El peronismo en Raymundo Gleyzer: entre la lucha y la traición

“Conocimos en las cárceles de la Dictadura Militar y en el transcurso de la lucha numerosos peronistas revolucionarios y sabemos de su temple y su amor al pueblo y a la patria; confiamos por eso en que gran parte de ellos sabrán seguir con honor el camino que indicara el inolvidable y ejemplar Montonero Mariano Pujadas, héroe popular peronista, cuando dijo en Trelew: “Aquí hay compañeros de tres organizaciones. Esta acción es significativa de nuestra voluntad de unión. Estamos juntos en esto y vamos a luchar juntos por la liberación de nuestro pueblo””.

Mario Roberto Santucho Las definiciones del peronismo y las tareas de los revolucionarios Agosto de 1973

Desde su aparición, en aquella mítica plaza del 17 de octubre de 1945, el peronismo se ha convertido en el actor central de la vida política argentina. Y lo fue especialmente en las décadas del ´60-´70, cuando nuevos aires revolucionarios retomaron su legado, y una joven generación quiso llevar su nombre como bandera a la victoria.

Aquellos que se volcaron a la lucha revolucionaria por lograr la revolución socialista, como fue el caso de miles de militantes del PRT-ERP, tuvieron que analizar las complejidades de ese fenómeno político. En su práctica militante, esa presencia necesitaba ser discutida. El peronismo no era sólo aquel viejo partido que gobernó la Argentina en los ´50, sino que también era el espacio de militancia de miles de jóvenes que luchaban por la patria socialista.

Mario Roberto Santucho dedicó muchas páginas de su producción intelectual y militante para desentrañar ese conflicto latente en el Movimiento Nacional Peronista. Allí confluían la fuerte identificación de los trabajadores con Perón, el intento de muchos sectores por hermanar al marxismo con el peronismo, la elección por la lucha armada, la ideología burguesa que gobernaba el movimiento, la difícil caracterización de Perón, los sectores retrógrados que ganaban lugar en el peronismo, el papel de la burocracia sindical, la tercera posición

Santucho siempre intentó separar los distintos actores del peronismo, y establecer diálogos con aquellos que identificaba como compañeros en la lucha común. Las denuncias contra Perón y su movimiento intentaban, al mismo tiempo, construir lazos con el peronismo revolucionario. En julio de 1976 seguía peleando por lograr esa unidad…

Estas tensiones y propuestas están presentes en las películas de Raymundo Gleyzer, tanto en su producción personal como en la filmografía del Grupo Cine de la Base. A la par de las denuncias de complicidad y traición contra el peronismo, se rescata el valor de los militantes que luchan heroicamente bajo de esa bandera. El caso de Rodolfo Ortega Peña es clave en ese sentido, ya que la última película filmada por Gleyzer Me matan si no trabajo y si trabajo me matan es también un homenaje a la militancia del abogado asesinado por la Triple A.

Podemos pensar en Ocurrido en Hualfín como una película paradigmática de la concepción del peronismo que tiene Raymundo: bajo la promesa de la justicia social, la realidad de la clase obrera prácticamente no se ha visto modificada, y para peor, los trabajadores siguen esperanzados por aquello que vivieron de un modo efímero. Esa revolución que no fue, por la cual hoy siguen penando, permanece en sus memorias retardando su accionar presente.

De un modo más estructural, México la revolución congelada sigue ese mismo camino. Mucho antes de que se pusiera de moda comparar al peronismo con el PRI, Gleyzer analiza las complejidades de una revolución que no fue. Retomando aquella máxima del Che: la revolución será socialista o será una parodia de revolución.

“Hay necesidad de creer”, dice la voz en off que acompaña las imágenes de la campaña presidencial de Luis Echeverría. En México Gleyzer realiza una recorrido por la revolución mexicana, de donde logra extraer enseñanzas útiles para los nuevos movimientos revolucionarios. “Si las grandes masas no tienen como objetivo la transformación de la sociedad, fracasan en la toma del poder. La burguesía, que sí tiene ideología, espera su turno”.

