“La película intenta devolverle una historia a quien fue considerada un objeto científico”. Entrevista con Alejandro Fernández Mouján

Entrevista al cineasta Alejandro Fernández Moujan a partir de su documental Damiana Kryygi, donde narra la historia de una joven Aché que fuera secuestrada de niña, en 1896, luego de una matanza en su comunidad, y que terminara siendo objeto de estudio para la ciencia, más aún con su muerte. Una historia que devela los padecimientos de los pueblos originarios en nuestro continente, tanto los del pasado como los del presente. Una continua deuda pendiente a la que pocas veces miramos, salvo en los lapsos trágicos, como el de Damiana.

Queríamos hablar de su última película, estrenada hace un mes, Damiana Kryygi. Como para arrancar: ¿cómo le llegó esta historia, por qué contar hoy lo que fue la experiencia de Damiana?

El tema lo conocí hace mucho tiempo, pero a partir de la restitución por parte del Museo de La Plata de sus restos mortales hacia los Aché en Paraguay en 2010, me parece que la historia tiene algo concreto como para contar, de qué agarrarse. Porque hasta el momento yo no lo sabía, los restos en realidad se encuentran creo que en 2007, me entero que la restitución se va a hacer finalmente en junio de 2010 y ahí es donde decido empezar a filmar. En principio sin tener tampoco muy desarrollado un proyecto, sino que eso viene después con el tiempo, en la medida que me voy metiendo, que viajo al Paraguay y conozco a los Aché, que voy varias veces a alguna de sus comunidades. Que empiezo a investigar en el Museo de La Plata, en Berlín y en distintos lugares como en el Melchor Romero también y algunos otros archivos. Ahí es cuando empiezo a darle forma como proyecto y después como película.

¿Cómo fue su relación con la comunidad Aché? Porque ahí también le fue permitido tomar registro de situaciones muy íntimas, ¿cómo se logra esa conexión?

Primero fueron varios viajes,  algunos solo, otros acompañado por alguien de la producción o por alguna otra gente. Ir conociéndolos y que me fueran conociendo, contándoles un poco cuál era el interés que yo tenia, por dónde iba la película. Hablar mucho tiempo del tema de Damiana y del tema de cómo vivían ellos actualmente, cual había sido su historia. Cómo habían llegado a lo que son hoy digamos, que están divididos en siete comunidades, y un poco partir de eso fuimos entablando una relación de ida y vuela. Ellos en algún otro momento vinieron acá por otras cuestiones, sobre todo cuestiones de una querella que están presentando por el tema del genocidio. Finalmente en el 2013 voy a filmar por primera vez allá con un equipo en una comunidad y después en 2014 filmamos en los alrededores de Encarnación, también con algunos de ellos, buscando los lugares donde se había iniciado la historia. Todo eso fue generando una relación de confianza mutua y trabajo en conjunto que llega hasta hoy.

La película también analiza cómo la ciencia iba construyendo una imagen del otro y cómo eso permitió el sufrimiento que atravesó Damiana.

Sí, bueno, el tema ahí ya era un poco cómo lo veía la ciencia de ese momento, la antropología principalmente, una antropología muy centrada en lo ideológico y en las cuestiones raciales y en que las diferencias estaban en los cuerpos, en los huesos, en los músculos. Por eso se tomaban muchas fotos, se hicieron muchos análisis y mediciones de distintas partes del cuerpo. Trabajaban sobre el cuerpo en sí, sobre distintas partes como la lengua, los músculos de la cara, el largo de las extremidades, de los brazos, de las piernas, se comparaban con personas, por ejemplo europeas. A Damiana se la comparó con niñas alemanas para ver qué diferencias existían. En esa época se creía que las diferencias estaban marcadas por la cuestión física y de ahí todo el estudio que se hizo sobre ella, las fotos que se le sacaron. De alguna manera nosotros nos metimos a investigar esa parte y  también es la parte que a mí me interesaba particularmente, porque de hecho la película empieza a preguntarse cosas a partir de fotos que le tomaron a ella, cómo era el tema de la fotografía dentro de los estudios antropológicos con esta orientación a estudios raciales. Para ellos era muy importante, porque la  fotografía les permitía también hacer series de fotos y realizar comparaciones. Eso lo investigamos acá, en el Museo de La Plata y a partir de fotos que fuimos encontrando en Alemania, que al principio no estaban. Las cinco fotos que existen ahora de Damiana no se sabía si habían quedado, en 2013 cuando estábamos filmando en el museo de La Plata nos avisan en Alemania que se habían encontrado las fotos. Eso para nosotros fue bastante determinante y, como se ve en la película, es como un punto de partida.

