Aproximaciones al audiovisual y las nuevas tecnologías

La constante novedad tecnológica modifica tanto el quehacer de los cineastas como el visionado de materiales.

Una cámara en la mano y una idea en la cabeza era el lema de los integrantes del Cinema Novo brasilero que a mediados del siglo pasado buscaban un modo económico de producir cine con lenguaje propio, que representara las realidades sociales de su país sin repetir los estereotipos hollywoodenses. Sesenta años después de acuñada esa premisa, los cambios provocados por la tecnología en la manera de hacer cine la ponen a la orden del día. Las posibilidades de registro de imágenes se han ampliado hasta el punto de que hoy se pueda filmar con un teléfono móvil y presentarse en festivales de cine con ese material. Y no se trata solamente de tomar las imágenes: la posproducción y la exhibición también se han transformado -y lo siguen haciendo rotundamente- ya que con una computadora hogareña y acceso a internet se puede editar y difundir todo tipo de material. Pablo Feuillade, docente de la UNER y la UADER, reflexiona que “lo interesante es que esos avances tecnológicos tienen una consecuencia fundamental en reformulaciones del propio lenguaje audiovisual, en los diseños y modos de producción, y en la  circulación de los materiales elaborados. Yo no hablaría de facilidades, más bien diría que se complejiza y diversifica la posibilidad de producir audiovisuales. En instancias muy profesionalizadas de la realización, se incorporan nuevos rubros y especificidades técnicas que en la realización audiovisual clásica no existían. Por otra parte, vastos sectores a los que les hubiera sido imposible acceder a una cámara de cine o video, hoy en día pueden hacer registros, editar y distribuir sus producciones a través de las redes e internet. También resulta necesario revisar los tipos de público que termina configurando la revolución tecnológica. El acto casi ritual de ir al cine, o mirar TV en el living o la cocina de nuestras casas eran las instancias excluyentes de recepción de lo audiovisual. Lo que también implicaba una práctica social determinada. Hoy día, las pantallas están presentes desde el celular, las tablets, en la vía pública, los canales straming y tantos otros dispositivos que también producen transformaciones y segmentaciones de los públicos contemporáneos”.

A primera vista podría plantearse una democratización en el hacer a partir de la transmutación tecnológica y el abaratamiento de costos. Actualmente “no hay más posibilidades de trabajar en cine sin pasar por un computador en alguna etapa en los procesos materiales de realización”, afirma el experto en arte audiovisual Jorge La Ferla en su libro Cine (y) digital. Aproximaciones a posibles convergencias entre el cinematógrafo y la computadora (Manantial, 2009). “En consecuencia, un realizador de cine actual, tanto como un director de fotografía, deberían considerar y manejar parámetros y opciones relativas a la señal de video digital o la información que circula y se almacena en bits. Esto implica tener en cuenta todas las posibilidades de manipulación que ofrecen la electrónica y el diseño de programas en cualquier procesador de datos audiovisuales”, agrega el profesor de la Universidad de Buenos aires y de la Universidad del Cine. Por otro lado, las transferencias digitales se vuelven abiertamente accesibles a través del DVD y la red. “Lo conveniente sería hablar no de una democratización del discurso, sino del surgimiento de múltiples y diversos discursos. Y eso me parece lo más potente de este tiempo. Si pensamos “lo audiovisual” no constreñido  sólo al aspecto de la producción, sino como  un sistema que integra producción-distribución-exhibición, las nuevas formas de circulación y de exhibición también son un factor decisivo cuando hablamos de universalización y diversificación de los discursos audiovisuales. Esto es lo transformador y revolucionario. Y en este punto quiero ser muy claro y contundente: los avances tecnológicos per se no garantizan la accesibilidad y la democratización, esto último es la resultante de decisiones políticas y condiciones normativas surgidas de esas decisiones. En el caso de nuestro país, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es el gran motor que posibilitó materializar esos principios”, indica Feuillade, quien es además documentalista y ex director del Instituto Audiovisual de Entre Ríos.

El realizador y guionista crespense Maximiliano Schonfeld, nacido en 1982, siempre trabajó en digital: “cuando empecé a filmar ya se usaba y todo lo que hice fue en ese formato. Obviamente que fue mejorando, y de los cassette mini Dv a los archivos de las cámaras actuales hay un salto cualitativo, pero creo que no es tan abrupto como del fílmico al digital. De todas formas, pienso que lo más importante es saber para qué vas a usar la cámara y no tanto qué tipo de soporte tenés en la mano”. El director de Germania (2012) considera que no se trata de “querer hacer” simplemente porque “se pueda” hacer: “hoy es muy fácil manejar equipamiento digital y los más jóvenes tienen mayor capacidad de adaptación. Pero siempre volvemos a lo mismo, el para qué se usa. Creo que ese es el punto que en todo caso sería bueno discutir acá en la provincia: las diferentes lingüísticas que se generan a partir de eso y cómo podemos promover su desarrollo”. Según su punto de vista, en estos cambios tecnológicos no se modifica tanto el resultado sino los procedimientos para llegar a ellos. “La visualización del material al instante, las diferentes capas de corrección que se le puede hacer al mismo, la rapidez con la que fluye el trabajo también. Quizás ese flujo tan aceitado nos acelere los procesos de “asentamiento” de las ideas y eso tenga cierta repercusión estética, pero es solo una suposición muy personal. Asimismo, creo que las imágenes nunca se hacen “mejores” por tener más calidad o contraste, o rangos de color. Cada cámara o dispositivo puede funcionar perfectamente si hay un soporte que esté pensado para ese resultado”, expresa. Por su parte, Feuillade dice no ser tecnofóbico ni tampoco tecnofílico: “no encuentro aspectos negativos en el sentido de las transformaciones tecnológicas operadas hacia adentro del campo audiovisual. Seguramente, si ahondamos en el análisis, habrá algunas cuestiones a objetar quizá referidas a aspectos gremiales, pienso en rubros laborales de la industria que desaparecieron. Pero, en general, tengo una postura a favor de las nuevas tecnologías aplicadas en la comunicación y el arte audiovisual”.

Hoy es más factible tener una cámara en la mano que en el siglo pasado, aunque eso habilite otro tipo de “escritura” relacionada con el digital y no con el celuloide. Incluso poder editar y difundir el material ya no es asunto de unos pocos privilegiados. Las cosas cambiaron mucho en los últimos 15 años, y se van a seguir modificando. Sin embargo, hay algo que no brindan estas mudanzas tecnológicas y que sigue siendo fundamental a la hora de pensar el audiovisual, ya que por ahí pasa el quid del entramado creativo: tener una idea en la cabeza.

 

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