Lo que pasó con Pancho Villa y Emiliano Zapata pasó también con Lázaro Cárdenas. Sin una ideología propia, los campesinos perdieron la revolución. “La burguesía revolucionaria no resolvió, no resuelve ni puede resolver ninguno de los problemas fundamentales. Para llamarse revolucionario hay que acabar con la explotación del hombre por el hombre”, continua el relato en off de la película. “Hay que nacionalizar las industrias y la banca. Hay que acabar con el privilegio, hay que distribuir la riqueza. Hay que hacer una revolución socialista”.

Dentro del campo popular hay compañeros de lucha que buscan por otros caminos el socialismo. Y que en su propia practica militante, es esa la hipótesis, podrán comprender los límites del peronismo. En ese sentido, Los traidores puede interpretarse como uno de los mejores análisis de la resistencia peronista, y de los diversos caminos que tomaron los militantes del movimiento nacional y popular: la lucha o la traición.

Barrera es un dirigente obrero, que crece desde las bases por su actitud rebelde, pero que claudica de todos sus ideales al llegar al poder. Sin embargo, esa claudicación ya estaba presente en su accionar obrero, al no tener una clara caracterización del enemigo a enfrentar, y de las armas a utilizar en esa batalla.

El peronismo es también ilustrado con fina ironía, y con el dolor de ya no ser. Junto a su padre Barrera recuerda el golpe del ´55 y cómo no alcanzó la reacción de los trabajadores para frenarlo, abandonados por su conducción. “Los gorilas se avivaron que andábamos flojos y nos dieron con todo en la Plaza de Mayo”, le dice su padre. Y recuerdan a Miguel, quien murió durante el bombardeo. “Eso sí que fue rifar la vida”.

Ese apoyo obrero a Perón de nada sirvió, nos dice Gleyzer, pero a la vez rescata esas pequeñas historias de las bases obreras, esas experiencias que van forjando su conciencia. No es una lectura gorila la que realiza del peronismo: intenta exhibirlo en sus claroscuros, diferenciando la conducción de las bases militantes.

Entre el PRT-ERP y el FAS: democracia y lucha armada

Para juzgar cómo aparece el peronismo en la obra de Raymundo Gleyzer, es preciso comprender los diferentes planteos realizados por el PRT – ERP y el FAS. Muchas veces se pasan por alto los intentos del Partido Revolucionario de los Trabajadores por generar frentes legales, que le permitiesen accionar durante el período democrático que comienza el 25 de mayo de 1973. Esa acción legal no incluía abandonar la lucha armada, en una concepción de poder dual que le traería muchísimos inconvenientes.

Como dice Pablo Pozzi en El PRT-ERP, la guerrilla marxista “hay que evitar, por improcedente, una discusión en torno a si el PRT-ERP debería o no haber valorado la democracia electoral de 1973. El PRT-ERP fue una organización cuyo objetivo era la revolución socialista. Como tal intentó aprovechar los espacios legales brindados por la apertura de 1973. (…) El PRT-ERP diferenció claramente entre democracia electoral y dictadura y es falso suponer que era participe del concepto de “cuanto peor, mejor”. (…) El PRT-ERP se ubicó claramente del lado de la democracia popular, como también queda claro que algunas de sus grandes acciones militares después del 25 de mayo de 1973 fueron contradictorias con esta intención”.

En uno de sus textos más importantes del período Las definiciones del peronismo y las tareas de los revolucionarios Mario Roberto Santucho dice en agosto de 1973: “algunos compañeros nos han criticado diciendo que hemos atacado a Cámpora y a Righi y ahora los defendemos, que no los hemos diferenciado del peronismo reaccionario. No es así, nosotros diferenciamos siempre al peronismo progresista del contrarrevolucionario y precisamente nuestras críticas a Cámpora y a Righi, diferentes a las formuladas contra López Rega, Osinde, etc., se han producido en la medida que ellos cedían a las presiones derechistas y llamándolos siempre a no ceder y a sumarse a la lucha obrera y popular. Por otra parte, nosotros como revolucionarios marxistas-leninistas que nos debemos a la clase obrera, no podemos apoyar sectores vacilantes, no podemos despertar esperanzas en políticos que no realicen una práctica revolucionaria”.

