Patricio Rey en las pantallas: imágenes ante el ojo idiota

“Los Redondos avanzan hacia el centro de la escena cultural argentina, pero creando contextos propios o declarándose fuera de contexto. Insisten que lo que hacen es reunir, hacer visible fugazmente, sentimientos únicos que bien podrían no manifestarse. La estética redonda está en sustitución momentánea de algo que actúa por desaparición, que preferiría no estar pero se sintió llamado”.

Lo redondo, lo que rueda Horacio González

La relación de Patricio Rey y sus redonditos de ricota (la banda de rock más trascendente desde el punto de vista político y social de la historia argentina, creemos) con los medios audiovisuales ha sido siempre distante. Seguidores de aquellas pautas creadas por el Grupo MIA (Músicos Independientes Asociados) respetaron el “semáforo” que establecía la relación con los medios: verde para prensa gráfica, amarillo para las radios, rojo para la TV. Siempre los acompañó la desconfianza hacia ese medio que captura parte de nuestro ser para luego, en sus parámetros, retransmitirnos.

No obstante, algunas grietas se abrieron en el tiempo. Testimonio de ello es la temprana participación de los Redondos en un programa de ATC llamado Subterraqueos de Buenos Aires, imágenes que han subsistido un tanto perdidas en la memoria. Allí el Indio contesta a cámara, e incluso se ve a la banda tocar la intro de Música para pastillas. Única presentación para un programa de TV, lo que nos llega con el tiempo desde rebotes de otros programas es una primera definición de ese estar por fuera del sistema, de lo que la industria cultural nos ofrece. Y el inevitable anuncio, casi sospecha en ese sótano, de que no podremos escapar.

Pero la historia de Patricio Rey tiene una ligazón directa con el audiovisual, o el cine, si queremos así llamarlo. Es que las primeras colaboraciones del Indio Solari con la familia Beilinson se dan con el hermano de Skay, Guillermo. En esos años despuntaba el vicio de cineasta, y en compañía del Indio arman el guión de una película mitológica: Ciclo de cielo sobre viento (1976). Para ponerle sonidos a esas imágenes es que se juntan Skay y el Indio, y dan comienzo a una de las sociedades creativas más importantes de la cultura popular argentina.

En esta película es que aparece la faceta actoral de Solari, algo desconocido y custodiado, que solo a partir de la viralización que Internet supone pudo conocerse popularmente. Son imágenes del comienzo del sueño, de una aventura cultural sin marcos precisos, donde la creación permitía también un escape a los años oscuros de la última dictadura cívico-militar.

Aunque por ahora no este completo el material al que puede accederse en la web, ya que son fragmentos de aquellas realizaciones, permiten tener una ida general de las inquietudes políticas y estéticas que movilizaron esos trabajos. Con ciertas conexiones con trabajos de época como La montaña sagrada, aquella mitológica película de Alejandro Jodorowsky, representan las ensoñaciones de mundos postnucleares; y lazos sociales más débiles e imprecisos de lo que imaginamos. Una búsqueda por aquellos caminos hacia un mundo nuevo que parecía inevitable, aun con el horror mordiendo los talones.

Esa experiencia artístico musical fue conformando a Patricio Rey, un espacio que proponía un tiempo de libertad creativa y vivencial. Los registros de aquellos primeros años no se conocían hasta que (por fin! por fin!) llegó El alucinante viaje de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (2014), realizada por el Comando Luddista. En esta vibrante película podemos acceder a las otras filmaciones de Guillermo Beilinson, aquellas de la génesis del mito. Son las primerísimas presentaciones en el Teatro Lozano en el ´77, y el mítico viaje a Salta del ´78 con la actuación en un cabaret local; entre otros inquietantes materiales patricios. Años de escenarios colmados de artistas, filibusteros varios, bailarinas, recitadores, y algunos músicos. Cofradía del placer, que escapaba a los decorados del rock and roll, del teatro, de la danza. Son imágenes que recuperan algo ya perimido (quizás olvidado por los cuerpos del presente), y que se anticipaba a la brevísima primavera alfonsinista donde muchos otros intentaron disfrutar del existir.

La película recoge los testimonios de personajes que permanecían en el recuerdo de quienes por allí pasaron, pero que con el correr de la historia parecían no haber existido nunca. Como al Doce y aquellos redonditos de ricota que repartía, algo que aunque ahora podamos ver en pantalla, parce aún más inverosímil.

Es que conocer la historia por detrás del mito no siempre logra el fin que los estudiosos quisieran imponerle. Esos relatos que confirman la verdad no son menos increíbles que los que de boca en boca surcaron años de recitales y caravanas por el país, cuando alguno que otro esbozaba aquella frase demoledora: “yo estuve cuando…”. De allí en más todo era posible, y aunque los años de quien tomaba la palabra desmentían aquella posibilidad, quizás podíamos elegir creerle y dejarnos llevar por su narración: fantásticos recitales en tierras extrañas, nombres y sonidos nunca antes escuchados, asombrosas interpretaciones de letras por todos transitadas. Fueron y son parte fundante de nuestro ser, ese sentimiento ricotero que nos acompaña de modo indeleble.

