Sepultureros: la dura tarea de trabajar en la ciudad de los muertos y el necesario intento de retratarlo cinematográficamente

Por Mario “Manteka” Martínez

La muerte sigue siendo un tema tabú en pleno siglo XXI. Hablar de la muerte aún es condenado, sospechado o criticado en ciertos ámbitos, como la familia, los medios de información y hasta en la escuela y universidad públicas.

Los trabajos alrededor de la muerte no escapan a esa mirada tabú. En particular, el trabajo que desarrollan los sepultureros sigue siendo mirado con prejuicio y desconocimiento, aún cuando es un trabajo tan necesario e imprescindible en cualquier sociedad.

Ante esa percepción que se tiene de los sepultureros y su trabajo, como realizador audiovisual y estudiante de cine, me surgen varios interrogantes: ¿qué debe hacer un documentalista que quiera desarrollar este tema en sus producciones?, ¿qué estética merece un tema así?, ¿cómo debe relacionarse con los personajes de su documental?, ¿qué aspectos deberá resaltar de estos y cuáles ocultar o dejar de lado?

Estas preguntas pretender ser mi guía ante el trabajo audiovisual que me encuentro realizando, ya en su etapa final de edición. Este documental se titula “Sepultureros: trabajando en la ciudad de los muertos[1]

Trabajar con la muerte y con los muertos no resulta tarea sencilla ni agradable. Hay varias ocupaciones y profesiones que trabajan con la muerte: peritos forenses, médicos, enfermeras, empleados de casas funerarias y un largo etcétera. Incluso aún hasta las tres primeras décadas del siglo XX existía el arte de retratar fotográficamente a los recién fallecidos. Sin embargo, las condiciones de insalubridad física, mental y social que rodean al trabajo de los sepultureros son mayores que en el caso de otros trabajos relacionados con la muerte.

El riesgo de padecer enfermedades pulmonares, al estar en contacto con carne putrefacta, con bacterias y sin los mínimos elementos de protección como guantes adecuados y mascarillas, convierten al trabajo de los sepultureros en un trabajo insalubre que debe ser regulado de esa manera. Es en esas condiciones de trabajo donde se ve la ausencia del Estado, en este caso el Municipio de Paraná, que no establece las condiciones mínimas para que este trabajo y sus trabajadores realicen sus actividades dentro de parámetros dignos: horario reducido de la jornada laboral, atención psicológica, elementos de higiene y ropa adecuada, son algunos de los reclamos de estos trabajadores del cementerio.

Conociendo esa realidad de los compañeros trabajadores sepultureros es que decidí hacer un documental con ellos, para ellos y para que su realidad se conozca, cambie y mejore. Es ahí, a partir de esa decisión que empieza el camino de una obra. Y con ello toda una serie de preguntas y cuestionamientos que hacen intervenir a la ética, la estética, la técnica y la política.

El documentalista, sus motivaciones y sus pensamientos

Al mencionar este trabajo sobre los trabajadores sepultureros, varias veces me he encontrado con esta pregunta: ¿por qué hacés un documental sobre los sepultureros? Si bien no lo expresan directamente, los asombrados interlocutores siguen viendo a los sepultureros como seres oscuros, tristes, malévolos y al margen de la sociedad. Incluso les cuesta verlos como lo que son: trabajadores.

Como documentalista, elijo que las protagonistas de los documentales que realizo sean personas o grupos sociales que son desestimados y explotados por un sector social que maneja y controla hegemónicamente el poder económico y político, ya sea a través del Estado o del Mercado.

Por eso en mis documentales[2] son protagonizados en su gran mayoría por docentes y estudiantes de escuelas públicas. También están presentes en mis obras ex detenidos-desaparecidos por el Estado, mitos populares y sus fieles, ex presidentes que sufrieron golpes de estado y amantes del folclore popular.

Los sepultureros me resultaron personajes atractivos en todo sentido. Como trabajadores, y por todo lo antes descripto, necesitan que su condiciones de trabajo y la mirada que tiene sobre ellos gran parte de la sociedad, cambien.

Por otro lado, no quería solo referirme a ellos como trabajadores, sino como personas que piensan, sienten y reflexionan sobre su trabajo, sobre la vida y la relación con la muerte.