Estos planteos demuestran las complejidades que se le planteaban al PRT-ERP al analizar la nueva realidad de un gobierno popular, a la vez que demuestran los cambios permanentes que se producían en la vida política nacional. Esto puede verse en el Editorial de El Combatiente N° 112, del miércoles 3/04/1974, Perspectivas de la lucha democrática de Mario Roberto Santucho.  “Naturalmente, que cualquier conquista en las condiciones actuales de dominación capitalista que sufre nuestra Patria, tiene un carácter relativo, transitorio; es sólo una cesión momentánea de los explotadores, su gobierno y sus FFAA, que persigue evitar una batalla en condiciones desfavorables, pero está acompañada de medidas de preparación, para arremeter y anular esas conquistas en la primera ocasión favorable. De ahí que los revolucionarios deben mirar las libertades conquistadas no como un fin en sí mismo, sino como un medio para mejorar la preparación, ampliar los vínculos con las masas, en una palabra, valerse de la legalidad como herramienta para consolidar las fuerzas revolucionarias de la clase obrera y el pueblo y estar en las mejores condiciones posibles para los nuevos choques que sin ninguna duda se producirán más adelante. (…) La lucha democrática y el logro de conquistas en este terreno, constituye y constituirá un poderoso aliciente para reconstruir la unidad obrera y popular, romper con el divisionismo y el sectarismo, retomar los niveles unitarios del período de lucha antidictatorial y a partir de allí sentar cimientos permanentes y sólidos para la urgente e insustituible unión de todas las fuerzas obreras y populares, progresistas y socialistas, e incluso influir y atraer a otros sectores afines”.

Como parte de esa voluntad de acción en el marco legal, en las Resoluciones del Comité Ejecutivo del PRT-ERP de abril de 1973 se reafirma la decisión de lanzar “un amplio movimiento legal” con el objetivo de “nuclear en su seno a las amplias masas antiimperialistas (…) [ya que] nuestra actividad legal realizada hasta el momento se caracterizó por el sectarismo, salvo excepciones”.

Con el antecedente fallido del Frente Antimperialista Antidictatorial, surge el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS), que tendría por misión ser el frente político legal del PRT-ERP.

Ese frente buscaba diferenciarse del propuesto por el peronismo, expresado en el Frente Justicialista de Liberación. Así se explica en El Combatiente N° 103, del miércoles 2/01/1974. “Un frente es una unión o alianza de clases para concretar el logro de objetivos que son comunes. Es precisamente esa diferenciación de clases y esa comunidad de intereses lo que hace necesario y posible el frente. La diferencia de clases hace necesario el frente, pues si los intereses de clase en juego fueran absolutamente homogéneos no sería necesario un frente, bastaría un partido para representarlos. Si por el contrario, en esos intereses diferentes no hubiera puntos fundamentales comunes, el frente no sería posible. (…) El frente que propone la clase obrera (…), es el frente de los explotados. Frente que sólo puede realizarse contra los explotadores y por los intereses comunes a las grandes masas populares, por su unidad para conquistar  una vida digna y feliz”.

El FAS se convierte así en el espacio en el cual comienzan a confluir diversos grupos que coinciden con su programa antiimperialista y socialista. Sus Congresos fueron espacios dónde se discutían los proyectos futuros y la dura realidad del presente. La Dirección Nacional del FAS demuestra esa voluntad de unidad en la lucha: Armando Jaime, Simón Arroyo y Manuel Gaggero del Frente Revolucionario Peronista; Oscar Montenegro y Gregorio Flores, dirigentes obreros del PRT-ERP; Alicia Eguren del Peronismo de Base; Silvio Frondizi del Grupo Praxis; más la participación individual de figuras de renombre, como Rodolfo Ortega Peña y Luis B. Cerruti Costa.

De los documentos de los Congresos del FAS pueden extraerse los principios que intentaron organizarlo. En su VI Congreso realizado en la ciudad de Rosario, Santa Fe, el 15/06/1974, decían: “el FAS, que surge de las movilizaciones y luchas populares, que intenta aportar con la fuerza de la unidad el de la liberación nacional y social, convoca de este sexto Congreso a buscar todas las formas posibles de coordinar nuestras fuerzas en la lucha por las libertades democráticas de nuestro pueblo contra la tortura y la represión, contra el imperialismo y las clases explotadoras, por la unidad de todos los explotados en el camino de la movilización y la lucha por la Patria Socialista”.