De allí nos interesa algo que se relaciona con otras de sus producciones, cómo recupera los espacios en los cuales se gestó la historia: ir al Melchor Romero a buscar esa pared en la cual Damiana fue retratada o lo mismo en la selva paraguaya, donde es masacrada su familia y parte de su comunidad. ¿Por qué buscar esos espacios o qué le interesa de volver a esos lugares donde transitó la historia?

Porque nosotros para reconstruir su historia, la película lo que intenta es devolverle un poco su humanidad o devolverle una historia a alguien que fue considerado meramente como un objeto científico. Seguimos todas las pistas y a partir de la investigación de lo que se decía de los lugares, que marcaban que allí habían sucedido las cosas, quisimos encontrarlos, lo más cercanamente posible para acercarnos más a la historia, porque realmente la historia en sí estaba contada en algunos periodos y con muy poca información. Y entonces,  lo que intentamos fue tratar de reconstruirla un poco yendo a esos lugares, tratando de recrear y hacernos a la idea de cómo sería eso. Entonces ahí vos ves que nosotros mezclamos un poco el relato de los antropólogos con lo que nosotros vamos encontrando en los mismos lugares o en lugares muy cercanos o muy similares. En el caso de Melchor Romero casi podemos suponer que es el mismo lugar, porque por la foto y todo es muy similar aunque gran parte de ese pabellón, que era el Charcot donde estaban las mujeres, fue destruido. Pero justamente en esa parte que queda, hicimos el encuadre y llevamos una cámara similar con la que se tomó la fotografía. Montamos un laboratorio en el Melchor Romero para poder sacar fotos con placas, con alguien que todavía hace placas de vidrio, con los mismos métodos que se usaban en ese momento. Para nosotros fue muy importante, así como viajar a las cercanías de Encarnación y tratar de ubicar el lugar similar al de una de las fotos del inicio de esta historia, cuando los antropólogos van al campamento de los Aché luego de la masacre.  Eso fue un poco con ese objetivo de tratar de acercarnos lo más posible a la historia y tratar de reconstruir cada dato por mínimo que fuera, pero para nosotros muy importante como algo a explorar. En algunos lugares no hemos encontrado nada, como por ejemplo en uno de los registros se dice que ella estuvo en una cárcel de mujeres. Bueno, fuimos a la única cárcel de mujeres que existía en esa época, que hoy existe como museo y no hay registro de que haya pasado por ahí. Encontramos sí situaciones similares: no encontramos el acta de bautismo de Damiana pero sí un acta de bautismo en un pueblo cercano muy similar, a partir de un hecho de una matanza de indígenas Aché donde capturan también una niña, calculan de cinco años, y la bautizan. Es un caso que a nosotros nos demuestra que esta era historia repetida, la apropiación de niñas para usarlas como criadas, como servidumbre, tenían un valor de cambio, eran cambiadas por animales, por herramientas.

Algo que aparece en la película y la actualiza es el conflicto con los colonos,  que sigue pasando hoy con los pueblos originarios en el marco de la extensión de la frontera sojera.

En este momento ya no son prácticamente colonos de ese tipo, sino que son empresas en esa zona, concretamente donde nosotros estuvimos filmando y se ven esos campos sembrados. Son prácticamente casi todos brasileros, son empresarios brasileros que ocupan o que arriendan esas tierras y se dedican a la agricultura extensiva y mecanizada, en una época trigo, en otra soja, van cambiando. Pero prácticamente lo que va quedando de bosque original es muy poco y en esa época, en la que ocurre la matanza, de alguna manera es cuando empiezan a entrar ellos, a instalarse en esos montes y empiezan a explotar la ganadería y la madera, la yerba mate. Después eso se va extendiendo hasta el día de hoy en que ya directamente es el avance con maquinaria; prácticamente lo que está empezando a pasar en Paraguay es que no quedan ni siquiera colonias campesinas. Son grandes extensiones de campo sin nadie y quedan  algunas de estas pequeñas comunidades, como éstas que nosotros filmamos, pero prácticamente zonas netamente campesinas hoy en día no encontrás en muchísimos kilómetros alrededor, ya no existen. De hecho los movimientos campesinos que hay en Paraguay hoy son los movimientos sin tierra, justamente son expulsados de sus campos.

