“NO” de Pablo Larraín: esto es sólo un filme.

un estado es también la suma de sus ficciones”. Rafael Spregelburd

Larraín se mantiene en el filo de un abordaje anti-político a la política. Desde la perspectiva simbólica, sus filmes juegan, pervierten, procesan los imaginarios, signos e iconografías colectivas, cristalizadas de la historia (también cristalizada) de un país.  Es evidente, a estas alturas, que su jugada ha sido por el vaciamiento de  la significación hacia la esfera pop de la cultura de masas.  Si en Tony Manero abordaba la desaparición (metafórica y literalmente) de la política en la relación con la música pop y el cine;  en Post- Mortem el cadáver- significante de Allende marcaba el tono general de un thriller porno-político. En No, se trata, claro, de la campaña publicitaria que llevará a la victoria la oposición política a la dictadura de la mano de un experto en el lenguaje de masas, el publicista  René Saavedra.  La tesis histórica y el énfasis en este lugar desde donde se interpela al “pueblo” – como cifra, centrada en los indecisos votantes- posee correlato en el desencanto político de la Concertación; a su vez el filme deja intacto el proceso.  Aún así, hay aquí una tesis sobre la política: la decisión siempre pareció venir de “arriba” y no de “abajo” (se opone a la tesis de izquierda: malestar se cristalizó en movimientos sociales). Quizás hay que pensar esto en relación a la tecno-cracia.

Pero en No las cosas han tomado forma, esas relaciones (signo-historia, ícono-política) parecen haber decantado, encontrando un lugar específico para situar una pregunta. En suma, se trata de la pregunta por el narrador (su función, desplazamiento, ausencia), por el relato (su constructo, e interpelación) y  por la comunidad (los íconos que la construyen). Es fascinante la “guerra” en imágenes entre las campañas del SI y el NO (amplificadas, re-montadas, enrostradas al espectador), y la mirada a una política que de ahora en adelante será llevada a cabo primero por sus imágenes y después por sus ideas. En ese sentido, René Saavedra será el narrador por excelencia de los ´90, quien producirá imágenes “que están basadas en el contexto social”, para poder promover productos (sea una marca, un político o una teleserie). Será un narrador desencantado y con imaginería propia: no la de la Historia si no la de la cultura de masas. Será su gran capital. Es la sensibilidad social la que ha cambiado y este es su narrador, y ese es el indicio claro para una película que es tanto texto como síntoma. Es la zona de “verdad” del filme.

A la fascinación- por parte de toda la cultura pop global- por el pasado, y que hoy parece ser en nuestras ficciones un objeto “en ascenso” (Archivos del Cardenal, Los ochenta), aquí debemos sumar la fascinación por sus aparatos y sus imaginerías. La imagen en formato U-matic, aquí no sólo existe para contextualizar los eventos o los archivos, si no para establecer una relación- visual- con el archivo y aumentar el énfasis de la fábula ficcional que veremos, su autonomía como mundo (otro tema en Tony Manero). A esto Larraín suma saltos espaciales en la diégesis temporal y saltos explícitos entre el uso del archivo y los personajes “reales” que realizan cameos en esta producción ( Patricio Aylwin, Florcita Motuda).  La conexión con Chile hoy se da a partir de la relación entre estos saltos, que, como en Tony Manero, están puestos más para producir un shock que para establecer alguna relación. Es de ahí, también, donde su seducción funciona, en esa escisión, lejos del pathos del discurso documental de denuncia (el que también sale comentado dentro del filme), cerca de la creación de una esfera envolvente, pulsionalmente compleja, de la ficción cinematográfica.

Los filmes de Larraín, en sus mejores momentos, parecen un mal sueño de la Historia, no tanto su representación.  A decir verdad, en más de un momento, No parece lograr sumergirnos en ese sueño.

http://culturacanibal.blogspot.com.ar

Ficha técnica:
Director Pablo Larraín
Guionista Pedro Peirano
basado en la obra Referéndum de Antonio Skármeta
Productor Juan De Dios Larraín
Daniel Dreifuss
Fotografía Sergio Armstrong
Montaje Andrea Chinogli

 

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