 – Entrevista a Raymundo Gleyzer, Diario Mayoría del 12 de mayo de 1973.

17 – Raymundo Gleyzer en Diario La Razón del 29 de octubre de 1971.

18 – Revista Análisis, 17 al 23 de septiembre de 1971.

 

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