El Almanaque, los caminos de la memoria.

4646 días son los que estuvo preso Jorge Tiscornia en el penal de Libertad, Uruguay, desde 1972 hasta 1985. Durante esos más de 12 años, registró  hechos de la vida cotidiana en la cárcel, en pequeños almanaques que ocultaba dentro de las suelas de sus zuecos. La lucha personal, clandestina, y absolutamente subjetiva de este hombre contra la desmemoria, y esos objetos intervenidos -los almanaques-  a mitad de camino entre el documento y la obra plástica, son los protagonistas de El Almanaque (Uruguay, 2012). El realizador, José Pedro Charlo, también estuvo detenido en ese mismo lugar durante más de ocho años, pero no fue en ese entonces que conoció a Tiscornia y sus particulares anotaciones, sino luego de leer su libro “Vivir en Libertad”, que publicó junto a Walter Phillipps Treby en 2003, y que reúne material sobre la mayor cárcel política de América Latina de los años setenta.

La historia está encarada desde el presente, en el que Jorge Tiscornia trabaja como constructor, además de ser apasionado a la fotografía. En las imágenes iniciales, el director (a quién no se ve pero se lo escucha en sus reflexiones) y el protagonista vuelven al presidio 22 años después. Desde ahí se disparan las primeras reflexiones sobre qué es lo que se recuerda y cómo se lo recuerda. Sólo Tiscornia posee las claves de las acotaciones de sus almanaques, y debe batallar personalmente contra el fantasma del olvido, como cuando observa sus apostillas, ceño fruncido, intentando recordar significados. La memoria, se sabe, no es algo estanco, sino que se relaciona con un presenta activo: es siempre transitoria y poco confiable (humana y social, dice Andreas Huyssen). Charlo se interesa en las estrategias de supervivencia en situaciones adversas dentro del contexto político de la dictadura uruguaya: su película anterior, El Círculo (2008, junto a Aldo Garay Dutrey) cuenta la historia de Henry Engler, ex dirigente Tupamaro que se volvió loco por la tortura y el aislamiento (actualmente es un médico reconocido que vive en Suecia).

En El Almanaque, se destaca además la presencia de algunos documentos originales: fotografías que los presos pudieron sacar en los últimos tiempos del encierro; filmaciones de cuando estos son condenados por los tribunales militares; y unas imágenes (las únicas existentes) del momento de liberación con el regreso de la democracia.  Así, la memoria individual y la memoria colectiva se entrelazan y van construyendo el relato de una historia de vida, que se inserta en la trama mayor de nuestra Historia latinoamericana reciente.

 

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