¿Es posible que los trabajadores sepultureros elaboren reflexiones profundas acerca de la muerte y el vivir? ¿O esa tarea sólo corresponde a filósofos y pensadores profesionales? Quién estas palabras escribe, director de este documental, cree que toda persona es capaz de reflexionar sobre la vida y la muerte, y que los trabajadores sepultureros son tan idóneos para esta tarea como lo son quienes llevan a varias bibliotecas leídas.

El sepulturero y su psiquis

El trabajar a diario con la muerte y con el dolor repercute en la psiquis del trabajador sepulturero. Depresiones y tristezas son frecuentes, mas aun cuando se trata de sepultar a muertos de escasa edad. Esto condiciona incluso sus relaciones familiares o de pareja.

Socialmente el trabajador sepulturero es visto como un personaje lúgubre, oscuro, triste y hasta malvado. Esta particular mirada se debe en parte a la forma en que la literatura, el cine y la televisión los han construido como personajes en películas y series.

Todo esto lleva a que los sepultureros elaboren diversas estrategias para resistir a esta insalubre ocupación. Algunas de ellas son las risas y las bromas en el lugar de trabajo. Son prácticas que ayudan a prevenir momentos depresivos por estar en permanente contacto con la muerte.

Ética y estética del documental

Como documentalista, pero ante todo como persona, creo que los realizadores audiovisuales debemos hacer primar el respeto hacia nuestros personajes por sobre la realización misma.

En mi caso, no realizaría una obra donde estos personajes se vean dañados en su imagen. Ya bastante con que son perjudicados por el Estado que los emplea y por otras realizaciones audiovisuales que sigue reforzando el estereotipo de sepulturero oscuro y lúgubre.

Por eso creo que, en el caso de este trabajo en particular, ciertos registros audiovisuales durante su trabajo deben ser pactados para evitar que sean malinterpretados por los espectadores, que no saben y no comprender lo que es ser trabajador de un cementerio y estar en contacto permanente con la muerte.

A la hora de realizar un trabajo documental sobre los sepultureros, me pregunto cómo debe ser la estética audiovisual del mismo. En un lugar tan particular como el cementerio, donde se puede observar el trabajo de estas personas, pero también se ven desde restos óseos, cajones en descomposición y tumbas y nichos en mal estado, es preciso que la composición visual elegida mantenga el respeto hacia el lugar donde descansan nuestros muertos.

Mas allá de la belleza que pueda existir también en un cementerio, se debe preservar la identidad de las personas que allí descansan. Por eso es que decido evitar los primeros planos de tumbas y nichos donde se observe el nombre de quien se encuentra allí sepultado.

Si bien en este documental se verán cuerpos en descomposición y restos óseos, no se lo hará de forma morbosa, sino para mostrar las verdaderas condiciones en que los sepultureros trabajan, arriesgando su salud, sin las mínimas condiciones de seguridad laboral y sanitaria.

También habrá momentos donde, gracias a tomas aéreas, se podrá observar el cementerio desde las alturas en toda su dimensión. Con esto pretendo hacer visible que las diferencias de clases sociales existentes en la ciudad de los vivos permanecen en la ciudad de los muertos.

Reflexión final

A causa de su trabajo, y por inquietudes personales propias y del director del documental, Nelson, Yiyo y Miguel, los trabajadores sepultureros entrevistados, se permiten reflexionar sobre la relación que tenemos los seres humanos con la vida y con la muerte, reflexiones que pueden contribuir a que tengamos una revaloración de nuestras vidas.

Como realizador audiovisuales documental, y trabajador consciente de que el cine es un elemento que contribuye a que podamos otorgar diversos sentidos a la realidad que describimos, incluso ayudando a transformarla, espero que “Sepultureros: trabajando en la ciudad de los muertos” logre sus dos principales objetivos político-comunicaciones: mejorar las condiciones laborales de los sepultureros y hacerlas mas dignas, y cambiar la mirada estereotipada que aun mantiene nuestra sociedad respecto de estos trabajadores.

Si esto se logra, será una nueva conquista en materia de derechos laborales que el cine documental ayudará a conseguir.

 

Bibliografía

- MATTA; Leticia. El oficio de sepulturero. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad de la República. Montevideo. 2012.

http://www.unesco.org.uy/ci/fileadmin/shs/Anuario_Antropologia_2012/09_Matta.pdf

 

Notas

[2] Documentales disponibles visitando: chasquiaudiovisual

 

 

Tags:
blog comments powered by Disqus