Algo que también conecta con parte de su trabajo previo como fue Guerra Guasú la serie realizada para la TV Pública, es esta cuestión del Paraguay. ¿Qué lazos encuentra entre esa historia por la cual visitó ese territorio y este trabajo presente?

En Paraguay se inicia esta historia, o sea que para mí era como ineludible tener que ir a Paraguay, tener que meterme un poco en la cuestión en su territorio. Me ayudó bastante que había estado con el tema de Guerra Guasú recorriendo varias zonas de Paraguay, incluso zonas donde después estuve con esta película y me sirvió mucho.  Si bien estas zonas donde ellos están prácticamente la guerra en sí entre 1865 y 1870,  casi no pasó, pero de alguna manera en algunos lugares, en algunos puntos, un poco se toca la historia. En la guerra en sí no hay mucha mención a la cuestión indígena o cómo es la relación de ellos con los indígenas. De todo eso,  nosotros por lo menos, no encontramos mucho registro, pero evidentemente eso ha debido producir en ellos algunos traslados dentro de la selva o alejarse de los lugares de contacto más peligrosos. Esa guerra todavía está muy presente, qué ha significado, posteriormente también la guerra del Chaco que se desarrolló con Bolivia, si bien es en otra región totalmente distinta de ésta. La zona de los Aché es más tirando de la mitad de Paraguay para abajo y hacia el oriente, más para el lado de Brasil. El Paraguay en sí ha sufrido estas guerras mucho y el pueblo está todavía muy marcado por esta historia y los Aché ocupan un escalafón todavía más bajo que el campesino pobre. Es una cosa que también pasa aquí: el indígena, el aborigen, todavía discriminado hasta muchas veces por los mismos que comparten su propio espacio, su propia condición social, que indican que sea todavía más discriminado que el pobre.

Una diferencia presente, al menos con sus últimas películas, es su presencia en pantalla. En ocasiones estás ahí como ese personaje que va construyendo el relato o intentando construirlo. ¿Que le interesó de incluirse como un narrador en pantalla?

Es una forma  narrativa que  encontré porque la película transcurre en distintos lugares, o sea, lugares que están en tres países distintos y en tiempos distintos. Hay un ida y vuelta del pasado al presente permanente y un traslado a distintos lugares, algunos muy lejanos, como Alemania por ejemplo. La forma que encontré de darle unidad al relato de la película es incorporarme, como un factor de unidad con mi voz y con la presencia esporádica en el proceso de investigación. La película se va desarrollando como una investigación que va recorriendo todos estos caminos o pistas que se van presentando. De alguna manera siempre fue plantearse como una especie de estructura de investigación, de thriller o algo así: se va un poco develando todo este proceso, se va encontrando la historia. La forma que encontré entonces fue esa, la de incluirme de alguna manera en el relato a partir de la voz y de algunas apariciones en cámara.

¿Pudo proyectarla para la comunidad, ellos vieron el resultado final?

No, todavía no la pude proyectar allá. Eso lo estamos planificando con la gente en Paraguay a ver cuál es el mejor momento en que puedan reunir a las comunidades, que están un poco dispersas entre sí. Lo que ellos quieren es cuando haya algún evento cultural de los que hacen durante el año, en alguna reunión donde puedan concurrir varias comunidades para hacer una proyección y darla como estreno en Paraguay. Que sería la primera vez que se dé y sería con ellos, y posteriormente seguramente intentaremos proyectarla en Asunción.

¿Cómo le fue en Argentina, en sus primeras semanas de proyección?

El estreno fue muy interesante, porque la sala 1 del Gaumont que tiene creo más de quinientas butacas estaba casi llena. La recepción fue muy buena, recibí muchos comentarios de gente que fue en estos días, y además fue muy buena recepción de la crítica, de los medios en general. O sea que creo que la película viene bien. A partir de la primera semana de junio va a estar también en el Museo de Arte Contemporáneo los domingos a las 18 hs y esperemos que siga en el Gaumont, supongo que es de acuerdo a la cantidad de público que vaya yendo los fines de semana, como se mide la continuidad. En el Gaumont siempre hay muchos estrenos, o sea, es una boca de salida para el cine argentino donde de repente en un mismo momento hay,  no sé cuántas películas se están dando ahora, pero creo que hay simultáneamente cinco o seis en horarios distintos.

 

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