Sin embargo, no logró consolidarse más allá de esos encuentros y propuestas. “A pesar del crecimiento del FAS, continúa Pablo Pozzi, a partir de su teorización sobre el poder dual el PRT-ERP consideró a mediados de 1974 que se estaba convirtiendo en una herramienta estrecha e insuficiente. La organización juzgaba que la lucha de clases se había agudizado lo suficiente como para abrir una nueva etapa “que se caracterizará por gobiernos pro imperialistas, abiertamente antipopulares divorciados totalmente de las masas y distanciados hasta de algunas apoyaturas burguesas” (Comité Central, sep 1974). Por eso propuso al FAS que éste se convirtiera en la base de un Frente Democrático, Patriótico y Antimperialista que buscase, a través de ampliar su programa, acuerdos con otras fuerzas progresistas. El pronóstico era acertado, sin embargo el PRT-ERP no estimó correctamente la repuesta de las otras fuerzas políticas. El resultado fue la decadencia del FAS, alejando aquellas fuerzas que reivindicaban el socialismo abiertamente, sin lograr ampliar el marco de alianzas con los partidos de la izquierda reformista o la pequeña burguesía progresista. De alguna manera es irónico considerar que el PRT-ERP puso fin a una de sus principales herramientas democráticas, precisamente a causa de buscar acuerdos con fuerzas políticas que, al fin y al cabo, jamás habían estado interesadas en la defensa de los espacios democráticos”.

FAS: un frente cultural en la legalidad

Nos es útil seguir la exposición de Marcelo Maggio en Diario El Mundo. PRT-ERP: prensa masiva para una política de masas, para analizar la relación del Grupo Cine de la Base con el FAS. “El proyecto periodístico del diario El Mundo y el resto de las actividades de masas impulsadas por el PRT-ERP demuestran una permanente preocupación no sólo por el peronismo sino también por los límites de la democracia representativa. (…) La prensa legal de nivel nacional contaba con dos publicaciones: el diario El Mundo (dirigido por Cerruti Costa y Manuel Gaggero) y la revista Nuevo Hombre (dirigida por Silvio Frondizi). Ambas publicaciones eran articuladoras y difusoras de la herramienta para la política legal del PRT-ERP: el FAS”. Podemos sumar la experiencia del  grupo Libre Teatro Libre, también inscripto dentro del frente legal.

Es en la revista Nuevo Hombre del 4/01/1974 donde aparece el artículo Cine de Base: un arma  revolucionaria. El texto es un manifiesto del Grupo Cine de la Base, donde explicitan sus intenciones políticas y artísticas. “Nuestro compromiso no es con el cine, sino con la Revolución.  Nuestro cine será revolucionario en tanto nuestra práctica militante sea de revolucionarios consecuentes”.

Allí desarrollan un análisis de la actualidad política nacional, y su lugar en las difíciles horas que transita el país. “La ausencia de medidas reales de corte antiimperialista, el triste papel jugado frente a los asilados del fascismo chileno, el desesperado intento de desmovilizar al pueblo  reprimiendo a sus organizaciones, etc. etc., nos replantea la URGENTE necesidad de integrarnos a un instrumento político UNITARIO y COMBATIVO con todos aquellos sectores del campo popular que estén comprometidos con el proceso hacia el socialismo”.

“El FRENTE ANTIMPERIALISTA  Y POR EL SOCIALISMO (FAS) ha asumido ese compromiso. El FAS contiene la propuesta política de coincidencia de las dos vertientes históricas que se han dado los sectores populares en los últimos años de lucha. Vertientes que se reconocen en el Peronismo Revolucionario y Combatiente y la Izquierda Clasista y Revolucionaria. (…) La dirección obrera en el Frente es la única auténtica garantía de desarrollar sin medias tintas la lucha de clases.  Esa lucha de clases que se da en todos los sectores, incluso en el de la cultura”.