Es probable  que le material más asombroso de El alucinante viaje de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota sea la travesía que emprendieron hacia la Ciudad de Salta en 1978. Mito dentro del mito, ese agrupamiento particular recorre las rutas argentinas en plena dictadura genocida rumbo a un cabaret de aquella ciudad, hacia lo que sería la segunda presentación en vivo que realizarían. Esas imágenes nos devuelven demasiadas posibles historias de lo que fueron y nunca más serían, de cómo comienza un camino tan profundo y  tan festivo en nuestra cultura popular.

Es que algo que marcó a fuego aquellos años fue el placer y el humor, presentes en canciones, recitales y su primer disco, Gulp!. Justamente la película termina en la presentación que de él realizaron en Cemento, (inolvidable antro cultural que de la mano de Omar Chabán fue un faro para la contracultura de principios de los ochenta hasta finales de los noventa, cuando su modelo desprovisto de cuidados mínimos llevó a la mayor catástrofe en Cromagnon, y lo que fuera Cemento sea hoy un estacionamiento del gobierno de esta ciudad de aires buenos). Ese final con Gulp! cierra el ciclo donde una gracia invencible parecía perseguir al Rey Patricio. Sin embargo, sucumbió de muerte natural al poco tiempo: la banda comienza a volverse sobre sí misma, y las estéticas y las canciones toman aires postrevolucionarios, marginales y sesudos. Aquella bocanada de aire fresco comenzaba a agriarse lentamente. Ni arriba ni abajo del escenario parecía posible algo distinto, los tiempos de la apertura se cerraban abruptamente, y de aquellos polvos vendrían futuros lodos.

De ese transe que significó el viaje a Salta aun hablaba el Indio Solario en 1985, en una entrevista radial con Tom Lupo. “La filmación en super 8, Los redonditos nacen y se van de gira a salta, en el ´78, en un micro. Porque nos debían en un taller que hacían serigrafía, quedaba una gente en deuda, y una manera de cobrar esa guita que no tenía otra sustancia, una manera que surgió es que este otro grupo amigo que tenía un comercio y nosotros le vendíamos telas, nos pago el alquiler del micro. Y fuimos contratados a tocar a Salta, un delirio. La filmación de eso, mira que me encantan los videos, veo mucho, pero una cosa más cruda que eso como filmación no he visto jamás. Con sonido y temas de los redondos de esa época, debe durar unos 30 minutos”.

Aun persiste el recuerdo, de la experiencia vital y del registro, crudo. La imagen de lo que fue, con la peculiar capacidad de las imágenes por transmitirlo, pero verdaderamente, previo a ser cocido por su tecnología. Estos conceptos probablemente acompañaron a la banda ante otros intentos por cocinarlos en pantalla. Pero en esos primeros tiempos Guillermo Beilinson “es parte de los Redonditos”, le dirán a Lupo. Y aporta imágenes al vivo de Patricio Rey, presentes todavía en Fuegos de Oktubre.

Luego la historia se modifica, la banda comienza un crecimiento desproporcionado, que los llevará a una popularidad nunca imaginada. Por fuera de los medios, de los éxitos, de las modas. Impondrán su propio espacio en la cultura argentina, aquella “sustitución momentánea de algo que actúa por desaparición” de la que habla Horacio González.

Pequeñas concesiones a la imagen audiovisual fueron los dos videoclips oficiales: Masacre en el puticlub y Blues de la artillería. Estos le escapan a la moda de la imagen del grupo, apoyándose e el trabajo creativo de animación de Rocambole, artista gráfico que acompañó toda la carrera de la banda. Fue una manera, al mismo tiempo, de no sumar imágenes propias, incluido el sarcasmo de un Indio Solari vencido en su enfrentamiento ante una TV que cae del cielo.

El otro trabajo fílmico del período es Olor a tigre (1989), realizado por Alejandra Ceriani y Rocambole; y que hace poco tiempo pudo ver la luz para las masas ricoteras. Son imágenes de los recitales patricios de aquellos años, donde puede espiarse un poco de la trastienda, el mundo privado de la banda antes de salir a escena. Con algunos elementos de trabajo plástico sobre las imágenes, sirve de documento de los años de transición, entre el pasado de bares y rockerías y un futuro cercano de estadios colmados.

La separación de Patricio Rey en 2001 abrió el registro de algunos recitales (los memorables en Huracán) que la banda tenía, lo que provocó algún escándalo público entre Skay, Poli y el Indio. Dejando de lado ese triste y solitario final, fue la oportunidad para miles de ver (e intentar apreciar) a Los Redondos en vivo, una verdadera experiencia transformadora. Quedan ahora las imágenes y el sonido de un camino absolutamente singular, de una historia que parece terminada, pero que no deja de renacer en películas, tatuajes, banderas, remeras, y hasta titulares de prensa. Un halo vital que nos acompañará y que cual todo mito, cada día cantará mejor.

Tags:
blog comments powered by Disqus