“Se vienen momentos mucho más represivos”. Entrevista con Andrea Testa.

Entrevista a Andrea Testa, directora del documental Pibe Chorro: “Así como teníamos que romper los estereotipos, teníamos que romper también el lenguaje cinematográfico más clásico”.


¿Cómo surge la película?

Por un lado, sentir la necesidad de responder a la construcción que se hace de los jóvenes de sectores populares. Construcción que en su mayoría está garantizada por los medios masivos de comunicación, que construyen estos estereotipos e imágenes. Digo “pibe chorro” y todos nos imaginamos a alguien con un rostro y una vestimenta. Sentía que esa construcción simbólica acompaña luego discursos más duros, como la necesidad de bajar al edad de imputabilidad. Y por otro, lo que nos pasó una vez que empezamos con la película, fue que uno de los chicos falleció, asesinado por otro joven. Y ese fue otro punto de quiebre, y un impulso porque es urgente y necesario hablar de estos temas.

Pensaba que en la sociedad se dan distintos momentos para hablar de estos temas, en la película aparece una imagen muy fuerte de los “linchamientos”, que pusieron en el tapete hace un tiempo esta discusión…

Con eso de los “linchamientos”, estamos justo haciendo la película y parecía que teníamos que apurarnos, que algo de la sociedad nos decía es ahora. Por suerte no adelantamos los procesos, para llegar a una película que es más densa que un momento histórico concreto. Pero también sé que es un tema que resurge todo el tiempo. Entiendo que ahora se vienen momentos mucho más represivos, y van a resurgir estas discusiones. Hay muchísimas más detenciones arbitrarias, la película se va actualizando. Y que va más allá de un momento concreto, es una persecución que atraviesa cualquier gobierno de turno, es constitutivo de este sistema: a los pobres hay que encerrarlos porque molestan.

Algo que nos interesó de la película es cierto trabajo formal, hay muchos registros estéticos y artísticos para abordar el tema. ¿Cómo surgió eso, por qué les interesó algo que a veces no es tan común en el cine militante o documental?

Eso fue una decisión que tomamos desde el principio. No queríamos hacer un documental clásico, algo que debatía mucho con el equipo con el que hicimos la película. Porque los documentales clásicos o más militantes pierden un poco de fuerza en un momento, como que pareciera que bajan discursos más cerrados, no todos claro. Sentía que esta película y con este tema, estamos desbordados de imágenes, ya sea por un imaginario social a través de los medios de comunicación como también de otras películas. Sentía que así como teníamos que romper los estereotipos, teníamos que romper también el lenguaje cinematográfico más clásico. Entonces a partir de ahí nos zambullimos en un proceso creativo en el lenguaje que nos permita modificar las formas e ir en conjunto con una necesidad de movilizar el tema desde los sensorial, lo emotivo. Y también desde el arte, por eso fue algo desde el principio.

En eso también hay una apuesta propia de las puestas en escena que realizan, pero también desde otras propuestas artísticas desde donde se toca el tema y ustedes registran.

Nos fuimos como encontrando con esos trabajos. Empezamos en el 2010, en el proceso de cómo llegar a esa forma. El montaje fue clave para encontrar la película y elegir esos momentos. Elegir los momentos de los personajes donde no estaba su verdad cerrada, sino esta búsqueda o límite desde sus profesiones. Por ejemplo, en la ronda en la clase donde la docente invita a sentir sensorialmente el acceso a un instituto de menores, no era lo que íbamos a filmar. Apareció en escena, y fue algo muy rico para nosotros, para poner en la película. Porque nos intentaba llevar a un instituto de menores a gente de clase media que estaba en la universidad, y ahí estaba el límite, para mí. Es una película que habla de toda la sociedad. Y también fue ponernos a en esa disyuntiva de cómo y para qué filmar, y desde qué lugar estamos filmando. A veces digo que parece una película mentirosa, porque decís “Pibe chorro” y parece que vas a encontrarte con una película de la historia de un pibe, y sin embargo tocamos muchas otras cosas. Creo fuimos muy claros con cosas que no queríamos ver, no queríamos seguir estigmatizando con las imágenes que fuimos a registrar. A partir de esa decisión es que después el material lo fuimos encontrando en el rodaje, y puliendo esas decisiones en el montaje, terminando de decidir qué cosas iban a estar en la película.

Estuviste presente en varias proyecciones, ¿qué nos podes contar de esa experiencia con el público?

Es muy lindo poder ir, creo que hasta no hacer este estreno de compartir la película con la gente que fue a verla que por suerte está siendo mucha, no entendía que del todo que película era. Siempre me quedaba con la pregunta de si llegaba, movilizaba, interpelaba. Nos vamos turnando con el equipo y todos tienen la misma sensación: la gente primero sale primero con pocas palabras, con una impotencia muy grande de decir. Pero agradeciendo que esté la película. Creo que moviliza mucho desde lo emotivo. Mucha gente con ganas de seguir pasándola, no es de impotencia en la acción. Tocamos fondo, y todos tenemos que hacer algo, creo que ese mensaje va quedando. La gente sale bastante movilizada, a veces aparece alguno enojado con discursos violentos. Pero hay gente para todo en el cine. Y en lo personal me pasó algo muy fuerte, que fue un hombre que vive en la plaza frente al cine y entró a ver la película, y salió muy emocionado también. Y me contó que había estado cuando era chico en el Instituto San Martin hace muchos años y que lo habían tratado muy mal. Y que esta película para él era muy importante, y que no iba a seguir hablando porque se iba a poner a llorar. Y yo me puse a llorar con él, de lo fuerte que era que una persona que vive en la calle, que pasó por institutos, que fue golpeado por la vida; y que se haya podido apropiar de la película para mí fue muy fuerte. Porque significa que puede atravesar a diferentes personas desde distintas perspectivas. Es una película de retazos que habla de toda la sociedad. La imagen de la película que recorrió mucho las redes, del muro que separa a los ricos de los pobres, no puede estar escindida de los análisis ni de las construcciones de por qué el pobre es el peligroso. Es muy bueno poder compartir con la gente, para eso hacemos las películas, para que se vean y podamos reflexionar juntos.

¿Cuál es la problemática de la distribución de las películas hoy?

Es un gran problema del cine nacional, más del cine independiente, y más aún del cine documental independiente de bajo presupuesto como “Pibe chorro”. Es una lucha constante, el Gaumont es el único cine en capital, o está el Artecinema en Constitución. Es el gran cine popular donde pasan todas las películas argentinas, está desbordado y entonces no hay continuidad para las películas. Apenas llegas a instalar que existe y te la levantan. Faltan políticas estatales para poder conseguir que haya más salas para nuestro cine. No puede ser que las grandes multipantallas pacen en un 90% cine yanqui. Estamos en una situación de asfixia total para el cine, en el cine. Hay otros espacios, circuitos de exhibición, que tienen que acompañar, pero no son la solución. Con Pibe chorro tenemos que militar la película, invitar a la gente a que vaya para poder negociar que sigamos. Y entendemos que si seguimos falta espacio para películas de compañeros, es una situación complicada. Va a estar hasta el miércoles seguro, según cuanta gente vaya este fin de semana veremos si seguimos una semana más. Después es ver si aceptan en los espacios del interior de Incaa si aceptan la película, porque son cines privados donde hay que volver a presentarla. Y recibimos invitaciones de organizaciones, escuelas, centros culturales, para un cronograma de la película en espacios de debate que nos parecen necesarios.

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