“Nuestra propuesta es propagandizar en las bases, a través del cine, la historieta, la foto-novela, y por todos los medios gráficos y audiovisuales, las ideas del socialismo y el programa del FRENTE ANTIMPERIALISTA  Y POR EL SOCIALISMO (FAS). Ponemos a disposición de todas las organizaciones populares –barriales, villeras, sindicales, estudiantiles- todo nuestro material filmado, para su proyección en las bases. (…) Para establecer la conexión dirigirse a la regional del FAS correspondiente a cada zona. Todos aquellos compañeros que quieran integrarse a las tareas de los grupos de Cine de la Base (en las distintas regionales) o bien organizar nuevas regionales para producción, distribución e intercambio de materiales pueden, igualmente, establecer la relación a través del FAS”.

Películas legales, películas clandestinas

En los planteos que aparecen en el artículo citado se evidencia el análisis que realizan del peronismo y la utilización del frente legal del PRT-ERP para enmarcar su accionar. Es por esto que Me matan si no trabajo y si trabajo me matan puede ser pensada como una película del FAS, tanto por el tema tratado como por el homenaje a Ortega Peña, a quien se lo muestra participando de los congresos del frente. Si bien es cierto que también aparece reflejada en al película (en el fragmento recuperado de una copia italiana) el accionar del ERP en solidaridad con la huelga de los trabajadores de Insud. Podríamos ver allí la tensión existente entre el trabajo legal e ilegal del PRT-ERP.

Los trabajadores de Insud van al Congreso Nacional, a denunciar a la empresa y hacer conocer sus problemas laborales y de salud. El único Diputado que los recibe es Ortega Peña, y trasmite su pedido a los diputados, “que se han comprometido a hacer todo lo posible dentro de este marco limitado, como saben ustedes, que es el parlamento”, les dice. “Pero una vez más queremos recordarles”, dice Peña: “la lucha no se libra en el Congreso, sino que la libran los propios trabajadores. Solo el Pueblo salvará al Pueblo”. Ésta película es un homenaje al revolucionario que “buscó continuamente la unidad entre la izquierda combativa y los sectores revolucionarios del peronismo”, dirá la voz en off. “Compañero Ortega Peña, presente. Hasta la victoria siempre”.

También habla de la relación de Cine de la Base con el FAS Raymundo Gleyzer en la entrevista que le realiza el escritor alemán Peter Schumann en febrero de 1974. “Serán más o menos 20 copias de Los Traidores las que están circulando en el país, pero distribuimos también otros filmes de tipo político que puedan ayudar al desarrollo de nuevos grupos políticos. Como el grupo político que se llama Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS). Este movimiento, como el Grupo Cine de la Base, es un grupo político, un frente político que será el embrión de un verdadero frente de liberación, que no es el Frente de Liberación Nacional como propone el General Perón, sino que será un verdadero frente de liberación nacional que conduciremos para hacer la verdadera revolución socialista en estos países. Entonces nuestro proyecto, y el proyecto del General Perón, y toda la burocracia sindical de la derecha y todos los gobiernos de la burguesía, no son lo mismo. Nosotros tenemos otro proyecto, este proyecto es la construcción de la patria socialista. Y por este objetivo trabajamos exclusivamente con la base. Las proyecciones que nosotros hacemos son solamente para los obreros, los campesinos o los intelectuales de izquierda, pero estos últimos deben ir al barrio en contacto con la base”.

Es en esta coyuntura que refuerza Raymundo las diferencias entre el FAS y el frente que propone el peronismo, remarcando su fuerte enfrentamiento con la figura del General Perón. Asimismo, en la entrevista habla de una película perdida: “Después pasamos otra película que es el Cuarto Congreso del FAS, o sea el Frente Antiimperialista y por el Socialismo, que tuvo una evolución muy grande en los últimos tiempos. Y aunque no se ha constituido todavía como una organización de masas, como tendría que ser. Pero como embrión de la formación de un frente es muy importante. Y distribuimos otro tipo de películas, también se distribuye México, la Revolución Congelada y Operación Masacre en la versión original, sin cortes”.

