El amor como recuerdo: Raymundo Gleyzer en los ojos de Juana

Se ha editado en Argentina Compañero Raymundo, libro de Juana Sapire y Cynthia Sabat, donde conocemos al genial cineasta argentino desde la mirada de su compañera de tantos años. Un cuidadoso trabajo que incluye documentos hasta ahora inéditos, del enorme archivo que por tantos años la Juana protegió.

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Todo libro nos plantea un desafío, y más si se trata de una biografía. En este caso, desde el título, la de Raymundo Gleyzer. Pero a poco de andar vemos que es también la de Juana Sapire, que contándolo a él se cuenta también a sí misma. es que es imposible hacerlo de otra manera.

Nos disponemos pues a viajar en los recuerdos que el amor le trae a la Juana, y que Cynthia Sabat ha construido con delicadeza, acompañándola en esta dura travesía como es recuperar la vida de un hombre segada por el odio ejercido por la dictadura genocida que comenzó un 24 de marzo de 1976. Y que apenas dos meses después, lo secuestraría y desaparecería, por cruel venganza contra su accionar político, militante y artístico.

Compañero Raymundo nos permite acceder a parte del inmenso archivo que durante tantos años protegió Juana, en medio de la persecución y el exilio. Un cuidado extremo por aquella memoria que es también la de Diego Glyezer, el hijo de ambos que protegió ente el abismo.

Pero es también una memoria en disputa, entre los documentos, las versiones y los recuerdos, de una vida que cada día atrae mayor atención, tanto desde la política como desde el cine. Eso permite construir diversos Gleyzers, casi tantos como él mismo fue en vida. En diálogo con el Raymundo de Ardito-Molina (con fundamental participación de Juana), este libro nos completa una mirada del Gleyzer cercano, amado. Del hombre hecho mito, y del mito humanizado. En diálogo necesario, también, con El cine quema de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina. Y, ahora, en complemento con nuestro Un cine hacia el socialismo, como hemos podido dialogar con Cynthia en la presentación conjunta realizada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Algo que lo hace imperdible es el material de archivo, en el que podemos acercarnos a la correspondencia de Raymundo, fuente que nos permite ahondar en su pensamiento, que casi no quedara en registros escriturales, sino cinematográficos. Fundamental es la polémica rescatada en torno al final de La tierra quema, cuando en un festival en Génova le quitaron el plano final del niño dando vuelta la imagen de Cristo. Aparecen cartas intercambiadas con Fernando Birri, quien da aviso del incidente a Raymundo. Y un intercambio de Gleyzer con el director del festival de Cine aficionado de Viña del Mar, que premió la fotografía del cortometraje (Rucker Vieira, quien contribuiría luego en la revolución estética del Cinema Novo), pero criticó que Raymundo “se dejó llevar por el panfleto, y no por el lenguaje cinematográfico”, y le sugiere que a la película le sobra el “segundo” final. La respuesta de un joven Ray, con menos de 25 años encima, asombra tanto por su claridad, como por la consecuencia de un pensamiento que lo acompañaría toda la vida: “Me interesaba que usted, como espectador, sepa concretamente que cada 42 segundos se muere una criatura, que lo sienta en carne viva, que sepa que 23 millones son los que sufren, y no menos (…)La tierra quema no fue producto de la improvisación sino del estudio serio tanto socio-económico como fílmico. (…) No han premiado a un panfleto, y si lo llegara a ser bienvenida sería la notica; ya que panfleto es propaganda y ella ha llegado, impactando. Esto es lo que quisimos hacer, impactar a la opinión del espectador”.

Otro de los intercambios epistolares que nos permite reconstruir un pasaje hasta ahora desconocido de su vida, es el que deja registro de la preproducción de una película dedicada a la Revolución Argelina. Allí Raymundo cuanta las diversas vicisitudes transitadas para concretar un proyecto que finalmente quedaría trunco. Lo interesante de esos documentos es que nos permite acceder de primera mano al trabajo de Gleyzer, a la seriedad con que encaraba sus investigaciones, y a su capacidad de asociación con diversos actores para encaminarlos.

Sin dudas, la filmografía restaurada que acompaña esta edición gratuita del libro por parte del INCAA (en una colección que ya ha editado la obra de Jorge Cedrón y que promete en este año la de Gerardo Vallejo y Fernando Birri, a pesar del cambio de gobierno y los ajustes que ya se han impuesto en Argentina) es otra de las joyas que nos regala Compañero Raymundo. Esta restauración nos permite admirar casi por primera vez sus películas, que por tanto tiempo circularon en copias muy desmejoradas.
En suma, un libro fundamental para comprender aquellos intensos años del Cine Revolucionario Argentino. Por ahora, no circula para un público masivo, sino más bien para instituciones que deben solicitarlo al INCAA o a sus autoras, quienes prometen una edición comercial para 2017.

La obra de Raymundo Gleyzer no para de crecer, en este año en que se han cumplido 40 de su desaparición. Un autor que luego del estallido del 2001 encontró un grupo de cineastas y espectadores interesados en su trabajo, con la voluntad de continuar y honrar su legado. Entre ellos estamos, y cada oportunidad en la que volvemos sobre su filmografía, es también un modo de homenajear su memoria y continuar su lucha. Compañero Raymundo Gleyzer, presente. ¡Hasta la victoria siempre!

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