Parte de una búsqueda: Decorados, apuntes para una Historia Social del Cine Argentino

Por Guillermo Korn

Publicamos las palabras de presentación de la reedición de este clásico de la bibliografía cinematográfica argentina por parte de Guillermo Korn, quien fuera uno de los jóvenes partícipes de este libro en 1993. Decorados se suma así a nuestra colección Tierra en Trance. Cuadernos de Cine Latinoamericano, esta vez bajo la edición de Estructura mental a las estrellas y Caterva Editorial.

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Cuando me invitaron a sumarme a esta presentación, acepté enseguida. No podía negarme por ser uno de los testimoniantes de aquella patrulla perdida. En el bosquejo de estas líneas se me aparecía el “Cuántos, cuántos años han pasado…” de Pascual Contursi y aquel otro, el de “las nieves del tiempo que platearon mi sien”. Contra nuestra voluntad las evidencias se corporizan. Veintitrés son los años que separan esta edición de esta otra.

Más oportuno el auxilio en el bolero, pensé, por esa cadencia tan propia del género y la recurrencia nostálgicas de sus letras al tiempo que pasó. Descartado: no me seduce esa opción. Mejor rendirse a la poesía. Traigo este conocido verso de Pablo Neruda: “nosotros los de entonces ya no somos los mismos”. Aparece, recordarán, en los Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Incitación al parafraseo, en el verso y en el título. Me dejo ganar por la tentación: Veinte ensayos de cine y una crítica desesperada. La que se esgrimía contra “los pobres recursos disponibles y sin el auxilio de las instituciones culturales (la Universidad, dígase de paso, además de la escasez de recursos sufre de una notoria indigencia cultural para definir qué cuestiones deben aludirse, investigarse y situarse bajo el anuncio de la crítica)” –como decía un fragmento del prólogo de Horacio y Eduardo. Crítica desesperada y tabla de salvación para el naufragio que en los 90 se moldeaba bajo el clima menemista. En la calle y también al interior de la universidad. Más allá que aún la Coneau no se había creado, ni tampoco era normas consagradas los modos del referato, los puntajes y el llenado de planillas. Pero algo, algo de todo eso, se insinuaba. Los pasillos de Marcelo T. estaban habitados por un aire enrarecido, no el que formaba la nube del cigarrillo masivo, no. Era el provocado por las tabicaciones del conocimiento y el sin sentido de estar ahí.

Decorados fue parte de una búsqueda: apelar a los resquicios por los cuales podían filtrarse otras cuestiones que se atesoraban en imágenes, memorias, tradiciones y textos sobre el cine argentino. De allí la idea de Apuntes que se complementa con aquella otra de historia social.

El germen, dice Darío Capelli en el nuevo prólogo, estuvo en las clases de la materia Pensamiento social latinoamericano. Docentes, alumnos y algunos merodeadores de las mesas de La Giralda en tanto ex alumnos de la materia –como el que lee–, nos abocamos a la tarea. El libro tiene bases –como suele decirse de la reforma universitaria– en un carácter libre, democrático y gratuito. No hay uniformidad de estilos. Hay ensayos, con o sin notas, con referencias teóricas y sin ella, con escrituras fragmentarias y parceladas en parágrafos, que conviven con largos textos sin cortes. Casi todos sin los ya habituales Cfr., Véase, Ídem, Ibídem, etc. a los que nos hemos acostumbrado hasta hacerlos propios. Libre por ese lado.

Democrático dije además. Y enfatizo: radicalmente democrático. Como ejemplo, el agrupamiento de nombres en la portadilla y la contratapa con más de veinte autores, ordenados bajo un criterio único, el del alfabeto. Poco importaba que entre ellos estuvieran sus compiladores, González, Horacio y Rinesi, Eduardo –docentes de la materia– o que, haciendo fila como uno más, enlistadito entre los inéditos colaboradores, estuviera David Viñas.

Me resta explicar lo de gratuito. Este libro tuvo ese carácter. Y no por los costos, que probablemente, como toda patriada de este tenor dio pérdidas, sino por su tono lúdico, no instrumental, que sólo buscó abrir sentidos y delinear ciertos esbozos y preguntas para repensar el cine argentino. La frescura de aquella tarea colectiva se conserva, y eso es una virtud y una alegría, en esta hermosa reedición, también grupal.

Hace más de veinte años, hubo otra presentación. Se hizo en una inmensa aula del edificio de Marcelo T. El recuerdo es borroso, pero sé que esperábamos que llegara Sergio Wolf como invitado. La cosa tenía algo de mesa examinadora, ya que había compilado poco antes un libro que se llamó Cine argentino. La otra historia. A diferencia de Decorados, los autores de esos trabajos sí venían por el lado del cine. No salimos reprobados, aunque creo recordar que el comentarista no omitió remarcar cierta exterioridad en las lecturas. Así era la cosa, a pesar del dedito acusador y la palmadita al hombro. La mayoría de los que escribimos en este volumen no sólo no proveníamos del cine, sino que, por lo menos en mi caso, ni poseíamos libros en relación al cine, ni copias de las películas sobre las cuales elegimos trabajar. La mayoría de ellas las sacamos prestadas, una y otra vez, en VHS, de la videoteca de Liberarte. Hubo también una reunión, no sé si más, en el salón de un hermoso edificio del Museo del Cine, en Once. Pienso que de esa intersección urbana –Sarmiento y Paso– con tanto local de venta mayorista de telas alrededor, pudo haber surgido el nombre de Decorados. Parte de todo esto hoy ya no existe: ni los VHS, ni Liberarte, ni aquella sede.

Sí queda en el archivo mental una entrevista a sus compiladores, un domingo en Clarín, a doble página. González y Rinesi llegaban –por fin– al público de masas. En otras páginas, menos masivas, las de El Ojo Mocho, un colaborador saludaba el eclecticismo del libro, por un lado. Por otro, la recomposición crítica por sobre la erudición casi filatélica frente al cine. Trascartón, el mismo comentarista –del cascarrabias de Marcial Soldatti hablo– con maledicente e irónica prosa, refería a lo que el gran diario argentino había hecho con las respuestas del por entonces barbado dueto en cuestión. Soldatti se preguntaba:”¿Decidieron entonces hacer la prueba suprema de saber cómo queda uno después de aceptar ser reconstituido por los medios, hablar como ellos, ser insumo de sus temas, y en medio de todo, ser reconocido por el portero de su edificio?” Crítica de la crítica y análisis de medios desde las orillas.

Vamos terminando con los recuerdos para dar paso a los agradecimientos. A Horacio y a Eduardo por aquella invitación, lejana en el tiempo y la persistente amistad. Gracias también a quienes tomaron la iniciativa de desempolvar estas páginas, revitalizándolas: los amigos de Estructura mental a las estrellas, Caterva Editorial y Tierra en Trance. Traer este libro al presente es un modo de refutar el pregón que insiste en que el olvido todo destruye. Y también una invitación a repensar la frase con que abría esta lectura: “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”.

Seguramente ni somos todos, ni somos los de entonces. Pero, sospecho que por una mezcla de fortuna y testarudez, tampoco somos tan distintos.

En todo caso me inclino a pensar que somos más. Ya dijimos, y recuento: Estructura mental a las estrellas, Caterva Editorial, Tierra en Trance. La mesa se agranda con nuevos diálogos, con nuevas discusiones político-culturales, y también con más sillas para los amigos de La Grieta, Carapachay, El Río sin orillas, Mansilla, El ojo mocho otra vez y Caburé Libros.
Pese a las inclemencias del presente, celebremos entonces compañeros.

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