De esa película del congreso no se han encontrado aún copias, por lo que se presume estaría perdida. Como frente legal, se impone fundamental registrar sus congresos, algo a lo que se aboca el Grupo Cine de la Base.  Es interesante también destacar que exhibían la versión sin cortes de Operación Masacre, película de un peronista (Jorge Cedrón) sobre la matanza de peronistas. Es otro ejemplo de la reivindicación de la lucha de las bases populares, que como dice la nota en Nuevo Hombre, con  “vertientes que se han dado los sectores populares en los últimos años de lucha: el Peronismo Revolucionario y Combatiente y la Izquierda Clasista y Revolucionaria”.

Completamente distintas son las películas Swift y BND, películas-comunicados del ERP. Ellas, por obvias razones, no pueden ser firmadas. En ese sentido proponemos pensar como legales las otras películas del grupo, sin obviar las dificultades de filmación, distribución y exhibición de las mismas, diferenciándolas de estos comunicados clandestinos. El accionar del Grupo siempre sufrió persecución, tanto en dictadura como en democracia. Quizás la excepción sea la efímera primavera del `73, aunque ni siquiera lograran estrenar en salas Los traidores.

Es por esto que nos parece útil desentrañar las diferentes utilizaciones de las herramientas audiovisuales por parte de Raymundo Gleyzer y el Grupo Cine de la Base, y las diversas maneras de encarar los discursos políticos de las mismas. Algo que continúo con la última película del grupo ya en el exilio, Las Tres A son las tres armas. Donde retoman la Carta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh, y escenifican una reunión de célula que se dispone a discutir el documento.  Nuevamente, parten de un texto de un peronista revolucionario para analizar lo que ha pasado y lo que va a venir, demostrando tener la suficiente claridad política como para escapar de sectarismos.

Un compromiso que como dejaron dicho, no era con el cine, sino con la Revolución. “Nuestro cine será revolucionario en tanto nuestra práctica militante sea de revolucionarios consecuentes”. La vigencia y recepción de las películas del grupo a más de 30 años, demuestran esa consecuencia revolucionaria.

“Esta gran tarea se verá considerablemente facilitada por los recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir una organización frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero, que unifique la lucha antidictatorial y encauce un trascendental proceso hacia la completa unidad política y militar de las organizaciones revolucionarias proletarias y populares (el Partido de la Clase Obrera, el Ejército Popular y el Frente de Liberación Nacional). Dar este paso significará iniciar un proceso de convergencia quizás complejo, pero de un positivismo difícil de exagerar”

Boletín interno PRT-ERP N°121, del 14 de julio de 1976.

ANEXO

El Peronismo y el PRT-ERP

Para finalizar, citamos largos pasajes de un texto fundamental para la militancia del PRT-ERP, El Peronismo de Julio Parra, editado en agosto de 1971 por Ediciones El Combatiente. Si bien no es la posición oficial del partido sobre el peronismo, sirvió como texto de formación para todos los militantes que estuvieron dispuestos a dar su vida por el triunfo de la revolución socialista.

“En aquellos momentos en que un fenómeno cualquiera, económico o social, hace entrar violentamente en crisis las viejas estructuras de la sociedad capitalista, enfrentando a los distintos sectores dela sociedad unos con otros. Cuando estas crisis están acompañadas por la madurez de la clase revolucionaria, manifestada por la existencia de un fuerte partido proletario y de fuerzas obreras y populares de combate, se produce la revolución. Cuando estas crisis sorprenden al proletariado aún inmaduro, sin haber logrado construir aún su partido y su ejército, se produce un reacomodamiento de la sociedad burguesa.

“(…) Se precisa entonces de un gobernante que no está comprometido con ningún sector en particular, pero que está interesado en defenderlos a todos, en la medida en que se apoya en un órgano del sistema, como es el ejército o el aparato del estado en general. (…) Eso es lo que hizo el general Perón en la Argentina de 1945.

“(…) El grupo de altos oficiales dirigidos por Perón se planteará entonces ganarse el apoyo de los obreros, otorgando a los mismos sentidas conquistas, pero estructurando al mismo tiempo un tipo de movimiento obrero que le permita controlar a la clase, impedir que puedan luchar por sus propios intereses históricos, es decir por el socialismo. Por eso decimos que el gobierno de Perón fue un gobierno bonapartista, que intentó un proyecto de desarrollo capitalista independiente, controlando a la clase obrera para apoyarse en ella.

“(…) ¿Podemos decir que Perón era lisa y llanamente un agente del imperialismo inglés y sus antiguos socios, contra el nuevo alineamiento burgués en torno a EEUU? Si dijéramos esto caeríamos en el más barato “gorilismo de izquierda”. Perón se apoyaba parcialmente en el imperialismo en decadencia, con el cual le era más fácil negociar y de esa manera obtenía un margen de maniobra mayor frente al imperialismo en ascenso, los EEUU. En este limitado sentido, Perón era nacionalista, aspiraba a un desarrollo capitalista independiente de nuestro país. Pero la limitación de este nacionalismo era precisamente su carácter burgués, en condiciones de existencia del imperialismo y del mercado mundial controlado por éste.

“(…) Atrapado en las contradicciones de su propia política burguesa tibiamente reformista, el gobierno de Perón prefirió continuar adelante aparentando quedar bien con Dios y con el Diablo. Es decir, el bonapartismo apoyado en la prosperidad coyuntural, pretendía eliminar la lucha de clases, “equilibrar” las fuerzas de la burguesía, el imperialismo y la clase obrera, constituyéndose en árbitro de todas las decisiones. Pero la lucha de clases es el motor de la historia y no puede ser dejado de lado con un simple juego de contrapesos políticos y económicos.

“(…) El 17 de octubre de 1945 el bonapartismo promovió una movilización masiva para apoyar a su dirigente contra el ala derecha del gobierno militar, presionada por la burguesía y el imperialismo. Pero la clase obrera, al volcarse a las calles de Buenos Aires y de algunas ciudades del interior arrojó a la arena política su propio peso de clase. Esta es una de las contradicciones más explosivas del peronismo: la extracción de clase de su base. Aun no luchando por sus propios objetivos históricos, la clase obrera penetra profundamente en las filas peronistas y coloca su sello en muchas medidas del gobierno bonapartista.

“(…)Si Perón no realizó una auténtica revolución fue simplemente porque no quiso hacerla. Porque no estaba en sus planes, encerrados dentro del marco estrictamente burgués de su proyecto bonapartista”.

“(…) En el vano intento de resolver esta contradicción de clase dentro de los marcos del peronismo han surgido toda clase de engendros ideológicos como “socialismo nacional”, “socialismo justicialista” y otras variantes. Sin embargo, uno tras otro, los dirigentes y activistas que de uno manera u otra se plantearon el problema terminaron siendo traicionados, neutralizados o absorbidos por la máquina implacable del peronismo oficial”.

“(..) La política correcta de los revolucionarios frente al peronismo tiene dos aspectos. Unidad en la acción particularmente con las organizaciones armadas peronistas, que por su práctica son nuestras hermanas en la guerra revolucionaria, y unidad en la acción también con las corrientes combativas del peronismo en el movimiento obrero y popular. Pero al mismo tiempo, lucha ideológica sin cuartel contra las propuestas burguesas y proburguesas del peronismo (…), agudizar las contradicciones entre las aspiraciones revolucionarias de los sectores combativos y las tácticas conciliadoras de la dirección oficial y sus variantes”.

Bibliografía:

Daniel de Santis (compilador), A vencer o morir. PRT-ERP, Documentos, Tomo 2, Eudeba, 2000

Daniel de Santis (compilador), El PRT-ERP y el Peronismo, Documentos, Nuestra América, 2004

Marcelo Maggio, Diario El Mundo. PRT-ERP: prensa masiva para una política de masas, Cooperativa Gráfica El Río Suena, 2012

Pablo Pozzi, El PRT-ERP, la guerrilla marxista, Eudeba, 2001

Entrevista de Peter Schumann a Raymundo Gleyzer, (febrero de 1974) en http://www.filmraymundo.com.ar/sitefinal/home.htm

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